Foto para no olvidar

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Mi sentimiento como cristiano me lleva como soldado a mi señor y salvador. Me lleva a aquel hombre, que una vez en soledad, rodeado solamente de unos pocos seguidores, reconoció a los Judíos por lo que eran, y los llamó a luchar contra ellos.

Adolf Hitler[1]

Stroop_Report_-_Warsaw_Ghetto_Uprising_06b

Es una de las fotos más conocidas de todas las relacionadas con el Holocausto[2] (del griego ὁλόκαυστον (holókauston): holos, “completo” y kaustos, “quemado”), o como otros prefieren llamar a esta historia el Shoah,  la matanza de sobre cinco millones de Judíos y otros “indeseables” por los Nazis entre 1940 y 1945 (en su mayoría Judíos de Polonia, Ucrania, Hungría y Rumania).

Miro esta  foto que capta la esencia del terror al que fueron sometidas millones de personas, nada más por ser distintos, por tener otras costumbres, y no puedo más que estremecerme. Mis ojos caen automáticamente sobre el niño flaquito, que pudiera tener ocho o diez años, con las manos en alto, con su miedo, con su no saber qué, ni porqué, pasa. Es curioso que el niño esta parado separado de los otros como si alguien hubiese dado la orden de “alto, manos arriba”. La mujer a su lado, cargando con sus pertenencias mira hacia los soldados de la SS (Schutzstaffel – Unidades de protección), quizá tratando de anticipar lo próximo: ¿Sería su madre o su tía?

La foto fue tomada en marzo-abril del 1943, hace ya 70 años. Forma parte de un informe preparado por el general de la  SS Jürgen Stroop[3] y enviado a su superior  Heinrich  Himmler (comandante supremo de la SS – Reichsführer SS), documentando con orgullo como había aplastado el levantamiento, a comienzos de 1943 (uno de los pocos actos de resistencia), de los que aun quedaban en el Gueto de Varsovia.

En el Gueto[4] de Varsovia, establecido en un sector de la ciudad por los alemanes en 1939 luego de la invasión de Polonia, vivían unos 450,000 judíos en condiciones atroces. El hambre, el frío y las enfermedades (sobre todo fiebre tifoidea) causaban una muy alta mortandad. Sobrevivían aglomerados en viejos edificios con un promedio de siete personas por habitación y rodeados por un muro de tres metros de altura que se construyó alrededor del recinto. En julio de 1942, como parte de la “Solución Final” planificada por Hitler y sus seguidores,  comenzó la deportación de los judíos del gueto al campo de exterminio de Treblinka. Un tren diario con no menos de 5000 personas en 50 vagones de carga, apretados como sardinas en lata, los llevaba en un viaje de cuatro horas hacia la muerte. Para finales del 1942 solamente quedaban unos 60,000 habitantes en el gueto.

En el documento de Stroop de 76 páginas con muchas fotos y lujo de detalles titulado “¡Ya no hay un barrio Judío en Varsovia!” (“Es gibt keinen jüdischen Wohnbezirk in Warschau mehr!“),  podemos leer en la página 9:

El 23 de abril de 1943, el Reichsführer SS (Himmler) ordenó la limpieza del gueto con la mayor dureza y  con tenacidad implacable. Por lo tanto, decidí  arrasar totalmente el barrio judío incendiando todos los edificios incluyendo los que se encontraban aledaños a las fábricas de armamento.

Un negocio tras otro fue sistemáticamente desalojado y luego destruido por fuego. Los judíos casi siempre salían de sus escondites. Pero no era inusual que permanecieran en los edificios en llamas hasta que el calor se tornaba insoportable y el miedo a morir calcinados les hiciera saltar de las ventanas, habiendo antes tirado colchones y otras cosas amortiguadoras a la calle. Luego trataban de arrastrarse con sus huesos rotos por la calle hacia edificios que no estaban incendiados. A veces cambiaban sus escondites en la noche regresando a las ruinas de edificios incendiados hasta ser encontrados por nuestros soldados.

