Mi Abuela

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En el restaurante casi desierto podría haberle disparado con facilidad. De haber tenido la menor idea del papel que esa inmundicia iba a desempeñar, y de los años de sufrimiento que iba a infligirnos, lo habría hecho sin pensarlo dos veces. Pero lo vi como un personaje salido de una tira cómica, y así no le disparé. En los consejos del Altísimo, nuestro martirio había sido ya decretado. Si en aquel punto se hubiera cogido a Hitler y se le hubiera amarrado a las vías del ferrocarril, el tren habría descarrilado antes de alcanzarlo.

                                                      Friedrich Reck-Molleczewen[1]

                                                (de su “Diario de un desesperado

1

En el fondo de una caja con viejos papeles que heredé de mi madre encontré una carpeta anaranjada con los bordes roídos por el tiempo y que en la tapa dice “Camp Gurs”.  Es la correspondencia de mis viejos, ya emigrados al Uruguay, con autoridades europeas para rescatar a mi abuelo paterno (Zacharias Altschuler) y a mi abuela materna (Theodora Stern – Dora), internados en octubre de 1940 en este campo de prisioneros francés. La deportación de los judíos alemanes a Camp de Gurs es un caso extraño en la historia del Shoah. Se trata de la única deportación de judíos realizada hacia el oeste de Alemania por el régimen nazi.

Luego de asumir el poder el 30 de enero de 1933, Hitler consolidó rápidamente su poder dictatorial y comenzó con la sistemática y creciente persecución de los judíos alemanes, los cuales representaban menos del uno por cien de la población. Las infames leyes de Nüremberg del 1935, Gesetz zum Schutze des deutschen Blutes und der deutschen Ehre (para la protección de la sangre y honor alemán) quitaron a los judíos sus derechos ciudadanos, y una creciente ola de violencia verbal y física culminó en la Kristallnacht (la noche de los vidrios rotos) del 8 al 9 de noviembre de 1938. Durante esa orgía de violencia antisemita, se incendiaron cientos de sinagogas, se destruyeron miles de negocios y se asesinó a centenares de judíos, sin que nadie levantara una voz de protesta.

Lo que ocurrió en el pequeño pueblo de Wittlich, es una escena que se repitió por miles en todo el Reich[2]. Mientras ardía la sinagoga, frente a la pequeña carnicería del judío Marks se congregó una patota de jóvenes nazis que procedieron a romper los cristales de la carnicería, tirar los productos a la calle y montar al carnicero a los empujones y patadas sobre un camión para llevarlo detenido junto a otros judíos. Su esposa, agitando sus brazos y mirando a sus vecinos de toda la vida, increpaba entre lamentos: ¿Por qué nos hacen esto?  ¿Qué les hemos hecho a ustedes?

La razón del porque hicieron eso es compleja y multifacética, pero en el fondo radica en la larga y triste historia del antisemitismo. La historia europea contiene un hilo conductor de persecución judía, de ataques desde el púlpito y literatura religiosa que perpetuaba la ficción del judío como maléfico, inferior, sucio y culpable (per secula seculorum) de la condena y muerte de Jesús[3]. Como lo expresó uno de los importantes padres de la Iglesia, San Juan Crisóstomo “boca de oro” obispo de Constantinopla, y “Doctor de la Iglesia”, un raro título dado a “los teólogos cristianos de mérito sobresaliente y reconocida santidad” y fanático antisemita (387-407 E.C.): ¿Cómo pueden los cristianos atreverse a mantener la más ligera conversación con los judíos, que son los más miserables de todos los seres humanos, que son concupiscentes, rapaces, codiciosos, pérfidos bandidos? ¿Acaso no son ellos asesinos despiadados, destructores, hombres poseídos por el demonio? A quien la mala vida y la embriaguez han entregado a las costumbres de los cerdos y la cabra concupiscente. Ellos solo conocen una cosa: satisfacer sus agallas emborracharse matar y estropear…

¿La sinagoga? No solo es un teatro y una casa de prostitución, sino una caverna de bandidos, una reparación de bestias salvajes, un lugar de vergüenza y ridículo, el domicilio del diablo como lo son las almas de los judíos. En verdad los judíos adoran al diablo; sus ritos son criminales e inmundos; su religión es una enfermedad. Su sinagoga, de nuevo, es una asamblea de criminales, una cueva de ladrones, una caverna de demonios, un abismo de perdición, yo también aborrezco a la sinagoga. Dios aborrece a los judíos y siempre aborreció a los judíos. Yo también aborrezco a los judíos.

