Pisadas y huellas

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Los dados de Darwin han rodado mal para la Tierra. La especie humana es, en una palabra, una anomalía ambiental. Quizá una ley de la evolución determina que la inteligencia usualmente se extingue.

Edward O. Wilson

El clima es un bien común, de todos y para todos. A nivel global, es un sistema complejo relacionado con muchas condiciones esenciales para la vida humana. Hay un consenso científico muy consistente que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático. En las últimas décadas, este calentamiento ha estado acompañado del constante crecimiento del nivel del mar, y además es difícil no relacionarlo con el aumento de eventos meteorológicos extremos, más allá de que no pueda atribuirse una causa científicamente determinable a cada fenómeno particular. La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan. Es verdad que hay otros factores (como el vulcanismo, las variaciones de la órbita y del eje de la Tierra o el ciclo solar), pero numerosos estudios científicos señalan que la mayor parte del calentamiento global de las últimas décadas se debe a la gran concentración de gases de efecto invernadero (anhídrido carbónico, metano, óxidos de nitrógeno y otros) emitidos sobre todo a causa de la actividad humana.

Papa Francisco[1]

 

Hace unos 3.6 millones de años unos homínidos pertenecientes a la especie Australopithecus afarensis, esa especie a partir de la cual, con el correr del tiempo surgió Homo sapiens (que es como nosotros nos autodenominamos con algo de falta de modestia) se fueron a caminar por la planicie africana, en lo que hoy es el norte de Tanzania.

Las huellas de Laetoli. Cortesía de Heinz Ruether
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En la arena

Sucede que hicieron esto cuando un volcán, hoy llamado Sadiman, hacía erupción y cubría el suelo con una gruesa capa de ceniza gris. Al igual que sucede cuando caminamos descalzos por la arena mojada de la playa, sus huellas quedaron grabadas. Quiso la fortuna que estas huellas no se borraran, como lo hacen las que dejamos en la playa, y quedaran enterradas bajo nuevas cenizas preservándose anónimas así para la posteridad. No sabemos hacia donde se dirigían estos ancestros nuestros, pero no me es difícil conectar mentalmente sus huellas con unas que recientemente dejamos sobre la superficie gris de la Luna.

Sin duda, hemos llegado lejos.

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Pisadas en la Luna – Apollo 14 NASA

 

Nuestras huellas se encuentran por doquier, en los más recónditos lugares del planeta, sobre los picos más altos de las cordilleras y las fosas mas profundas de los océanos. Algunas tienen nombre y apellido como las de Mattías Zürbriggen (el primero en ascender el Aconcagua en 1897) y Jorge Juan Link y su esposa Adriana Bance (que dejaron sus vidas en el Aconcagua en 1940). La cumbre del monte más alto del planeta, en los Himalayas, el Everest tiene las huellas dejadas por Tenzing Norgay y Sir Edmund Hillary quienes lograron llegar a la cima a 8848 metros de altura en 1953.

Cada día somos más y pisamos más duro dejando una huella más extensa. Y claro, llegamos a un punto en el cual no hay lugar para tanta gente. Tenía que suceder tarde o temprano ya que nuestro planeta no es infinito. Esto es así, ya que nuestra verdadera huella es mucho más grande que la que dejan nuestras pisadas.

Son buenas historias pero la huella que más importa es la Huella Ecológica, indicador desarrollado en 1990 por Mathis Wackernagel y William Rees del impacto de nuestras pisadas sobre el planeta. ( global footprint network)

La huella ecológica mide la cantidad promedio de recursos naturales utilizada por una persona expresada como el área de tierra y agua productiva (utilizando una productividad promedio) necesaria para producir los recursos consumidos y para absorber los desechos generados incluyendo el área de bosque necesaria para absorber el CO2 producido por el uso de energía de ese individuo y el área de tierra utilizada para vivienda e infraestructura para mantener un nivel de vida de forma continua.

Aunque útil para estudios comparativos del efecto de los humanos sobre el ecosistema, la huella ecológica no incluye todas las categorías posibles, por ejemplo, no nos dice nada acerca de la biodiversidad, o la salud pública, mas bien por falta de información, Además los cálculos no incluyen efectos degenerativos que disminuyen la capacidad global de producción como la pérdida de fertilidad y la desertificación de tierras, deforestación y pérdida de acuíferos. Las omisiones anteriores hacen que la huella ecológica calculada sea una aproximación que subestima el verdadero valor. No obstante, es una cantidad útil para analizar el estado de salud de la biosfera.

