Lección de Física en Mpumalanga

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El truco de volar es aprender cómo tirarse al suelo y fallar.

Douglas Adams

 

C15-08-2015%20203ierre los ojos y diga pausadamente: “África”. La palabra evocará nombres con sabor a aventura: Sahara, Kilimanjaro, Kalahari, Massai, Congo. Evocará frases como: “Doctor. Livingstone, I presume?”, primeras palabras del periodista Henry Stanley al encontrar, luego de una búsqueda de muchos meses, al desaparecido explorador David Livingstone en Ujiji, en la ribera del lago Tanganica. O también la que Bogart no dijo en Casablanca, Marruecos: “Play it again Sam”.

Evocará imágenes de animales salvajes, desiertos atravesados por caravanas de camellos en silueta frente a un gigantesco sol rojo poniente, montañas verdes de las cuales se precipitan rugientes y altas caídas de agua y vastas extensiones de sabana por las cuales corren populosas manadas de impalas levantando nubes de polvo amarillento. Cierre los ojos y verá costas de mar agitado en las cuales los vientos nunca descansan y bajo cuyas aguas yacen los restos de osados marinos de siglos pasados: El Cabo de Buena Esperanza. Tendrá visiones de ritos mágicos y danzas ceremoniales, vestimentas coloridas, caras pintadas, música de percusión y lamento: Ladysmith Black Mambazo. África es un continente de vasta diversidad, de magnífica fauna y geografía, de gran riqueza cultural. África es un continente con aire de misterio.

África es también un continente de violencia, hambre, horror y tristeza. Cierre los ojos otra vez y ahora surgirán imágenes de niños hambrientos que se quitan grandes moscas negras de la boca y te miran con ojos grandes que parecen preguntar ¿porqué? Imágenes de tierra seca y resquebrajada de la cual apenas puede germinar un yuyo raquítico. Imágenes de cuerpos masacrados a machetazos o por AK47, resultado de alguna lucha tribal o política: Fango ensangrentado.

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Blyde River Canyon en Mpumalanga. (Foto: Alonso)

De África surgió hace decenas de miles de años un grupo de nuestra especie Homo sapiens, para conquistar el mundo. Todos somos africanos, hijos de una Eva negra que vivió allí hace unos 150,000 años, según lo estiman aquellos que estudian la estructura de la molécula de ADN del pequeño cromosoma mitocondrial (ADNmt). Un hecho que le da un nuevo significado al refrán: “el que no tiene dinga, tiene mandinga”.

Las mitocondrias son estructuras microscópicas que se encuentran en nuestras células y tienen la importante función de producir energía. La molécula de ADN es una hebra doble compuesta por una secuencia de cuatro bases distintas que se parean de forma específica. Esta secuencia contiene información genética de forma análoga a la secuencia de letras que forman palabras. Cuando una base es sustituida por otra en el proceso de copia al reproducirse una célula, o por otras razones, ocurre una mutación que modifica la información genética. El cambio puede ser dañino o simplemente neutro y en raras ocasiones beneficioso.

El ADNmt es relativamente pequeño, con 16569 pares de bases comparado con las sobre tres mil millones del ADN nuclear. Solamente se hereda por parte de la madre, es decir que el ADN mitocondrial de una persona es casi igual al de su madre, el cual es casi igual al de su abuela y así sucesivamente. Si no fuera por mutaciones que poco a poco, con el correr de las generaciones, cambian su estructura, todo el ADNmt sería idéntico al de aquella Eva, nuestra madre primigenia, la mía y la tuya. Pero a medida que, con el transcurso del tiempo, se acumulan los cambios causados por estas mutaciones la estructura del ADNmt se diferencia cada vez más de su forma original.

