Las Nieves del Kilimanjaro

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 “Compie volvió la cabeza sonriendo y señaló algo. Harry miró, y todo lo que pudo ver fue la cima cuadrada del Kilimanjaro, ancha como el mundo entero; gigantesca, alta, e increíblemente blanca bajo el Sol. Entonces supo que era allí adonde iba.”

Las Nieves del Kilimanjaro Ernest Hemingway (1936)

klimanjaro5Si no fuera porque nuestro planeta tiene una atmósfera las cosas serían muy diferentes. No solo tendríamos un problemita con la respiración y la transportación aérea entre otras cosas, pero en términos geofísicos la superficie del planeta sería mucho más fría, tan fría que los océanos se congelarían hasta el fondo y nuestro planeta sería una bola de hielo. Nuestro Sol es la única fuente de energía externa y es esta la que calienta la Tierra ayudada por el efecto de invernadero.

El dióxido de carbono, que constituye una diminuta parte de la atmósfera, el metano, el vapor de agua y otros gases menos comunes aún, se llaman gases de invernadero porque en la atmósfera tienen el mismo efecto que el cristal de un invernadero, aunque el detalle de su funcionamiento es diferente. Estos gases son transparentes a la luz solar pero no a la radiación infrarroja. En consecuencia, la luz solar puede alcanzar la superficie de la Tierra, donde el suelo absorbe su energía y se calienta. En equilibrio, la Tierra emite la energía recibida del Sol otra vez hacia el espacio, ya que de lo contrario se seguiría calentando. Pero la Tierra es mucho más fría que el Sol y por lo tanto, mientras el Sol emite su energía mayormente como luz y ondas ultravioletas la Tierra la emite en el infrarrojo. Pero la atmósfera no es transparente a la radiación infrarroja ya que los gases de invernadero que contiene absorben gran parte de esta radiación y se calientan. Se enfrían emitiendo a su vez radiación infrarroja, mitad de la cual regresa a la superficie terrestre.

Es decir que la superficie de la Tierra se calienta por radiación solar directa y por radiación emitida por los gases de invernadero atmosféricos. Esto causa que la temperatura promedio de la superficie de la Tierra sea de 15° Celsius (59 Fahrenheit) mientras que sin la atmósfera sería de negativo 18°C (0 Fahrenheit) Cuanto más alta la concentración de gases de invernadero, mayor será la temperatura promedio de la superficie. Esto no es objeto de discusión, es física elemental. El efecto de invernadero no es un mito como dicen algunos, sino que la vida en la Tierra depende de los buenos servicios de trazas de estos gases.

Hace unos doscientos años, comenzó el Antropoceno una nueva era geológica que se caracteriza por el dominio creciente de Homo sapiens sobre el sistema Tierra. Comenzando con la revolución industrial, la magnitud de una gran cantidad de procesos que inciden en el estado de la biosfera ha crecido vertiginosamente a tal punto que ahora la Tierra se encuentra en un estado sin precedentes. El primer proceso determinante de muchos otros es sencillamente nuestro crecimiento demográfico, que nos ha llevado de unos dos mil millones de humanos en el año 1930 a siete y medio mil millones en el año 2016. Esperamos unos nueve mil millones en el 2050. Nuestras cantidades y actividades nos han llevado a ser la fuerza de mayor impacto sobre el ecosistema terrestre, dominando y en muchos casos determinando su comportamiento por encima de procesos naturales. Necesitamos estudiar la compleja red de procesos físicos, químicos, biológicos y humanos que transportan materiales y energía a través del sistema para entender los potenciales peligros a los cuales estamos expuestos. El cambio climático es un aspecto de esta dinámica global, y no se trata de ningún timo como implican algunos políticos ignorantes, lacayos del complejo militar industrial financiero, que por desgracia para el mundo tienen el poder.

La concentración atmosférica del dióxido de carbono (hace doscientos años era de 280 partes por millón por volumen) ha aumentado en un treinta y cinco por ciento (a 400 ppmv), el metano se ha duplicado y el óxido nitroso ha crecido en un 15 por ciento. Aunque el dióxido de carbono es una diminuta fracción del contenido atmosférico, la cantidad total de carbono en la atmósfera es enorme: 800 gigatoneladas (una gigatonelada es mil millones de toneladas) es decir setecientos cincuenta mil millones de toneladas. Se mantiene allí como resultado del complejo ciclo del carbono que lo hace circular entre las rocas, los océanos, la atmósfera y los organismos. Se estima que las actividades humanas incorporan nueve gigatoneladas por año a la atmósfera la mitad de las cuales se queda en ella. Otra parte se disuelve en los océanos y los acidifica, amenazando la flora y fauna marina.