Su odioso asesinato de Cristo… para este deicidio no existe expiación posible, ni indulgencia, ni perdón, solo venganza que no tiene fin.

Fueron atacados en las cruzadas, expulsados de uno y otro sitio, y finalmente de España y Portugal a finales del siglo XV. Emigraron a nuevas tierras, pero siempre fueron marcados, rechazados y terminaron en guetos, el primero de ellos en Venecia a inicios del siglo XVI.

La eminencia gris del Shoah fue el antisemitismo, moldeado en una versión biológica – que estaba en la sangre – como se desprende de las leyes de Nüremberg – por lo cual la solución al “problema” era obvia. El milenario antisemitismo cristiano, parte integral de la doctrina y liturgia de la Iglesia, es el incentivo al exterminio, y en este sentido la Iglesia se convirtió en “autora intelectual”. El antisemitismo racial no fue un invento nazi. Ya en España, para mediados del siglo XV se establecieron estatutos “de limpieza de sangre” en Toledo y otras jurisdicciones para discriminar contra los “conversos”, fundamentado en que el bautismo no era suficiente para lavar los pecados. Se exigía (al aspirante a ingresar en las instituciones que lo adoptaban) el requisito de descender de padres que pudieran asimismo probar descendencia de cristiano viejo (cristiano que no tuviera ascendencia judía ni musulmana conocida), procedimiento similar a las exigencias para determinar el pasado judío de una persona del Tercer Reich. Noto también que entre los judíos existía la misma noción de pureza y el rechazo de matrimonios mixtos, con la salvedad de que no llegaron a matar por ello.

Entre este torrente de literatura antisemita destaco la encíclica de 1873 de Pío IX “Etsi Multa”[4] en la cual se puede leer:

…no quedará la menor duda de que todas las presentes perturbaciones se deben en gran parte a los engaños y maquinaciones de una misma secta. Entre éstas, se distingue la sinagoga de Satanás[5] que contra la Iglesia de Cristo ejercita sus fuerzas, las lanza a su ataque, y las cierra en combate. Tiempo ha que fueron denunciadas por predecesores, los vigías de Israel, ante reyes y pueblos y con repetidas condenaciones derribadas por tierra. Nos tampoco desfallecimos en este oficio, ¡Ojalá se hubiera prestado mayor fe a los Pastores de la Iglesia, por parte de aquellos que podían haber apartado una peste tan perniciosa! Pero ésta, deslizándose siempre por sinuosos cauces, jamás interrumpiendo su tarea, seduciendo a muchos con sus engaños arteros, ha adquirido al presente tales proporciones, que abandonando ya sus,” escondrijos, – se manifiesta potente y’ dominadora.”

Los protestantes no se quedaron atrás. En un ensayo de Lutero (padre espiritual de Alemania) de 1543 se lee[6]:

“Son estos judíos seres muy desesperados, malos, venenosos y diabólicos hasta la médula, y en estos mil cuatrocientos años han sido nuestra desgracia, peste y desventura, y siguen siéndolo… Son venenosas, duras, vengativas, pérfidas serpientes, asesinos e hijos del demonio, que muerden y envenenan en secreto, no pudiéndolo hacer abiertamente […] préndale fuego a sus sinagogas o escuelas y entierren y cubran con tierra todo aquello que no se pueda quemar…Yo aconsejo que sus casas sean arrasadas y destruidas… Yo aconsejo que todos sus libros de rezos … en los cuales tales idolatrías, mentiras, maldiciones, y blasfemias se enseñan, quítenselos, … y que a sus rabinos se les prohíba enseñar de allí en más, bajo pena de perdida de vida o miembros…que los salvoconductos en los caminos sean abolidos completamente para los judíos… y que todos sus tesoros de plata y oro se les sean quitados….