Este hecho permite reconstruir los parentescos prehistóricos del Homo sapiens, comparando la estructura del ADNmt de diversas poblaciones en diferentes continentes. Si la diversidad genética que se observa en una población es amplia, deducimos que han pasado muchas generaciones desde que se estableció esa población, y que la población es más antigua que una para la cual la diversidad observada en el ADNmt es menor. El ADNmt de las poblaciones africanas muestran el mayor grado de diversidad por lo que se concluye que son las más antiguas. Con un estimado de la rapidez con la cual se acumulan las mutaciones es posible estimar el tiempo transcurrido. De ahí los 150,000 años arriba mencionados. Hace unos cien mil años migramos de África hacia Asia y desde Medio Oriente conquistamos Europa hace unos cincuenta mil años. Desde el otro extremo de Asia también pasamos a América hace unos treinta y cinco mil años. Todo esto nos lo dice una microscópica molécula que se encuentra en nuestras células, estudiadas a la luz de lo que descubrió Darwin.

La provincia de Mpumalanga se encuentra al noreste de Sudáfrica cerca de Mozambique. Allí me encontré un día hace unos años en la escuela secundaria Kganane, una escuela cerca del hermoso paraje de Pilgrims Rest y de las vistas majestuosas del Blyde River Canyon, con riscos de mil metros de altura y caídas de agua espectaculares. Fui a un congreso en el Observatorio de la ciudad del Cabo, y luego a visitar algo más de ese hermoso y misterioso país, incluyendo una escuela rural.

La escuelita en Mpumalanga
La escuelita en Mpumalanga

La escuela consiste de cuatro edificios de ladrillo con techo de zinc. Forman un

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El doctor José Alonso explica algo “grande”…

rectángulo en cuyo interior, también de forma rectangular hay una plazoleta con yerbajos que han conquistado lo que tal vez en una época fuera un césped.  Para ellos era un día especial. Vaya a saber cuándo fue la última vez que los eventos les hicieron sentirse importantes, que, aunque estaban ubicados en el medio de la nada había un mundo allí afuera que no los ignoraba por completo. Algunos de los alumnos de la escuela vienen de parajes lejanos y caminan una hora todos los días para llegar a ella. Allí nos esperaban en ese sitio de muchas incongruencias, deseosos de compartir con los forasteros que venían a contarles una historia del universo. En la escuela se les enseña la estructura de la célula, con su núcleo y sus cromosomas y el citoplasma con las mitocondrias que contienen la historia humana.

De África también viene otra estructura microscópica que ha causado y causa mucho sufrimiento: el virus del HIV que con el tiempo lleva al SIDA. África subsahariana es la peor afectada con sobre 25 millones de personas infectadas (de un total de 37 millones).

Por mucho tiempo, durante la presidencia de Sudáfrica de Thabo Mbeki (entre 1999 y 2008) las autoridades rechazaban al virus como causante del HIV, apoyándose en que algunos científicos así lo mantenían (entre ellos un premio Nobel – Kary Mullis). El entonces ministro de salud, Manto Tshabalala-Msimang, recomendaba una dieta de ajo, aceite de oliva y limón para curarse. Y así murieron muchos. La falta de conocimiento científico de parte de muchos políticos en un mundo que es científico-técnico es inadmisible.

Sudáfrica tiene una de las tasas más altas de prevalencia (12% de su población) y en la calle se piensa que para quitarse la infección de VIH basta hacer el amor con una virgen. Terrible mito. Comparado con el HIV, que apenas sale en los diarios, el virus del Ébola es un nene de teta. Aunque ya ni es noticia que cada año el HIV mata  un millón y medio de personas en el mundo no se olvide: el HIV está entre nosotros.

No recuerdo su nombre, pero sí que era alto y de ojos verde claro lo cual lo distinguía de los demás. Me haló de un brazo y me arrinconó frente a la pizarra que no era otra cosa que pintura verde sobre la pared. ¿Por qué vuela?, fue su pregunta, la cual me repitió un par de veces hasta yo entender de lo que se trataba. Yo había llegado en avión, él sabía eso, y yo debería de poder explicarle porqué vuela. También sabía, quizá por intuición, que todo cae a tierra a menos que una fuerza lo mantenga allí arriba. De ahí su pregunta. Intenté explicar algo que en realidad es bastante complicado.