 

Resulta que para una persona en los países no desarrollados la huella ecológica equivale aproximadamente a una hectárea (10,000 metros cuadrados) y es diez veces más, unas diez hectáreas, para aquellos de los países desarrollados.  La dudosa distinción de estar entre los tres más altos le corresponde a EE.UU. junto a Singapur y a los Emiratos Árabes Unidos con unas 10 hectáreas por habitante. Los tres mínimos son Afganistán, Eritrea y Bangladesh, lo cual no sorprende.

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La huella ecológica per cápita es la huella ecológica de un país dividido por el número de sus habitantes. En el presente la cantidad disponible por habitante es 1,7 hectáreas. Si un país tiene una huella per cápita de 6,8, sus habitantes requieren cuatro veces los recursos y desperdicios que nuestro planeta puede regenerar y absorber.

Como los que más requieren son una minoría el promedio para los siete mil millones que somos ahora es de algo menos de dos hectáreas por habitante, con una alta fracción de la población muriéndose de hambre.

Hace más de cincuenta años, cuando la población humana de la Tierra era de tan “solo” unos tres mil millones, que oigo la misma cantaleta. “No, el problema no es uno de sobrepoblación del planeta, sino que uno de distribución de riqueza y alimentos”.

Bueno, todavía estoy esperando por esa mejor distribución mientras cada noche mil millones se van a dormir hambrientos. Admito que parte del problema es de distribución, si, la distribución del control de la industria alimentaria mundial crecientemente en manos de unos pocos y gigantescos conglomerados internacionales controlados por unos pocos individuos enajenados que se reúnen como miembros de la junta directiva en algún lujoso lugar para trazar las metas a seguir para maximizar la ganancia y poder rendir un buen informe a los accionistas mientras ese mismo día mueren miles como consecuencia de la malnutrición.

Mas generalmente es un problema de distribución de riqueza, en ultima instancia una distribución de justicia social que solo existe en la mente de aquellos que no ven, o quizá no quieren ver la realidad.

El problema fundamental es la superpoblación multiplicada por el creciente consumo, la imparable avalancha de bocas para alimentar, (cada año tenemos setenta millones más) que además pretenden hablar por teléfono móvil y moverse en un automóvil. Para el año 2050 serán unos nueve mil millones. Este problema causa que los otros sean difíciles de resolver. Sería claramente un mundo muy diferente si “solamente” fuéramos mil millones ¡que no son pocos! y habría entonces esperanza para todos.

Las presiones sobre los ecosistemas aumentan a tal punto que serán destruidos. No creo necesario abundar en los detalles conocidos por todos aunque ignorados por muchos. Los recursos naturales se consumen vorazmente como si fueran inagotables, y los desperdicios se vierten en al aire que respiramos y el agua que bebemos como si la naturaleza tuviera una capacidad ilimitada de absorberlos, afectando tierra mar y aire. Aunque el mundo parece gigantesco, la atmósfera no aguanta la inyección de gases tóxicos. Nuestros pulmones tampoco. Se estima que millones mueren y más sufren por aire tóxico, la mayoría en países subdesarrollados, muchos en las atestadas mega-ciudades como México, Sao Paulo, Pekín o Delhi.

Desde el 1900 la emisión de bióxido de carbono, resultado de la combustión, ha aumentado por más de diez veces y comienza a causar cambios climáticos globales cuyas consecuencias apenas comenzamos a vislumbrar . Los mares no pueden con los efluentes de nuestras actividades industriales y los peces sufren de una pesca no sustentable y la flora y fauna no aguantan nuestra rapacidad insaciable. El nivel de deforestación es el más alto de la historia y el agua potable escasea en gran parte del planeta. Las consecuencias son una colosal herida que afecta al planeta, a todas las formas de vida y en última instancia a nosotros.

La mayor parte de la tierra cultivable del planeta ya está bajo cultivo y su productividad disminuye por los efectos de la erosión, la salinización y la degradación de los suelos causando cada año la pérdida de varios millones de hectáreas de tierras cultivables.

El área total de espacio biológicamente productivo de la Tierra es de aproximadamente 12.000 millones de hectáreas (es difícil arar en el agua y regar los desiertos), por lo cual una simple división nos indica que la población presente del planeta (7200 millones) dispone en promedio de menos de dos hectáreas por habitante, un límite definido por el tamaño del planeta por lo cual el problema del llamado desarrollo ilimitado queda matemáticamente expuesto como una quimera y como una cruel mentira de aquellos que impulsan modelos de desarrollo imposibles. Además, hay hectáreas y hectáreas, todas las tierras no son de igual productividad.