Hitler y sus seguidores – Göring (1893-1946 – suicidio), Goebbels (1897-1945 suicidio), Heydrich (1904-1942 asesinado), Himmler (1900-1945 suicidio), Daluege (1897-1946 – ejecutado), Kaltenbrunner (1903-1946 ejecutado), Rosenberg (1893-1946 – ejecutado), Jodl (1890-1946 – ejecutado) y tantos otros –  fueron buenos discípulos. Los quisiéramos olvidar, pero los debemos recordar.

Los ataques a los judíos se multiplicaron en el plano secular, en una interminable serie de panfletos, revistas y diarios. Entre ellos se encuentra la publicación en 1903, en la Rusia zarista de “Los protocolos de los sabios de Sión[7],[8] un panfleto antisemita cuyo objetivo era justificar ideológicamente los pogromos que sufrían los judíos. Los protocolos son supuestamente una trascripción de unas reuniones de los «sabios de Sion», en la que se detallan los planes de una conspiración judía, que tendría como fin el hacerse con el poder mundial, tema recurrente en la oratoria nazi, que no ha cesado aún. Los protocolos fueron traducidos a muchos idiomas y publicados ampliamente. Muchos, comenzando con Hitler, se creyeron esta ficción, como algunos en el presente creen en otras nefastas conspiraciones, sin razonar que si esta gente era tan poderosa y siniestra, cómo resultaba tan fácil atacarlos y acabar con ellos. Es un caso histórico de una contradicción performativa, como si alguien dijera “estoy muerto”.

Miles participaron, millones se hicieron de la vista larga. Las racionalizaciones, intentos por encontrar justificaciones psicológicas, iban desde el “solo seguí órdenes” y “no tengo nada contra los judíos, un buen amigo mío era judío” hasta “yo solamente era un burócrata de poca importancia, nunca maté a nadie, si no lo hacía yo, lo haría otro”. Los propagandistas se creyeron su propia propaganda, el inmundo Heinrich Himmler llegó a decir[9]: tenemos el derecho moral, tenemos el deber ante nuestro pueblo de hacer eso, este pueblo que nos quería aniquilar, de aniquilarlos.

Debe quedar claro que para eliminar sistemáticamente a sobre cinco millones de humanos es necesaria la participación de un gran número de personas. No se trató nada más que de unos pocos sádicos desquiciados[10]. Fue además necesario que el resto mirara en otra dirección. Como lo observa Hannah Arendt[11] con respecto a los actores del mal.

Lo preocupante con Eichmann era precisamente que tantos eran como él, y que estos tantos no eran perversos ni sádicos, que eran y aún son terriblemente normales.

El pastor luterano alemán Martin Niemöller (1892 – 1984) fue uno que inicialmente apoyó a los nazis, pero luego se dio cuenta de lo que significada. Es memorable su sermón de 1946:

Cuando los nazis vinieron a llevarse a los comunistas,
guardé silencio, porque yo no era comunista,
Cuando encarcelaron a los socialdemócratas,
guardé silencio, porque yo no era socialdemócrata,
Cuando vinieron a buscar a los sindicalistas,
no protesté, porque yo no era sindicalista,
Cuando vinieron a llevarse a los judíos,
no protesté, porque yo no era judío,
Cuando vinieron a buscarme,
no había nadie más que pudiera protestar.

Gerald Holton[12] refiriéndose al régimen Nazi comenta:

La facilidad con la cual un gran número de juristas, médicos, científicos y otros académicos aceptaron las abominaciones del régimen (en particular la idea de purificación de la raza) es testimonio de la maleabilidad hasta de los tales llamados intelectuales, bajo condiciones apropiadas, cuando hay un trastorno cultural en el cual se juntan la pseudociencia y la política.

Pero los judíos, como bien lo señala Raul Hilberg también tuvieron su rol, ya que un genocidio resulta de la interacción entre agresores y víctimas. La comunidad judía europea no tenía una organización central, no tenía una tradición de lucha armada o resistencia (contra todos los mitos de querer dominar que se les adjudicaba) y no estaban preparados para hacerle frente a los opresores. Hubo muy pocos casos de resistencia, toda infructuosa. Trataron de apelar a la razón, de argumentar en contra de las deportaciones, y perdieron los argumentos ya que el otro lado no operaba con la razón, o quizá mejor dicho con una razón desquiciada sin los más elementales elementos éticos.