Primero le dije que el aire al igual que el agua era un fluido y que el fluido afectaba la forma en la cual un objeto se desplazaba por su interior. Continué diciendo que el estudio de esto comenzó con una obra titulada “Hidrodinámica” publicada por un matemático suizo de nombre Daniel Bernoulli en 1738. No le dije esto como lección de historia sino mas bien como un nombre que suena interesante y ajeno, un nombre para que él pudiera anclar sus pensamientos. Le expliqué que tanto el agua como el aire se dividen y fluyen a lo largo de la superficie del objeto que se mueve. Le dije que habría notado que cuando se zambulle el agua recorre la superficie de su cuerpo, que necesita impulsarse para nadar y que el agua lo frenará si no lo hace, es decir que hay fricción con el agua, al igual que hay fricción con el aire que frena su progreso en bicicleta. Hasta ahí no tuve problema.

Luego traté de explicar lo más importante, el hecho que, si el aire fluye a lo largo de una superficie y si en algún punto fluye a mayor velocidad, entonces allí la presión es más baja. Esto se puede explicar como consecuencia de la física de Newton y verificar experimentalmente, y lleva el nombre de principio de Bernoulli, pero no es algo intuitivo. No me entendió y tuve que volver atrás, explicando eso de presión. Le dije que la presión era la fuerza por unidad de área, y traté de ilustrarlo empujándolo con mi mano, con más y con menos fuerza.  Le dije que, si un objeto volaba girando en el aire, como una pelota de fútbol, entonces volaba en una curva porque el aire pasaba por un lado de la pelota a mayor velocidad que del lado opuesto. Esto se debe a que el aire cercano a la superficie de la pelota se mueve junto con la superficie por su viscosidad. Si uno pone a girar un tubo en la miel notará que cerca del tubo ésta también gira. El había pateado pelotas de fútbol y sabía cómo el “efecto” las hacía volar en una curva, una “comba” o “chanfle” como dicen algunos comentaristas. El efecto es igual de importante en el juego de pelota, tenis y ping pong. Bien, me dije, estoy progresando. Usé una bola de papel girándola y moviéndola para que viera que un lado sentiría un viento más rápido que el otro. Entonces, según Bernoulli, la presión sobre un lado de la pelota sería menor que sobre el lado opuesto resultando que se desvíe de la trayectoria que seguiría si no estuviera girando. No le quedó más remedio que aceptar mi explicación y pude continuar al avión.

El ala de un avión tiene superficies diseñadas de tal forma que, al moverse el avión, el aire fluye por la parte superior del ala a mayor velocidad que por la parte inferior, por un efecto que es similar al que usamos cuando con el dedo tapamos la boca de la manga para que así el agua salga con mayor velocidad y llegue más lejos. El resultado según el principio de Bernoulli es que la presión (la fuerza por unidad de área sobre el ala) en la parte superior es menor que la presión en la parte inferior resultando en una fuerza neta hacia arriba la cual permite que el avión vuele. De paso podemos notar dos casos extremos. Si el avión no se mueve con suficiente rapidez o deja de moverse ya no habrá suficiente flujo de aire ni diferencia de presión y el avión no podrá mantener su vuelo, con consecuencias algo desagradables para los ocupantes del mismo. Tampoco es posible que el avión vuele más alto que un cierto límite ya que la atmósfera se enrarece con la altura y no será lo suficientemente densa como para que el efecto de Bernoulli surta efecto.

En la realidad las cosas se complican ya que hay efectos adicionales que tienen que ver con turbulencia y viscosidad del aire y el ángulo de ataque del ala en vuelo, es decir el ángulo entre la dirección en que viaja el avión y el ala, pero la razón por la cual vuela el avión o se mueve un velero hacía el viento se explica por el principio de Bernoulli. En el caso del velero, la vela funciona como un ala. El viento pasa por la parte exterior de la vela siguiendo su contorno curvo a mayor velocidad que por la parte interior, lo cual produce la diferencia de presión que hala al bote.

Finalmente le hice una demostración, ya que no hay nada mejor que ver cómo es que algo funciona, que apreció con una amplia sonrisa. Tomé una hojita, como de la mitad del tamaño de una hoja de una libreta y sosteniéndola con ambas manos por dos esquinas la acerqué a mi boca algo por debajo de mis labios de tal forma que yo pudiera soplar por encima de la hoja, que naturalmente se doblaba hacia abajo. Al soplar, la hoja se elevó. Mi amigo también lo intentó y quedó encantado con esta sencilla demostración del efecto de Bernoulli, efecto del aire moviéndose sobre una superficie. Eso es la esencia del ala del avión o de la vela del velero.