Stroop Report 2/4 Record Group 038 United States Counsel for the Prosecution of Axis Criminality; United States Exhibits, 1933-46 HMS Asset Id: HF1-88454435 ReDiscovery Number: 06315

La “limpieza” del Gueto

Luego de una semana, la vida en los alcantarillados no era placentera. Muchas veces podíamos oír sus voces en las alcantarillas. Los hombres de la SS y los policías entraban con valor en los registros de las alcantarillas para capturar a estos judíos. En ocasiones tropezaban con cadáveres judíos, a veces les disparaban. Siempre utilizábamos granadas de humo para sacar a los judíos. Así, en una acción coordinada abrimos 183 registros y encendimos granadas de humo con el resultado que los bandidos, escapando de lo que tomaron como gas, corrieron hacia el centro de la población donde los pudimos capturar. Muchos judíos, que no se pudieron contar, fueron acabados en los canales  y escondites por medio de explosivos.

Solamente unos pocos centenares sobrevivieron para contar la historia. Al final de la revuelta el 16 de Mayo de 1943, los 56,000 judíos que quedaban fueron arrestados. Siete mil fueron fusilados directamente, el resto fue embarcado a los centros de exterminio. El gueto fue echado por tierra.

 

Stroop Report 2/4 Record Group 038 United States Counsel for the Prosecution of Axis Criminality; United States Exhibits, 1933-46 HMS Asset Id: HF1-88454435 ReDiscovery Number: 06315

Jürgen Stroop (“el líder de la gran operación”) con algunos de sus hombres posando sonrientes  para la foto mientras arde el gueto. A la derecha aparece Josef Blösche. El soldado  a su derecha es Heinrich Klaustermeyer.

Regresemos a la foto. Algunas de las personas que aparecen en la fotografía han podido ser identificadas: la niña a la izquierda que mira al fotógrafo es Hanka Lamet, y la mujer a su lado con un brazo en alto es su madre, Matylda Lamet Goldfinger. Fueron identificadas por su hermana,  Esther Grosbard-Lamet, residente de Miami Beach. Similarmente, otros parientes han identificado a Leo Kartuziński como el joven al fondo, con un bulto blanco sobre el hombro que parece ser una sábana anudada. A su izquierda, con su  mano derecha en alto se encuentra Golda Stavarowski, identificada por su nieta residente de Victoria (Australia). El soldado de la SS más cercano a la cámara, con su metralleta en mano es Josef Blösche (1912-1969 ejecutado en Leipzig) de 31 años, temido por los habitantes del gueto por violador y asesino. Junto a Heinrich Klaustermeyer se paseaba por el gueto, torturando y matando a quien le diera la gana.

Pero el flaquito con las manos en alto no ha podido ser identificado con certeza. Algunos dicen que se salvó de milagro – una historia de película –  que es Tzvi Nussbaum un médico de Nueva York. Pero el mismo Nussbaum declaró: “No estoy afirmando nada. No he buscado este honor. Creo que soy yo pero no puedo honestamente jurar que lo sea. Un millón y medio de niños judíos fueron ordenados a levantar las manos” Una residente de Varsovia, Jadwiga Piesecka, declaró en 1977 que el niño era Artur Dab Siemiatek, y en 1999 Abrahim Zelinwarger de Haifa, Israel, de 95 años de edad testificó que el niño era su hijo, Levi Zelinwarger. Nunca sabremos, quien era, pero si se salvó, no fue por milagro. Si por milagro entendemos una intervención divina, entonces ese milagro dejaría muy mal parada a la divinidad. ¿Si salvó al niño, porqué dejó que los Nazis mataran salvajemente a los otros?