Los Consejos Judíos (Judenrat) y los rabinos no estaban preparados para la situación, y en muchos casos, con la idea de evitar un mal mayor colaboraron con los Nazis. El jefe del consejo judío de Varsovia, Adam Czerniaków (1880-1942), intercedía todo el tiempo con las autoridades Nazis, tratando de apaciguar al diablo, labor infructuosa. Al final, los 450,000 judíos de Varsovia fueron en su mayoría transportados a Auschwitz y asesinados. El 23 de Julio de 1942, Czerniaków se tragó una cápsula de cianuro. Dejó una nota que decía[13]: No puedo hacer nada. Mi corazón tiembla con desolación y compasión. Ya no puedo aguantar todo esto. Mi acto probará a todos qué es lo correcto de hacer.

Es un hecho[14] que el papa Pio XII no dijo ni pío durante todo el proceso del Shoah, y se le puede sin duda catalogar de colaboracionista, al igual que el mariscal francés Henri Pétain (1856-1951) en Francia o Vidkun Quisling (1887-1945 – fusilado) en Noruega, como también es un hecho que la Curia romana junto al Argentino Perón,  y operativos de la Cruz Roja, prestaron ayuda con la huida de criminales nazi, en las denominadas líneas de las ratas.[15]  El papado no ha demostrado estar a la altura moral que pretende para otros, altura a la cual se llega admitiendo los trágicos errores del pasado. Pero un edificio construido sobre arenas movedizas…

2

La abuela Dora y el abuelo Zach buscaban una salida de ese entorno cada vez más hostil, de ese torbellino de agresión fanática. Lo primero que era necesario obtener para poder salir era una visa de algún país que los aceptara, un sello en el pasaporte que significaba la diferencia entre vida y muerte. Pero pocos tenían las conexiones y el dinero para tramitar estas visas que no eran fáciles de obtener, ya que muchos países no actuaron de forma generosa en ese sentido.

En la carpeta naranja un telegrama de Western Union de abril de 1940 enviado por mi padre (Rodolfo Altschuler 1898-1971, condecorado con la cruz de hierro en la primera guerra) – desde Uruguay, país al cual mis padres habían emigrado en 1937 (los viejos rehusaron irse) a la casa de Dora en Rosengartenstr. 22, en la ciudad de Mannheim dice:

Visados aprobados. Buscar Hamburgo. Génova Italmar pasajes y dinero de viaje. Partan lo más rápido posible. Informen obtención visas y viaje. Saludos.

Un telegrama de la agencia Hapag en Mannheim  del 7 de mayo dice

Obtengan permiso del Ministerio para embarque tercera clase a favor de Dora Stern y Zacharías Altschuler

La respuesta del  8 de mayo de 1940 a la agencia Hapag indica

Ministerio telegrafía permisos consulado Hamburgo Stern Altschuler. Llegan a Principessa. Indiquen diferencia en pasaje. Avisen a Stern Altschuler

y el siguiente telegrama para los viejos sin fecha dice:

No llegan a Genova Principessa Maria, seguir inmediatamente hasta Nápoles para alcanzar. Feliz cumpleaños a mi padre.

Pero parece que los viejos no se movían. Quizá, como muchos, pensaban que a ellos no les iba a pasar nada, que abandonar todo e irse con lo que pudieran llevar era apresurado, que ellos eran alemanes más que judíos, y que los rumores que circulaban eran exagerados.  Además, lo peor, las acciones de deportación y exterminio sistemático aún no habían comenzado. Esto, a pesar de la violencia, la discriminación, y los continuos ataques verbales por parte de Hitler y sus cómplices.

En una carta a mi padre el viejo Zach se preocupa por sus bienes, dice buscar una compañía que los pueda empacar y almacenar, pregunta cómo llevarse su alfombra persa. Queda claro que no ve o no quiere ver lo que se avecina.

Un telegrama con tono alarmante de mi padre fechado 14 de mayo de 1940 dice:

Recibimos carta del 29. Deben salir inmediatamente. Génova, Contegrande. Mando la diferencia en tarifa. Último aviso. Cuestiones de dinero y mobiliario totalmente irrelevante. Vuestra demora irresponsable.