En 1960 la población del planeta era de unos tres mil millones, en el 2000 ya éramos más de seis mil millones y se proyectan unos nueve mil millones para el 2050, cuando solamente tendremos una y media hectárea por habitante. En el mismo inérvalo la huella ecológica promedio ha aumentado significativamente a pesar de ciertas ganancias en eficiencia de producción como los logrados por la “revolución verde” Se debe señalar además que las ganancias de productividad obtenidas no vienen de la nada. La alta productividad tiene un alto costo en términos de recursos externos necesarios y degradación de los suelos.

Es simplemente imposible que el mundo no desarrollado se desarrolle siguiendo el modelo de los países desarrollados. Esto no impide que las grandes empresas sigan vendiendo todo tipo de ilusión, como ellos dicen “abrir nuevos mercados”, lo cual solamente crea expectativas inalcanzables y bloquean cualquier idea de un desarrollo alterno. Pero sin un modelo alterno, radicalmente distinto, las vías del desarrollo llevan a un desastre global.

GFN_EOS_infographic_v5Si no hacemos algo drástico (y no lo vamos a hacer por más que celebremos los recientes pronunciamientos de Paris), se necesitarían dos planetas como la Tierra si todos pretendieran vivir a un nivel de consumo como el de aquellos en los países desarrollados. Pero solo tenemos uno.

A largo plazo una actividad no sustentable lleva a la ruina, del mismo modo que si usted solamente vive de los ahorros, en algún momento se queda en la calle. En el caso personal podría recurrir a un préstamo, pero en el caso ecológico no hay tal préstamo ya que el capital natural es limitado y una vez consumido no se puede restituir.

Para analizar y comprender el verdadero estado del planeta y las consecuencias del llamado desarrollo, es necesaria una nueva contabilidad en la cual se incluya el verdadero costo de toda actividad, incluyendo los recursos naturales consumidos y los posibles daños causados al ecosistema y sociedad global. Por ejemplo, el costo de placas solares (yo soy el primero en apoyar su utilización) debería incluir el costo ecológico de todas las actividades asociadas a su producción, como la minería de materiales escasos (como el telurio) necesarios para producirlas (que emiten CO2, etc.). Debiera también incluir el costo social de todos esos niños que no pudieron ir a la escuela por trabajar en esas actividades (en china), y la contabilidad del efecto de compuestos tóxicos utilizados, no siempre bien manejados. Lo mismo vale para otras cosas más pueriles como la manufactura de ropa, que se paga a uno y se vende a veinte.

Mucho se ha escrito sobre esto, libros, muy buenos por cierto y completamente inconsecuentes, aunque sea escrito por un premio Nobel. El otro libro que muchos leen tampoco sirve de mucho más que un lamentable consuelo ante lo que parece inevitable pero además ordena: Fructificad y multiplicaos. El mismo papa Francisco lo advierte, pero me temo que tampoco a él le hagan caso, y menos la mayoría de la población del mundo que no le harían caso justo por ser el Papa.

Me llama la atención que tantos se preocupen por quién y cómo comenzó el mundo a tal punto que son capaces de matar por ello, y tan pocos se preocupen por como lo estamos destruyendo, algo que independientemente de su particular libro santo es realmente un pecado. ¿No le parece?

Al final señores les digo con todo respeto: la hemos cagado, y lo que queda es hacerle caso a Rubén Blades:

Prepárense ciudadanos, se acabó lo que se daba, a darse el último trago. No se me pueden quejar, el show fue bueno y barato. Ante el dolor el buen humor es esencial. Saca a tu pareja y ponte a bailar la canción del final del mundo. Que no les domine el miedo, no se pongan a gritar, control y nada de nervios, y cuidado con llorar. Para bien o para mal lo mandamos a buscar, y ahora nos llegó la cuenta y tenemos que pagar. Despídete de tu barrio y del mundo en general, y que en la tierra nadie quede sin bailar la canción del final del mundo

[1] Carta Encíclica Laudato Si’ del Santo Padre Francisco Sobre ll Cuidado de la Casa Común.

One thought on “Pisadas y huellas

  1. Excelente! Todos hablan de repartir mas, pero cientificamente analizado, la causa del hambre es 90% ? el aumento de la poblacion…..
    Los unicos que hicieron algo fueron los chinos y ya dieron marcha atras. Los peores ahora parecen ser los de la India…

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