Blösche siguió trabajando para la GESTAPO (contracción de Geheime Staatspolizei: “policía secreta del estado”) en Varsovia y sus alrededores. Al final de su valioso servicio en Varsovia, Blösche fue condecorado con la cruz de mérito de guerra con espadas. Luego huyó ante el avance del ejército soviético. Fue capturado en Mayo de 1945 pasando por varios campos de prisioneros de guerra soviéticos. En agosto de 1946 sufrió un accidente que le desfiguró la cara. En junio de 1947 se le dejó en libertad y fue a vivir en el pequeño pueblo de Urbach, en Turingia en la entonces República Democrática Alemana (RDA). Entre el 1948 y 1965 desempeño varios trabajos, se casó y tuvo dos hijos. Pero en 1961, un antiguo compañero de la SS que estaba siendo juzgado en Hamburgo, lo identificó, lo cual llevó eventualmente a su arresto en 1967, a pesar de su cara desfigurada. Se le siguió un juicio, con testimonios de algunos sobrevivientes del gueto de Varsovia, y fue encontrado culpable de crímenes de guerra y condenado a muerte. Su vida terminó con un tiro en la nuca el 29 de Julio de 1969. (Su compañero, Heinrich Klaustermeyer fue condenado a cadena perpetua en los juicios de Nüremberg)

Jürgen Stroop fue arrestado por los norteamericanos en mayo de 1945 y fue juzgado por el Tribunal Militar Internacional en Dachau. El 21 de marzo de 1947 fue declarado responsable de una serie de ejecuciones ilegales de tropas aerotransportadas estadounidenses en Alemania y condenado a muerte. No obstante, inmediatamente después fue extraditado a Polonia, donde fue juzgado de nuevo, esta vez por crímenes cometidos contra los polacos. Fue declarado culpable, y el 6 de marzo de 1952 fue ahorcado en la prisión Mikotow de Varsovia.

En un discurso frente a sus oficiales de la SS el 4 de octubre de 1943, Heinrich Himmler declaraba: Tenemos el derecho moral, teníamos el deber hacia nuestro pueblo de matar, a ese pueblo que nos quería matar […] Hemos realizado esta, la más difícil labor por amor a nuestro pueblo. Y no hemos recibido daño a nuestro interior, a nuestra alma, a nuestro carácter [5]

En el invierno de 1945, Himmler buscó salvar su pellejo tratando de conseguir un acuerdo de paz con los norteamericanos, pero sus intentos fueron infructuosos. Trató de huir disfrazándose, pero fue capturado por un sargento del ejército británico el 22 de mayo de 1945. Fue puesto en la lista de acusados para los juicios de Nuremberg, pero antes de comenzar su interrogatorio mordió una cápsula de cianuro que llevaba escondida entre sus dientes, concluyendo así la vida de una de las figuras más viles de la historia.

Aquellos como Josef Blösche tendrían hoy sobre noventa años. Ya la mayoría habrán muerto, ya no quedan muchos asesinos Nazis en el mundo. Ya puedo viajar en un autobús en Alemania sin preguntarme, como lo hacía hace veinte años cada vez que subía un anciano, qué habría hecho durante la guerra. Pero no crea que por eso podemos respirar tranquilos. Aunque los alemanes se creían especiales y superiores no lo eran. Eran iguales a todos, angustiosamente iguales a nosotros. Exceptuando al ocasional criminal sádico, estos miles de hombres y mujeres que participaron en el Shoah eran normales, igual de normales que los torturadores de las dictaduras del cono sur latinoamericano, igual de normales que los soldados que hoy se encuentran en Irak y Afganistán, igual de normales que aquellos que en tiempos conflictivos han torturado, violado y asesinado impunemente a otros humanos. Al final de un arduo día de “trabajo” regresaban a sus hogares y luego de la cena besaban a sus hijos deseándoles que soñaran con angelitos. Por eso no podemos olvidar. Y menos podemos olvidar a las victimas, para no matarlas por segunda vez.