El Principessa Maria así como el Contegrande eran barcos de pasajeros.

El 18 de Mayo la agencia Hapag manda un telegrama:

Partida Contegrande Stern Altschuler imposible. Visas recién el lunes. Esperamos utilizar Giovanna 29-5 Génova.

 3

Así pasaron los meses, los viejos tropezando entre las dificultades reales y la negación de la urgencia, cartas que van y vienen, algunas tardando semanas de viaje, otras que se perdieron, hasta que el 25 de septiembre de 1940, en una reunión celebrada en Berlín entre los gobernadores (Gauleiter) de las provincias de Baden, Robert Wagner (1895-1946 ejecutado), y de  Saarpfalz,  Josef Bürckel (1895-1944), con Hilter éste les ordenó que dejaran a sus distritos “judenrein”  es decir  limpio de judíos.

octubre 22 1940

Octubre 22 de 1940

En la madrugada del 22 de Octubre de 1940, en el marco de la acción Wagner-Bürckel[16] se presentó la policía en los hogares de residentes judíos de estas provincias y se les ordenó empacar inmediatamente (se le dio una hora) con permiso de llevar solamente lo que pudieran cargar y no más de cien Reichsmark, para ser transportados a un sitio no especificado. Pocos entendieron que no regresarían. Se les llevó a pie y camiones hasta la estación de tren, algunos lloraban, todos tenían miedo. Siete trenes de Baden y dos de Saarpfalz transportaron ese mismo día a 6538 personas en dirección Francia. En las estaciones en las cuales el tren paraba los altoparlantes anunciaban: “El que abandone el tren será fusilado”. El viaje continuó pasando por Avignon y Toulouse para llegar, luego de cuatro días y tres frías noches a  Oloron-Saint-Marie en los Pirineos donde se les transportó en camiones hasta Gurs, un pequeño pueblo en las faldas de los pirineos. Algunos de los ancianos no sobrevivieron el difícil viaje.

Zacharias tenía 79 años, Dora 53. Por desgracia, aunque Dora tenía su pasaporte con el visado, el de Zach se quedó en la comisaría de la policía en Ludwigshafen, donde había tenido que entregarlo.

El Camp de Gurs había sido construido en el 1939, con el propósito de albergar a los combatientes republicanos vencidos por las fuerzas del general Franco en la guerra civil española. Localizado en las faldas de los pirineos, cerca de la costa del atlántico, el campo cubría unas 30 hectáreas donde se habían construido unas 400 cabañas de madera y techo de tela alquitranada, que luego de un tiempo dejaba de ser impermeable. No había calefacción, no había ventanas ni baños, y los refugiados dormían sobre el piso húmedo o sobre bolsas de paja. En ocasiones las cabañas de solamente cinco por cinco metros albergaban hasta 60 personas.
Los baños exteriores consistían de una plataforma a la cual se subía por unos escalones. La mierda caía dentro de grandes recipientes que se removían del campo en carros. Se comía lo que hubiera, una diluida sopa de vegetales podridos y algún trozo de  carne de caballo. Con suerte una rodaja de pan, todo servido en alguna herrumbrada lata.

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A diferencia de los campos de concentración alemanes localizados en el este europeo, la seguridad era laxa, no había torres de vigilancia ni cercos electrificados, aunque si, alambre de púa. Muchos escapaban, pero no tenían donde ir. Era un campo de concentración, pero no de exterminio, y los primeros residentes españoles, se las arreglaban para subsistir.

Luego de la invasión nazi de Francia, que terminó con la rápida derrota de las tropas aliadas, se firmó un armisticio entre Alemania y Francia en junio de 1940, y se instauró el gobierno de Vichy en la Francia no ocupada por los alemanes, bajo el mando del colaboracionista mariscal Henri Pétain (después de la Guerra fue declarado culpable de alta traición y condenado a muerte (conmutada)). Muchos judíos franceses también fueron llevados a Camp de Gurs, entre ellos la misma Hannah Arendt en mayo de 1941, quien había emigrado a Francia desde Alemania en 1933. Pudo escapar, luego de varias semanas internada, y me complace la idea que en algún momento haya intercambio saludos con mi abuela.

