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¿PORQUÉ OTRO BLOG?

No se sabe con precisión, además cada minuto el número aumenta, pero hay cientos de millones de blogueros y con este, uno más. Cosa de locos. Los temas de mayor interés son las noticias, muchas veces no más que un chisme, y temas de política (también muchos embrollos), economía, tecnología, salud (con muchísimos embustes) y entretenimiento, incluyendo cosas de la vida de los famosos que no se a quien le pudieran interesar. Sin duda somos un mundo de chismosos. La cuestión que todo el mundo parece que quiere saber es: ¿Qué está pasando ahora? Así podemos pasarnos la vida, entreteniéndonos hasta la muerte. Vivimos sin conocer al que vive al lado nuestro, pero si una mujer en la china es violada nos enteraremos. Gilbert Keith Chesterton (1874 – 1936), opinó que El periodismo consiste esencialmente en decir ‘Lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que Lord Jones estaba vivo.

Ya en 1854 escribía Ralph Waldo Emerson refiriéndose al telégrafo: “Estamos ávidos por hacer un túnel bajo el atlántico y acercar el Viejo Mundo al Nuevo por unas semanas, pero quizá la primera noticia que pasará a la amplia oreja americana será que la princesa Adelaide tiene la tos convulsa”[1].  Y así vivimos ahora en la “aldea global”. Para colmo, lo más que encontramos, después de lo pueril, son ficciones que poco tienen que ver con la realidad. Mi amigo Alejandro Agostinelli[2], tiene su blog y ha escrito sobre este mundo ficticio cibernético: en la cual cientos de miles de personas que alimentan con sus observaciones, experiencias e historias una casi teatral galería de fenómenos extraordinarios que —vistos de cerca— nos enseñan más sobre nosotros mismos que sobre una “realidad alterna”.

Ante la avalancha informática hay cada vez menos tiempo para reflexionar sobre el pasado o inquietarse por el futuro. Leer un importante libro sobre un tema lleva tiempo, tiempo que cada vez más se pierde en el consumo y la producción de información. El horizonte de tiempo que percibe una persona se hace cada vez más corto con el vasto presente global dominante. Este “presentismo” causa que la memoria del pasado se pierda, y que para muchos “Hiroshima” y “Auschwitz” sean términos cuyo verdadero significado no se aprecia. Y cuando olvidamos…

Historias de la mano a la boca, que pronto olvidamos ya que hay que atender a las nuevas historias de cada día, cada día, hasta la amnesia total. ¿Sirve para algo? ¿Para eso tenemos neuronas? ¡Que no haría el viejo Sócrates si viviera hoy, con la ciencia y la tecnología!

Lo que quiero es salir del presentismo y de la ficción (nada contra la ficción como encontrará también aquí, mientras quede claro que son  ficciones) con este blog dedicado a cosas que no pierdan valor mañana (o dentro de un año). Cuestiones que tienen que ver con el mundo en el cual vivimos y con nosotros, con lo que somos, no ficciones que quisiéramos fueran ciertas, sino las cosas que, aunque no estemos “seguros del todo” conozcamos “más allá de duda razonable”. ¿Y quién soy yo para hablar así? Bueno, si no me conoce puede conocerme aquí.

OTRA COSA

Quería escribir poco y decir mucho. Aclaro que si enfoco en gran parte en los EE.UU. no es por alguna antipatía particular sino por tres (siempre son tres) razones: Primero, porque los EE.UU. son (le guste o no) el poder imperial del presente que dice interesarse por los derechos humanos, la paz, la libertad y la democracia en el resto del mundo. Segundo, porque, a pesar de tener unos cuantos aliados son una nación especial (en el sentido neutro de la palabra), y tercero porque sucede que allí es donde vivo, o al menos en un entorno de influencia inmediata, en una nación que pertenece, pero no es parte de los EE.UU. (lo que ha causado un poco de esquizofrenia colectiva). También le podrá parecer que ataco a las instituciones religiosas, y es cierto.

Me queda claro que la idea (o el ideal) de una sociedad igualitaria y justa nunca fue realizada a pesar de los distintos “ismos” que se inventaron en el transcurso de la historia. Hubo intentos por hacerlo y tuvimos en ocasiones la ilusión de acercarnos, pero las fuerzas que se opusieron, quizá parte de la “naturaleza humana” y de nuestra evolución cultural no lo permitieron. No dudo que el tan sonado “desarrollo” es una fantasía inalcanzable, en parte por ciertas limitaciones inherentes y también por la falacia del progreso, una mentira perpetuada por algunos para su propio beneficio. Estas consideraciones me han llevado a escribir estas cosas, tanto aquí como en algún libro, al menos para atacar esas mentiras con algo de razón, para insistir en que sólo la razón nos puede sacar del enorme despelote en el cual nos encontramos (quizá) y para alertar de que, así como van las cosas nos espera un triste futuro, más triste aún que el presente.

Necesito, para que sepa por dónde vengo, y porque siempre es bueno saber con quién se habla, contarle algo muy breve sobre mi persona, sobre mis gustos y disgustos. En los trenes no me gusta viajar de espaldas a la dirección del viaje, mirando al pasado como quien dice. Quizá tenga un significado profundo, de seguro que me lo podría explicar un psiquiatra, y que tiene algo que ver con mi infancia y con alguna fobia que aún no he descubierto. No puedo dormir en un automóvil ya que la idea de que podría morir en un accidente sin saber cómo me lo impide. Tampoco me gusta el cigarrillo y menos el humo que contamina todo. En una ocasión intenté un contraataque comprando el cigarro más apestoso que pude encontrar. Lo encendí dispersando el humo por toda la sala en la cual me encontraba, pero sufrí una derrota ignominiosa. Salí mareado de aquel lugar y los fumadores ni se enteraron. Había una moraleja ahí, pero se me escapa. He estudiado mucho, aprendido alguna que otra cosa y olvidado casi todo, lo que es equivalente a decir que soy culto.

