Reflexiones sobre la Luna

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earthriseElla no brilla con luz propia, su pálido semblante es solo un reflejo del Sol. Para nuestros antepasados, la noche de luna llena con su luz fría era noche de muerte, noche en la cual hombres se transformaban en lobos o los muertos en vampiros. Noches de sacrificios y ritos mágicos. Aquellos desequilibrados que dormían a la intemperie no consolidaban el sueño, y al otro día, alterados se convertían en “lunáticos”. Algunos se imaginaban que las almas de los muertos viajaban a la Luna o hacían escala en ese puerto sin vida camino al más allá. Pensaban que la luz de la Luna afectaba nuestro espíritu y nuestros humores, y que las fases de la Luna afectaban a las personas con problemas mentales. Había (y hay) gente “lunática”, y algunos aun no entienden que la Luna no nos afecta físicamente, a pesar de las mareas, consecuencia de una muy falsa analogía. En palabras de Dante Alighieri, en la Divina Comedia escrita alrededor del 1315, la Luna era “lucidora, densa, sólida y pulida, cual diamante que al Sol brilla”.  Si alguno preguntaba por qué la Luna tenía manchas, como lo hace el mismo Dante, que le dice a Beatriz: Mas dime: ¿qué son los signos oscuros de este cuerpo, que allá en la tierra llevan de Caín fabulando a muchos?, la respuesta era que la esfera perfecta reflejaba la Tierra imperfecta. O, como alternativa, le lavaban la boca con jabón.

Sin embargo, la Luna sí refleja algo de la Tierra: En la nomenclatura de sus cráteres se reflejan facetas de la historia humana. La primera es meramente estadística: de los 1586 cráteres lunares nombrados (en honor a filósofos y científicos) solamente 28 honran a una mujer (incluyendo a cinco astronautas o cosmonautas)[1]. Refleja lo que fue, y en muchas sociedades aun es, una visión negativa de la mujer, un menosprecio que nos cuesta mucho, comenzando por la deshonra de nuestras propias madres. La distribución geográfica de los nombrados nos muestra otra característica del desarrollo histórico de nuestra civilización, el predominio de Europa y más recientemente EE.UU. en las áreas científicas y técnicas. EE.UU., Alemania, Gran Bretaña, Francia, Rusia, Italia y Grecia suman a 1382 cráteres en ese orden. La Luna también refleja por otro lado la inteligencia de algunos que ha permitido descifrar su historia, estudiarla en gran detalle y caminar sobre su superficie. Y también la simpleza de otros que creen cosas de la Luna que no son ciertas, como que nunca caminamos sobre su superficie.

Cuando, hace 400 años, en 1609, Galileo Galilei observó la Luna con su pequeño telescopio, ésta dejó de ser mitológica.  Aunque el telescopio de construcción propia que usó para observar el cielo era miles de veces menos potente que los grandes telescopios modernos, logró hallazgos de gran trascendencia que publicó en 1610 en su obra Sidereus nuncius.  En ella hablaba de montañas lunares, aunque hasta entonces se había pensado que la Luna era inmaculada como la concepción de María. La incógnita de la Luna comenzaba a revelarse, nacía la ciencia que permitiría que la visitáramos hace ya casi 50 años.

El 20 de julio de 1969, los astronautas de la misión Apollo de la NASA, Neil Armstrong y Edwin Aldrin, se convirtieron en los primeros humanos que caminaron sobre la Luna tras posarse en un lugar bautizado como Base de la Tranquilidad después de un viaje de tres días para atravesar 386.000 kilómetros. “Eagle has Landed”. Mientras, Michael Collins, el tercer astronauta de la misión, los esperaba en el Módulo Lunar para regresar a salvo a la Tierra. Recuerdo que compré un pequeño televisor para poder ver el emocionante evento. Algunos piensan que fue una obra de teatro de la NASA.  Uno pensaría que para éstos (hay unos cuantos) las fotografías recientes del Lunar Reconnaisance Orbiter, que muestran las huella dejadas, servirían para demostrar lo contrario, pero no hay peor ciego que el que no quiere ver.

Aquel fue un momento histórico para nuestra especie, el Homo sapiens, porque con aquel evento cruzamos una gran distancia, y no me refiero únicamente a la que media entre la Tierra y la Luna. Si usted vio las escenas iniciales de la memorable película de Stanley Kubrik 2001: una odisea del espacio. sabrá a qué me refiero. Fueron a la Luna un to2001SpaceOdisseytal de siete misiones tripuladas por veintiún astronautas, la última, Apollo 17, en diciembre de 1972, y doce afortunados humanos vivieron la aventura sublime de caminar por su superficie, “un gran brinco para la humanidad”.  Dejaron una placa que decía: “We came in peace for all mankind” mientras fotografiaban la Tierra ensangrentada desde la Luna, una imagen que por primera vez nos brindó conciencia de nuestra soledad cósmica, la “nave tierra.”