Aquellos que estudian el clima del pasado taladrando el hielo polar han descubierto una historia compleja y fascinante. Es posible medir la concentración de gases de invernadero en la atmósfera del pasado analizando pequeñas burbujas de aire que han quedado atrapadas en el hielo polar por la acumulación de nieve. Varios estudios basados en muestras de diferentes localidades y realizados por distintos grupos de investigación, arrojan los mismos resultados, lo cual les confiere una gran fiabilidad.

En la estación antártica rusa Vostok, por ejemplo, el hielo que se encuentra a una profundidad de 3,300 metros tiene unos 400,000 años de edad, preservando de esta forma información de gran importancia acerca de la historia climática del planeta. Durante los últimos 400,000 años hubo cuatro largos períodos glaciales interrumpidos aproximadamente cada cien mil años por cortos períodos interglaciares cuyas temperaturas eran, en promedio, unos cinco grados Celsius más elevadas. Estos cambios globales responden a características generales de la órbita terrestre. Durante la última glaciación, el continente norteamericano quedó cubierto por una capa de hielo de un kilómetro de espesor que llegaba hasta la región de los grandes lagos. De igual forma gran parte de Europa se cubrió de hielo.

Los datos de Vostok, y de estaciones similares en Groenlandia, documentan una correlación clara entre la concentración de dióxido de carbono y metano por un lado, y la temperatura por el otro. El nivel actual de dióxido de carbono es más alto que en cualquier otro momento de los últimos 400,000 años.

El Holoceno, la era interglaciar en la cual nos encontramos, comenzó hace unos 11,800 años. Es una era relativamente estable y es sin duda parte de la razón por la cual surgió la agricultura y se establecieron diversas civilizaciones. Al comienzo del Holoceno el planeta se calentó en unos cinco grados Celsius y los cambios fueron de una magnitud descomunal. Se estima que se derretían 14,000 kilómetros cúbicos de hielo por año, (imagínese un cubo de agua de veinticinco kilómetros por lado) y el nivel del mar subió 140 metros en la transición.

Hace ocho mil doscientos años, en la parte norte del planeta el clima enfrió repentinamente por cinco grados Celsius en pocos años, estado que perduró por cien años, antes de regresar a la normalidad. También, al final de la última glaciación, al comienzo del Holoceno, ocurrió lo que se conoce como el “Dryas Reciente”, un período de unos mil años en el cual la temperatura promedio bajó repentinamente. Las Dryas son plantas que prosperan en el frío y se ha determinado que en esa época la distribución de su polen era muy extendida en las regiones de América del Norte y Europa, regiones que hoy son demasiado cálidas para que prosperen las Dryas. Ambos eventos abruptos ocurrieron en tiempos en los cuales la temperatura global estaba subiendo, tal como lo está haciendo en el presente. Se piensa que estos cambios abruptos están relacionados con inestabilidades en las gigantescas corrientes termohalinas oceánicas que distribuyen el calor que mayormente incide en zonas tropicales, hacia latitudes más altas. Europa sería un lugar inhóspito, más parecido a Siberia, si no fuera por la corriente del golfo. Preocupa a algunos la posibilidad de inducir un cambio abrupto calamitoso en esta época de creciente temperatura.

En el transcurso de los años se han acumulado millones de medidas de temperatura, realizadas por estaciones meteorológicas en la tierra y barcos en los mares. Mas recientemente, detectores montados en satélites y boyas marinas han aumentado la cantidad y calidad de los datos. Diferentes grupos de investigadores coinciden. Al promediar estos datos tomando en consideración su distribución geográfica y los cambios durante el año, se obtiene una medida de la temperatura global para el año y se ha constatado un aumento de casi un grado en los últimos cien años, crecimiento interrumpido por altos y bajos naturales, con un aumento más pronunciado comenzando a finales de 1970.  Quizá no parezca mucho, ya que a veces los cambios de temperatura de un día para otro son mucho mayores, pero la diferencia estriba en que estos últimos son cambios locales y no globales. La temperatura es hoy más alta que en cualquier momento de los últimos mil años.

La grafica muestra las medidas obtenidas por cuatro estudios independientes.
La grafica muestra las medidas obtenidas por cuatro estudios independientes.