En mi conciencia ha penetrado de forma inconsciente, impregnándola como agua a una esponja, una aversión al dolor ajeno que va más allá de lo que se considera normal, aunque en general, al menos que uno sea un sádico torturador, el dolor ajeno también da dolor. La sangre propia o ajena me causa una reacción de palidez y desmayo. Me dicen que es un defecto, quizá algo genético que salió mal. Supongo que sí, pero si todos tuviéramos ese defecto viviríamos en paz. Aunque me muestran sangre todos los días no puedo, no me acostumbro. Es obvio que soy un mal adaptado a este mundo, lo sé, ya que no me gusta para nada a pesar de las muchas cosas buenas que ofrece. Por desgracia no hay otro por más que vean extraterrestres por todas partes. Le aseguro que si los veo les pido que me lleven, y sé que Celia me acompañaría.

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Celia y yo ante la majestuosa montaña

En algunas ocasiones no puedo evitar pensar, mientras veo a uno de los astros del fútbol, esos que ganan millones por mover bien una pelota, en el pibe descalzo que con una bola de trapo juega en una cancha polvorienta. Veo el filete miñón sobre mi plato y pasa fugazmente por la pantalla chica de mi cráneo la imagen de un niño que come desperdicios encontrados en la basura de alguna población. Me doy mi ducha con agua caliente y veo chiquilines que se bañan con agua fría en una tinaja herrumbrada y luego duermen sobre un trapo en el piso duro y húmedo mientras yo me voy a dormir sobre mi colchón ortopédico. Así, cada tanto pasan por mi mente los enormes contrastes de este mundo, al mirar por la ventanilla del avión o sentado frente a una majestuosa montaña y pensar en toda la miseria que desde cierta altura ni se ve. Por suerte no me ocurre todo el tiempo, sino ya estaría en el manicomio, o quizá es que ya lo estoy y no lo sé.

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Celia y yo sobre un bote en la bella Parguera

Entre líneas, y en ocasiones no tanto, se enterará de otros de mis gustos y disgustos, pero si no se lo cuento no se enterará de un hecho sin importancia que quiero que sepa: me gustan los árboles viejos, y soy de esos locos que ocasionalmente les da un abrazo fraternal y, como si fuera un caso de Dr. Jekyll y Mr. Hide, de igual forma me encanta el olor de un aserradero. Soy claramente pesimista por dos razones (no siempre son tres). El optimismo sólo lleva a la complacencia, y porque como dijo el querido Mario Benedetti: un pesimista es un optimista bien informado”. Parecería, además, que a medida que pasa el tiempo y nos ponemos más viejos aumenta nuestro pesimismo. Pienso que es un proceso natural y necesario. Natural, ya que con el tiempo estamos mejor informados, y necesario para morir felices, ya que esa ineludible despedida toma aires de alivio si nos convencemos que, en las palabras de Discépolo: el mundo es y será una porquería…” a tal punto que nos alegramos de morir.

Un mundo en el cual se invierten miles de millones para matar gente, pero en el cual no parece haber fondos para combatir plagas como el ebola (hasta que no amenace a los ricos) o el hambre es un mundo absurdo, y no me ufana pertenecer al mal llamado Homo sapiens. Es absolutamente inaceptable que haya gente que se muere de hambre cuando hay comida o que sufre porque falta la medicina. Es absolutamente inaceptable la violencia individual o colectiva, sin importar las razones, o mejor dicho las racionalizaciones (algo muy distinto) que se esgriman (en muchos casos citando viejos textos escritos por ignorantes), al menos si aspiramos a una existencia digna del universo. El “no mataras” no es relativo. De igual forma es absolutamente inaceptable poner en riesgo a todas las formas de vida del planeta por no actuar con sabiduría, por comportarnos como humanos en vez de como los animales que somos. No logro entender las preocupaciones de tantos, las violentas peleas de algunos por decidir quien creó al mundo, cuando todo el mundo mejor debería preocuparse de como lo estamos destruyendo. Pero hay que seguir viviendo, y por suerte tengo a Celia a mi lado que no me lo deja olvidar. Lo dejo con un poema de Mario Benedetti:mariobenedetti  Mario Benedetti (1920-2009)

Si cuarenta mil niños sucumben diariamente
en el purgatorio del hambre y de la sed
si la tortura de los pobres cuerpos
envilece una a una a las almas
y si el poder se ufana de sus cuarentenas
o si los pobres de solemnidad
son cada vez menos solemnes y más pobres
ya es bastante grave
que un solo hombre
o una sola mujer
contemplen distraídos el horizonte neutro
pero en cambio es atroz
sencillamente atroz
si es la humanidad la que se encoge de hombros.

Lee todo en: Desganas – Poemas de Mario Benedetti

 

[1] Ralph Waldo Emerson (2000). Walden. (1854). The Modern Library – Random House.

[2] http://ar.noticias.yahoo.com/blogs/ciencia-bruja/sobre-tortugas-peces-y-ranas-que-caen-del-202119590.html