Han pasado los años y tuve un sueño. En la pantalla del pequeño cine que ocupa mi mente un avión vuela por sobre la escabrosa tierra sudafricana, donde el SIDA ha dejado de ser un problema. Sueño que un señor alto y de ojos verde claro viaja en ese avión. Sueño que impulsado por su curiosidad ese muchacho logró salir de su pueblo en Mpumalanga y vuela alto. Que logró, por su diligencia, sus ganas de vivir y algo de suerte (la suerte siempre es un factor en la ecuación de la vida) salir adelante contra las probabilidades.  Veo su cara reflejada en la ventanilla de ese avión del futuro mientras mira como las alas resplandecientes cortan las nubes. Veo sus dientes blancos ya que sonríe porque sabe qué es lo que lo mantiene allí arriba. Sonríe ya que se acuerda de Bernoulli, de la hojita de papel, y de aquella lección de física en Mpumalanga.

 

Foto para no olvidar

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Mi sentimiento como cristiano me lleva como soldado a mi señor y salvador. Me lleva a aquel hombre, que una vez en soledad, rodeado solamente de unos pocos seguidores, reconoció a los Judíos por lo que eran, y los llamó a luchar contra ellos.

Adolf Hitler[1]

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Es una de las fotos más conocidas de todas las relacionadas con el Holocausto[2] (del griego ὁλόκαυστον (holókauston): holos, “completo” y kaustos, “quemado”), o como otros prefieren llamar a esta historia el Shoah,  la matanza de sobre cinco millones de Judíos y otros “indeseables” por los Nazis entre 1940 y 1945 (en su mayoría Judíos de Polonia, Ucrania, Hungría y Rumania).

Miro esta  foto que capta la esencia del terror al que fueron sometidas millones de personas, nada más por ser distintos, por tener otras costumbres, y no puedo más que estremecerme. Mis ojos caen automáticamente sobre el niño flaquito, que pudiera tener ocho o diez años, con las manos en alto, con su miedo, con su no saber qué, ni porqué, pasa. Es curioso que el niño esta parado separado de los otros como si alguien hubiese dado la orden de “alto, manos arriba”. La mujer a su lado, cargando con sus pertenencias mira hacia los soldados de la SS (Schutzstaffel – Unidades de protección), quizá tratando de anticipar lo próximo: ¿Sería su madre o su tía?

La foto fue tomada en marzo-abril del 1943, hace ya 70 años. Forma parte de un informe preparado por el general de la  SS Jürgen Stroop[3] y enviado a su superior  Heinrich  Himmler (comandante supremo de la SS – Reichsführer SS), documentando con orgullo como había aplastado el levantamiento, a comienzos de 1943 (uno de los pocos actos de resistencia), de los que aun quedaban en el Gueto de Varsovia.

En el Gueto[4] de Varsovia, establecido en un sector de la ciudad por los alemanes en 1939 luego de la invasión de Polonia, vivían unos 450,000 judíos en condiciones atroces. El hambre, el frío y las enfermedades (sobre todo fiebre tifoidea) causaban una muy alta mortandad. Sobrevivían aglomerados en viejos edificios con un promedio de siete personas por habitación y rodeados por un muro de tres metros de altura que se construyó alrededor del recinto. En julio de 1942, como parte de la “Solución Final” planificada por Hitler y sus seguidores,  comenzó la deportación de los judíos del gueto al campo de exterminio de Treblinka. Un tren diario con no menos de 5000 personas en 50 vagones de carga, apretados como sardinas en lata, los llevaba en un viaje de cuatro horas hacia la muerte. Para finales del 1942 solamente quedaban unos 60,000 habitantes en el gueto.