Sí, el mundo se calienta y todo indica que el aumento del dióxido de carbono atmosférico y de otros gases de invernadero, producto de nuestras actividades es la causa. Otras observaciones corroboran este fenómeno, en particular el encogimiento sistemático de los glaciares del mundo, la disminución del área del hielo polar, y el lento aumento en el nivel del mar.

El Kilimanjaro, inmortalizado en la historia de Hemingway, es el pico más alto de África en el noreste de Tanzania a tan solo tres grados al sur del ecuador. Su altura de 19,335 pies (5895 metros) permite que en su cima se encuentren grandes glaciares que brillan bajo el intenso Sol tropical, dando origen a su nombre en el idioma Swahili: Kilima Njaro – Monte Brillante. La extensión de los glaciares en su cima se ha medido comenzando en el año 1912 comprobándose que desde entonces han perdido ochenta por ciento de su extensión, un tercio desde 1989. Como si fuera un gigantesco termómetro, el Kilimanjaro, nos confirma: la Tierra se calienta, por más que otros efectos locales también contribuyan a la desaparición del hielo.

El aumento de temperatura calculado en caso de que se duplicara la concentración de dióxido de carbono atmosférico se sitúa entre dos y cinco grados Celsius. La incertidumbre surge porque los modelos de un sistema tan complejo como el clima global dependen de un gran número de procesos, algunas no muy bien conocidos. Hay que conocer con gran detalle los complicados ciclos que acoplan procesos en los océanos, las masas continentales, la atmósfera y la biosfera.

Los datos indican que en el período interglacial previo al Holoceno, llamado Eemiense, ocurrido hace unos 140000 años, la temperatura fue de unos dos grados Celsius más elevada que en el presente y el nivel del mar fue unos cinco metros mas alto. No queremos llegar a condiciones similares. El nivel de los mares aumenta en parte por el hielo derretido, y en parte por la expansión termal de los océanos. Es posible que para el año 2100 el nivel de los océanos haya subido un metro. El número exacto dependerá del aumento de temperatura, pero afectará de un modo u otro a las áreas costeras, donde vive aproximadamente un tercio de la población mundial. En países como Bangladesh, ubicado en el delta de los ríos Ganges, Brahmaputra y Meghna, millones se verán seriamente afectados por el aumento de precipitación y el nivel del mar que periódicamente inunda la tierra.

Los patrones de precipitación también se verán alterados y esto causará problemas a la ya precaria producción agrícola con consecuencias difíciles de predecir, pero que de seguro agravarán los problemas que enfrentamos. Los casos de malaria, fiebre amarilla, dengue y cólera aumentarán como resultado de un clima más caluroso, lo cual complicará aun más nuestra frágil situación. Y de eso no nos salvará un dios y menos las armas nucleares.

La atmósfera no es solamente un recurso vital, es también un recurso único. Contrario a otros recursos o bienes tales como los minerales, el petróleo, bosques, etc, que pueden ser considerados propiedad de una nación, la atmósfera es un bien común que le pertenece a todas las formas de vida del planeta y todas las formas de vida necesitan de ella por igual. Su dinámica causa que sea igual para todos. Desde un punto de vista ético, cabe preguntarse qué derecho tiene una nación de dañar unilateralmente este recurso con repercusiones graves para todos y qué responsabilidad tiene esa nación de reparar el daño.

Los países industrializados y en particular EE.UU., emiten aproximadamente diez veces más dióxido de carbono que los países no desarrollados. La producción promedio de dióxido de carbono por persona en EE.UU. es mayor que 16 toneladas métricas por año, mientras que, por ejemplo, un ciudadano de la India emite en promedio un factor de diez menos. China emite 8 por habitante (y son muchos), habiendo aumentado sustancialmente en los últimos 15 años Serán justo los habitantes de los países que menos emiten, los más pobres, los que menos se podrán defender de las consecuencias causadas por esta contaminación. No hay razón, en principio, para aceptar este uso desigual de la atmósfera, aunque hay razones históricas que explican esta desigualdad. Pero el principio de que todos tienen derecho a una misma parte del recurso es un buen punto de partida para eventualmente llegar a una solución equitativa de este grave problema.

 

El mapa ilustra la situación en emisión por país en miles de toneladas métricas.
El mapa ilustra la situación en emisión por país en miles de toneladas métricas.