El Camp de Gurs comenzó a utilizarse para internar a disidentes políticos, judíos no franceses, gitanos, homosexuales y otros “indeseables”. Los ocupantes españoles del campo habían huido con la ayuda de la población francesa de la región. En el campamento fangoso rodeado de alambrada de púa, las barracas se alineaban a lo largo de un camino de dos kilómetros. Las personas, mayormente ancianas, sufrían por el frío y la humedad, el fango y las pobres condiciones de higiene. Algunos de los internados eran médicos y enfermeras y hacían lo posible por atender a los enfermos, pero a pesar de esto, durante el invierno del 40 al 41 murieron más de 600 personas de enfermedades gastrointestinales, cólera, fiebre tifoidea y malnutrición.  El peligro al dormirse era que una rata le comiera la oreja

En mi carpeta anaranjada leo una carta del 14 de diciembre de 1940 de un tal señor Hirsh, también internado en Gurs dirigida al señor Weil en Kreuzlingen (Suiza). En ella le solicita que haga las gestiones para recuperar el pasaporte de Zacharias. Weil le escribe a un tal Lothar Israel Pinkus, (por ley los judíos alemanes debían agregar “Israel” a sus nombres y las mujeres “Sara”), en Ludwigshafen el 25 de diciembre, solicitando que este intente recuperar el pasaporte de Zach de la policía ya que “obtener el pasaporte le permitiría al señor Zacharias Altschuler viajar a Montevideo donde se encuentra su hijo” (mi padre).

Finalmente, una carta de Pinkus del 20 enero 1941 dirigida al señor Weil, en papel timbrado con “Bezirksstelle Pfalz der Reichsvereinigung der Juden in Deutschland” le informa que ha logrado que se le mande el pasaporte al señor Altschuler. Luego de meses se vislumbraba una oportunidad.

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Era posible escribir cartas desde Gurs y mandar cartas a mi abuela a “Camp de Gurs, Plot L, barraca 11”. En una de estas, escrita por Dora el 4 e febrero de 1941 con una pulcra caligrafía, leo: Estoy ocupada como “Chef du Baraque” (50 mujeres), y ayudo donde se necesite, especialmente con las ancianas. Cosecho por eso mucha gratitud y amor, y me quedaría aquí hasta el último hombre. Pero deseo llevarles a su padre sano y salvo. ¡Esa es mi misión! Llegaremos pobres como mendigos. La señora Ziegler está en otro campo, la señorita Phaps en otra barraca. A muchos, muchos, ya les cobija la tierra.

Finalmente, en marzo de 1941, luego de muchas cartas, telegramas y envió de dinero, una carta de un tal Blum, le informa a mis padres que los viejos saldrán de Gurs, al tener los documentos de emigración, y que se les permitirá vivir en un hotel en Marsella hasta que consigan salir. La carta de Blum contiene además un resumen de todos los gastos incurridos y solicita un pago de 1000 francos franceses. Salieron de Gurs a inicios de abril, luego de seis meses de penuria y ansiedad.

El 2 de mayo Dora escribe: El campo de Gurs ha quedado atrás. La vida allí fue soportable solo porque sabíamos que ustedes pensaban en nosotros, y que las cosas iban a cambiar. Y ahora nuestros pensamientos ya están con ustedes. El 14 de mayo Dora escribe desde Marsella: Debemos estar tranquilos y en ocasiones aguantar la respiración. ¿Lo lograremos finalmente o pasará otra vez un impedimento? Estamos prontos si recibimos el visado español. El barco Cabo de Hornos zarpa desde Lisboa el 25 y no el 10 de junio.  Me siento desgraciada por la demora, ¿pero de qué sirve? El destino tomará su curso. Quiero salir lo más pronto posible.

A los que no pudieron salir les esperaba la muerte. Entre inicios de 1942 hasta mediados de 1943, se transportó a los internados en trenes de carga a Auschwitz-Birkenau, Lublin-Majdanek y Sobibor. La gran mayoría de los 6538 murieron.