En el documento de Stroop de 76 páginas con muchas fotos y lujo de detalles titulado “¡Ya no hay un barrio Judío en Varsovia!” (“Es gibt keinen jüdischen Wohnbezirk in Warschau mehr!“),  podemos leer en la página 9:

El 23 de abril de 1943, el Reichsführer SS (Himmler) ordenó la limpieza del gueto con la mayor dureza y  con tenacidad implacable. Por lo tanto, decidí  arrasar totalmente el barrio judío incendiando todos los edificios incluyendo los que se encontraban aledaños a las fábricas de armamento.

Un negocio tras otro fue sistemáticamente desalojado y luego destruido por fuego. Los judíos casi siempre salían de sus escondites. Pero no era inusual que permanecieran en los edificios en llamas hasta que el calor se tornaba insoportable y el miedo a morir calcinados les hiciera saltar de las ventanas, habiendo antes tirado colchones y otras cosas amortiguadoras a la calle. Luego trataban de arrastrarse con sus huesos rotos por la calle hacia edificios que no estaban incendiados. A veces cambiaban sus escondites en la noche regresando a las ruinas de edificios incendiados hasta ser encontrados por nuestros soldados.

Stroop Report 2/4 Record Group 038 United States Counsel for the Prosecution of Axis Criminality; United States Exhibits, 1933-46 HMS Asset Id: HF1-88454435 ReDiscovery Number: 06315

La “limpieza” del Gueto

Luego de una semana, la vida en los alcantarillados no era placentera. Muchas veces podíamos oír sus voces en las alcantarillas. Los hombres de la SS y los policías entraban con valor en los registros de las alcantarillas para capturar a estos judíos. En ocasiones tropezaban con cadáveres judíos, a veces les disparaban. Siempre utilizábamos granadas de humo para sacar a los judíos. Así, en una acción coordinada abrimos 183 registros y encendimos granadas de humo con el resultado que los bandidos, escapando de lo que tomaron como gas, corrieron hacia el centro de la población donde los pudimos capturar. Muchos judíos, que no se pudieron contar, fueron acabados en los canales  y escondites por medio de explosivos.

Solamente unos pocos centenares sobrevivieron para contar la historia. Al final de la revuelta el 16 de Mayo de 1943, los 56,000 judíos que quedaban fueron arrestados. Siete mil fueron fusilados directamente, el resto fue embarcado a los centros de exterminio. El gueto fue echado por tierra.

 

Stroop Report 2/4 Record Group 038 United States Counsel for the Prosecution of Axis Criminality; United States Exhibits, 1933-46 HMS Asset Id: HF1-88454435 ReDiscovery Number: 06315

Jürgen Stroop (“el líder de la gran operación”) con algunos de sus hombres posando sonrientes  para la foto mientras arde el gueto. A la derecha aparece Josef Blösche. El soldado  a su derecha es Heinrich Klaustermeyer.

Regresemos a la foto. Algunas de las personas que aparecen en la fotografía han podido ser identificadas: la niña a la izquierda que mira al fotógrafo es Hanka Lamet, y la mujer a su lado con un brazo en alto es su madre, Matylda Lamet Goldfinger. Fueron identificadas por su hermana,  Esther Grosbard-Lamet, residente de Miami Beach. Similarmente, otros parientes han identificado a Leo Kartuziński como el joven al fondo, con un bulto blanco sobre el hombro que parece ser una sábana anudada. A su izquierda, con su  mano derecha en alto se encuentra Golda Stavarowski, identificada por su nieta residente de Victoria (Australia). El soldado de la SS más cercano a la cámara, con su metralleta en mano es Josef Blösche (1912-1969 ejecutado en Leipzig) de 31 años, temido por los habitantes del gueto por violador y asesino. Junto a Heinrich Klaustermeyer se paseaba por el gueto, torturando y matando a quien le diera la gana.