Mientras los científicos dan la voz de alarma, aquellos que más podrían hacer para buscar soluciones son parte del problema. Los EE.UU., con solo 4% de la población mundial, son responsables de un 15% de las emisiones a la atmósfera, pero actúan como si el problema no fuera de ellos. El gobierno de EE.UU parece no comprender que al final también les afectará, y prefiere actuar a corto plazo, aliado de la industria petrolera y del carbón, con la excusa de que los datos son inciertos y que se necesitan más estudios. Con los recientes cambios políticos la situación sin duda empeorará. Mientras tanto se propone que exploremos a Marte a un costo multibillonario para saber como fue su clima pasado y si hubo alguna vida allí. Si la hubo, no sobrevivió los cambios climáticos naturales ocurridos en Marte, y la pregunta que se debe hacer es cómo sobreviviremos aquí en la Tierra.

Existe otra razón por la cual es importante cambiar. En el presente la fracción mayor de energía se produce utilizando combustibles fósiles: petróleo, gas y carbón. ¡Cada día se queman ochenta millones de barriles, treinta mil millones al año!  Aunque es difícil estimar las reservas existentes, varios estudios indican que antes de que pasen cien años se acabarán las fuentes de petróleo y gas natural, y antes de esto, naturalmente, los costos irán en aumento a medida que se torne más difícil extraer las últimas gotas. Pero, además, utilizar hasta la última gota es suicidio. Cambiar nuestro uso de energía buscando alternativas, es por lo tanto no solamente una forma de prevenir cambios climáticos antropogenos, sino que es un imperativo para sobrevivir en un futuro no tan lejano. El cambio necesario es monumental, y por lo tanto comenzar ahora ya es tarde y la inercia es muy alta.

La reducción de las emisiones de gases de invernadero a cualquier costo debe convertirse en una de las máximas prioridades de cualquier gobierno, a pesar de las previsibles protestas y negativas por parte de aquellos que no quieren cambio, esencialmente porque están bien, y del escepticismo de unos pocos científicos, muchas veces financiados por estos mismos intereses industriales. Recordemos las expresiones de algunos que por mucho tiempo negaron que fumar causara daño a la salud, y de otros que opinaron que los clorofluorocarbonos no tenían nada que ver con el ozono atmosférico que casi nos lleva a una catástrofe. Siempre se recurre a sembrar la duda, que hay incertidumbre en algún resultado, y es cierto, la ciencia no puede estar totalmente segura, no lo sabe todo, pero algo sabe. Y aquellos que ignoran lo que la ciencia ha descubierto, o peor aún, opinan que la ciencia que no les conviene es errónea, son criminales intelectuales.

El Sol y Viento, son las dos fuentes de energía alterna más comunes, pero no son suficientes para resolver el problema por lo que descartar la energía nuclear por puro miedo no es razonable. Sobre cincuenta plantas nucleares suplen la mayoría de la energía eléctrica de Francia. Accidentes los hubo y los habrá, pero se pueden minimizar con controles estrictos y diseños modernos. Los accidentes de Chernóbil y de Fukushima causaron muertes y afectaron la salud de unos cuantos miles de personas. Pero no consideramos las muertes causadas por el aumento de temperatura global, difíciles de contabilizar, pero sin duda mucho mayores. Tampoco dejamos de volar en aviones porque algunos se accidenten.

La cruda realidad es que pocos en los países que más contribuyen al problema estarán dispuestos a cambiar sus estilos de vida drásticamente para resolver o al menos mitigar el problema. También esta claro que los más afectados no invadirán a los EE.UU. para obligarlos a que cesen con las prácticas que atentan contra la salud, bienestar y “seguridad nacional” de sus poblaciones. Solo queda entonces la persuasión, el argumentar claramente que esta futura calamidad afectará a toda tarde o temprano, “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición” (declaración de derechos humanos de la ONU) y que hay un imperativo ético que se debe acatar.

La humanidad se ha embarcado en un gigantesco experimento planetario, inyectando enormes cantidades de compuestos en la atmósfera. El sistema global es muy complejo pero lo que se vislumbra son malas noticias para la mayoría de los habitantes del planeta a los cuales ya no les va muy bien que digamos. Puedo escuchar el coro futuro de nuestros nietos que con tono acusador nos preguntan ¿Es esto lo que nos dejaron? Yo no estaré en el 2050 para ver si realmente sucedió lo que hoy vaticinamos. Pero de esto estoy seguro: Las nieves de la montaña más alta del África habrán desaparecido y pocos recordarán haber visto al Kilima Njaro.

One thought on “Las Nieves del Kilimanjaro

  1. Excelente artículo. Debe circular como requisito de lectura en la escuela, en la universidad y en la prensa.
    Sugiero que temas así, sean motivo de discusión en nuestros medios. Asi nos beneficiamos todos. Gracias.

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