Así, luego de una odisea que se repetiría para pocos afortunados, partiendo finalmente desde Lisboa, llegaron a Montevideo. Si les quedaban lágrimas, habrán llorado de alegría. El viejo Zack con 80 años no duró mucho, pero pudo disfrutar de sus últimos años en paz con parte de su familia. Dora vivió muchos años, aprendió español y se ganó la vida como costurera. Cuando no usaba su máquina de coser Singer, yo de niño, jugaba con ella simulado ser el conductor de un tren, sin darme cuenta que quizá este juego tendría un significado aterrador para mi abuela. Nunca me enteré.

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Zach y Dora con mi padre y mi hermano mayor en Montevideo

Entre todas las cartas y documentos de la carpeta naranja hay una del Comité de la Cruz Roja en Ginebra, fechada el 11 de febrero de 1941 que informa: Nous accusons réception de votre lettre du 25 janvier écoulé ainsi que de votre versement de francs suisses 50.—en faveur de : Monsieur Louis STERN, – quartier B, baraque 7 au camp de VERNET  d’ordre de M. Altschuler a Montevideo.

Es la única mención de mi abuelo materno de quien nunca más se supo algo.

 

[1] Friedrich Percyval Reck-Malleczewen (1947). Tagebuch eines Verzweifelten. Vorwort von Bernt Engelmann.Bonn, Dietz 1981.

[2]  Saul Friedlander 1997. Nazi Germany and the Jews. Vol.1. Harper Collins. Pg.278.

[3] Como lo dice el tan citado  Mateo 27:25 con respecto a la condena de Jesús: Y todo el pueblo respondió: “Que su sangre caiga sobre nosotros y sobre nuestros hijos”.

[4] http://www.mercaba.org/MAGISTERIO/etsi_multa.htm

[5] Nótese que se utiliza el término Sinagoga de Satanás proveniente de Apocalipsis 2:9 Yo conozco tus obras, y tu tribulación, y tu pobreza (pero tú eres rico), y la blasfemia de los que se dicen ser judíos, y no lo son, sino sinagoga de Satanás.- donde claramente no se refiere a los judíos pero no se interpretó así, ya que sinagoga se refiere al lugar de culto judío. El término “sinagoga” viene del griego  sÿnagōgē, del verbo sÿnágein (‘reunir, congregar’).

[6] Martin Luther (1543) Von den Juden und ihren Lügen. Wittenberg

[7] Se ha comprobado que fueron una falsificación producida en Rusia por la Okhrana (la policía secreta del Zar). Partes fueron plagiadas de una novela (“Biarritz”, 1868)  del alemán Hermann Goedsche (1815 -1878){ que relata una conspiración judía para dominar al mundo. A su vez, la novela es plagiada del “Dialogo en el Infierno entre  Machiavello y Montesquieu” (1864) por el satirista francés Maurice Joly (1829-1878).

[8] Will Eisner, (2005). The Plot: The Secret Story of The Protocols of the Elders of Zion. Norton

[9] Himmler, discurso secreto a oficiales de la SS el 4 de Octubre de 1943 en Poznan, Polonia. “Wir haben das moralische Recht, wir hatten die Pflicht unserem Volk gegenüber das zu tun, dieses Volk, das uns umbringen wollte, umzubringen“. http://www.holocaust-history.org/himmler-poznan/speech-text.shtml

[10] Daniel Goldhagen (1996). Hitler’s Willing Executioners: Ordinary Germans and the Holocaust. Alfred Knopf.

[11] Hannah Arendt (1964). Eichmann in Jerusalem: A Report on the Banality of Evil.  p.276. Viking.

[12] Holton, Gerald. (1992). “How to think about the anti-science phenomenon”. Public Understanding of Science, 7, 103-128.

[13] Raul Hilberg, Stanislaw Staron y Josef Kermisz, editores (1979) The Warsaw Diary of Adam Czerniakow. Stein and Day.

[14] Daniel Goldhagen (2002). A Moral Reckoning. Knopf.

[15] Gerald Steinacher (2010). Nazis auf der Flucht. Wie Kriegsverbrecher Über Italien nach Übersee Entkamen. Fischer.

[16] Stefanie Gerlach und Frank Weber (2005). Es geschah am helllichten Tag: Die Deportation der badischen, pfälzischen und saarländischen Junden in das Lager Gurs-Pyrenaäen. Landeszentrale für politische Bildung Baden-Württemberg.

 

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