Stroop_Report_-_Warsaw_Ghetto_Uprising_10

Camino al Umschlagsplatz. Un grupo de residentes del gueto de Varsovia escoltados por la SS para ser enviados al campo de exterminio. La mujer al frente ha sido identificada como Yehudit Neyer, acompañada de su suegra y su hijita. Detrás de la niña su padre: Avraham Neyer. De los cuatro, solamente Avraham sobrevivió.

Miro la foto otra vez, pero ahora mis ojos escudriñan a los otros. Veo seis o siete mujeres de mediana edad, igual número de hombres, la cara de un pequeño y su manito en alto asoma por detrás de Leo Kartuziński con su bulto blanco, y frente a él, otro niño de doce a quince años mira algo a su derecha. Mis ojos caen ahora sobre la cara dulce de la pequeña Hanka Lamet y regreso al niño flaquito con las manos arriba. Hay desconcierto, cada uno mira en distintas direcciones, aunque llama la atención que la mujer en primer plano, como también Golda Stavarowski parecen mirar a Blösche. ¿Lo conocían? Los cinco soldados de la SS no parecen estar haciendo mucho, pero no sabemos que es lo que había del lado del fotógrafo.

¿Qué pasó con ellos? Lo más probable es que los llevaron escoltados, como a tantos otros, hasta la estación de tren (Umschlagsplatz – palabra cuya mera mención causaba escalofríos). Allí los montaron en un tren de carga, en un vagón claustrofóbico, parados sin saber a dónde los transportaban aunque muchos lo sospechaban. Luego de un viaje de unas cuatro horas llegaron a la estación “Treblinka“. Al bajarse del tren un oficial de la SS les informó que habían llegado a un campo de refugiados en tránsito, y se les condujo, luego de que entregaran todas sus pertenencias, a dos barracas – hombres a una, mujeres y niños a otra. Supervisados por un grupo especial de prisioneros judíos (los sonderkommandos – cuyo castigo era peor que la muerte), se les ordenó desnudarse y ordenar su ropa para recogerla más tarde.  Luego se les ordenó dirigirse a las duchas y caminaron desnudos y presurosos, sin sentir el intenso frío invernal, por un camino con un cartel que decía “hacia las duchas”. Me imagino a la pequeña Hanka desnuda y con frío aferrada de la mano de su madre. Me consuela pensar que el flaquito tampoco caminó solito, que también iba de la mano de alguien, posiblemente de esa que podría haber sido su madre o tía. Una vez dentro, la puerta se cerró herméticamente y a la orden de “Ivan, agua” un motor diesel que se encontraba fuera del edificio bombeó monóxido de carbono al interior. (En Treblinka se mataba con CO2 en vez de Zyklon B utilizado en las cámaras de gas de Auschwitz)  A la media hora los sonderkommandos abrieron la puerta para retirar los cadáveres. ¿Y dónde estaba Dios?

 

[1] Discurso de Hitler. Munich,  abril 12 de 1922 “Mein Gefühl als Christ führt mich als Kämpfer zu meinem Herrn und Heiland. Es führt mich zu jenem Mann, der einst in der Einsamkeit, umgeben nur von wenigen Gefolgsleuten, die Juden als das erkannte, was sie waren und der die Männer zum Kampf gegen sie zusammenrief…

[2] Un estudio detallado de la foto y sus circunstancias se encuentra en Richard Raskin (2004). A Child at Gunpoint: A Case Study in the Life of a Photo. Aarhus University Press. (Dinamarca).

[3] http://www.holocaust-history.org/works/stroop-report/htm/intro000.htm

[4] Los primeros Guetos para separar a la población Judía se establecieron en Italia en el siglo XVI para albergar a una creciente población de Judíos expulsados de España en 1492.

[5] Wir haben das moralische Recht, wir hatten die Pflicht unserem Volk gegenüber das zu tun, dieses Volk, das uns umbringen wollte, umzubringen. […] Wir haben diese schwerste Aufgabe in Liebe zu unserem Volk getan. Und wir haben keinen Schaden in unserem Innern, in unserer Seele, in unserem Charakter daran genommen…”

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