Miles de fotografías, unos cuatrocientos kilogramos de roca lunar y los resultados de decenas de experimentos realizados sobre la superficie de la Luna integran los tesoros obtenidos por estas expediciones. En este material se fundamentan los conocimientos que tenemos acerca de la historia de la Tierra y de la Luna. Quizá el descubrimiento más trascendente consistió en comprobar que las rocas lunares tienen una composición química muy similar a la de rocas terrestres, pero con menos materiales volátiles (aquellos con puntos bajos de fundición) y mayor cantidad de elementos refractarios (aquellos con puntos altos de fundición), como si se tratara de rocas terrestres calentadas a temperaturas muy elevadas, lo cual concuerda con la idea de que la Luna se formó como resultado de un colosal choque entre un cuerpo de tamaño planetario y  la Tierra hace unos cuatro mil millones de años.

La exploración de la Luna también aclaró la interrogante acerca del origen de los cráteres lunares. Son el resultado de impactos que en tiempos pasados dejaron su huella sobre la superficie del satélite. Corrobora la idea de que los planetas se formaron a partir de incontables choques entre los diversos objetos que se formaron en la nebulosa solar. La Luna ha estado geológicamente muerta durante más de dos mil millones de años, y como no tiene atmósfera ni agua que puedan erosionar la superficie, ésta nos ofrece un registro intacto de la historia de esta parte del Sistema Solar que guarda muchos secretos sobre la época de la formación de los planetas.

No queda duda que hemos llegado lejos, aunque sea el cuerpo celeste más cercano a la Tierra, en realidad un minúsculo salto en la escala cósmica. A nosotros nos parece un primer paso hacia el universo, pero dudo que lo sea. Es cierto que algunos están motivados simplemente por la idea de dejar este valle de lamentos, pero no hay escape. Las distancias entre las estrellas presentan una barrera muy diferente a aquellas a las cuales se enfrentaban nuestros antepasados frente a océanos cuyas extensiones se desconocían o ante infranqueables montañas.

Si; hace años fuimos a la Luna y lo celebramos como gran proeza. Pero la proeza también dio lugar a la desilusión y al cinismo. Es común el comentario: “fueron capaces de ir a la Luna, pero” … seguido de gran cantidad de posibilidades – seguramente usted tiene su favorita. Y es cierto, logramos (o debo decir lograron) esa hazaña, pero ¿Mejoró nuestras vidas? ¿Mejoró el estado de las cosas en este planeta? ¿No será que fueron a la Luna porque se trataba de una competencia, ganarles a los soviéticos, un viaje para demostrar que el poder norteamericano era insuperable, una cuestión de ego nacional para seguir alimentando el complejo de superioridad? ¿Y después? Después seguimos sin comprender la verdadera lección de la Luna.

Al ver la foto desde la Luna de la “nave tierra”, debemos reflexionar que a pesar de toda su belleza también hay algo que esconde. El instante de la foto no permite ver la Tierra del humano parcelada en naciones que se arrancan los ojos cuando se considera oportuno. Desde la Luna se ve el “mármol azul”; las vetas rojas no se distinguen. La verdadera proeza sería lograr la paz en la Tierra. En la Luna es fácil; llegaron en paz, no hay humanos.

Entonces, ¿qué exactamente es lo que celebramos? O es que es algo para celebrar cuando hay tan poco. Fueron a la Luna en nombre de toda la humanidad, pero casi toda la humanidad no es capaz ni de llegar a la esquina. ¿Que sacó la humanidad? ¿Celebran la visita a la Luna en Cambodia, en Afganistán, en Bolivia, en Burkina Faso?

Irónicamente, esa magnífica aventura demostró lo torpes que somos; “fueron capaces de ir a la Luna pero…” aquí abajo no ha cambiado nada. No pudimos evitar que unos estrellaran aviones contra los edificios de otros, y que estos otros les cayeran a bombazos a los que no tuvieron nada que ver con los aviones y los edificios. Si, fuimos a la Luna pero…

A pesar de la alarma por el ebola o el zika este virus pasará como tantos, y quizá algún día ya no sea una amenaza si logramos una vacuna (a pesar de los tontos antivacunas). Pero es otro virus, el que no nos deja vivir en paz, es el virus de la ignorancia, mucho más mortal. Dese cuenta que el conocimiento en general y la ciencia como forma privilegiada de obtener conocimiento, es crucial para el futuro de los humanos (si es que esto realmente nos importa). Pero no olvidemos que no fuimos a la Luna por la humanidad y tampoco es la razón de un viaje a Marte.

Surge una tragedia por la situación paradójica en la cual nos encontramos: luego de lo que es un instante cósmico, aunque para nosotros sea un período largo de nuestra historia, después de notables vicisitudes materiales y mentales, nos encontramos al albor de comprender de qué se trata todo esto. Pero ese mismo conocimiento también nos ha llevado al borde del precipicio, amenazados por nuestras propias mentes, frente a problemas que podrían apagar la luz por falta de ojos para ver y mentes para pensar con claridad. Es como si una mano siniestra activara el interruptor, un instante después de que se iluminara la mente, permitiéndonos apenas una fugaz visión de bellas obras de arte, solo con tiempo para expresar admirados: ¡Ah, eso era!, antes de sumergirnos en la eterna oscuridad.

[1] Tema de un libro en imprenta: Daniel R. Altschuler y Fernando J. Ballesteros: Las Mujeres de la Luna, editorial Next Door, Pamplona.

 

 

 

 

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