Pero el flaquito con las manos en alto no ha podido ser identificado con certeza. Algunos dicen que se salvó de milagro – una historia de película –  que es Tzvi Nussbaum un médico de Nueva York. Pero el mismo Nussbaum declaró: “No estoy afirmando nada. No he buscado este honor. Creo que soy yo pero no puedo honestamente jurar que lo sea. Un millón y medio de niños judíos fueron ordenados a levantar las manos” Una residente de Varsovia, Jadwiga Piesecka, declaró en 1977 que el niño era Artur Dab Siemiatek, y en 1999 Abrahim Zelinwarger de Haifa, Israel, de 95 años de edad testificó que el niño era su hijo, Levi Zelinwarger. Nunca sabremos, quien era, pero si se salvó, no fue por milagro. Si por milagro entendemos una intervención divina, entonces ese milagro dejaría muy mal parada a la divinidad. ¿Si salvó al niño, porqué dejó que los Nazis mataran salvajemente a los otros?

Blösche siguió trabajando para la GESTAPO (contracción de Geheime Staatspolizei: “policía secreta del estado”) en Varsovia y sus alrededores. Al final de su valioso servicio en Varsovia, Blösche fue condecorado con la cruz de mérito de guerra con espadas. Luego huyó ante el avance del ejército soviético. Fue capturado en Mayo de 1945 pasando por varios campos de prisioneros de guerra soviéticos. En agosto de 1946 sufrió un accidente que le desfiguró la cara. En junio de 1947 se le dejó en libertad y fue a vivir en el pequeño pueblo de Urbach, en Turingia en la entonces República Democrática Alemana (RDA). Entre el 1948 y 1965 desempeño varios trabajos, se casó y tuvo dos hijos. Pero en 1961, un antiguo compañero de la SS que estaba siendo juzgado en Hamburgo, lo identificó, lo cual llevó eventualmente a su arresto en 1967, a pesar de su cara desfigurada. Se le siguió un juicio, con testimonios de algunos sobrevivientes del gueto de Varsovia, y fue encontrado culpable de crímenes de guerra y condenado a muerte. Su vida terminó con un tiro en la nuca el 29 de Julio de 1969. (Su compañero, Heinrich Klaustermeyer fue condenado a cadena perpetua en los juicios de Nüremberg)

Jürgen Stroop fue arrestado por los norteamericanos en mayo de 1945 y fue juzgado por el Tribunal Militar Internacional en Dachau. El 21 de marzo de 1947 fue declarado responsable de una serie de ejecuciones ilegales de tropas aerotransportadas estadounidenses en Alemania y condenado a muerte. No obstante, inmediatamente después fue extraditado a Polonia, donde fue juzgado de nuevo, esta vez por crímenes cometidos contra los polacos. Fue declarado culpable, y el 6 de marzo de 1952 fue ahorcado en la prisión Mikotow de Varsovia.

En un discurso frente a sus oficiales de la SS el 4 de octubre de 1943, Heinrich Himmler declaraba: Tenemos el derecho moral, teníamos el deber hacia nuestro pueblo de matar, a ese pueblo que nos quería matar […] Hemos realizado esta, la más difícil labor por amor a nuestro pueblo. Y no hemos recibido daño a nuestro interior, a nuestra alma, a nuestro carácter [5]

En el invierno de 1945, Himmler buscó salvar su pellejo tratando de conseguir un acuerdo de paz con los norteamericanos, pero sus intentos fueron infructuosos. Trató de huir disfrazándose, pero fue capturado por un sargento del ejército británico el 22 de mayo de 1945. Fue puesto en la lista de acusados para los juicios de Nuremberg, pero antes de comenzar su interrogatorio mordió una cápsula de cianuro que llevaba escondida entre sus dientes, concluyendo así la vida de una de las figuras más viles de la historia.

Aquellos como Josef Blösche tendrían hoy sobre noventa años. Ya la mayoría habrán muerto, ya no quedan muchos asesinos Nazis en el mundo. Ya puedo viajar en un autobús en Alemania sin preguntarme, como lo hacía hace veinte años cada vez que subía un anciano, qué habría hecho durante la guerra. Pero no crea que por eso podemos respirar tranquilos. Aunque los alemanes se creían especiales y superiores no lo eran. Eran iguales a todos, angustiosamente iguales a nosotros. Exceptuando al ocasional criminal sádico, estos miles de hombres y mujeres que participaron en el Shoah eran normales, igual de normales que los torturadores de las dictaduras del cono sur latinoamericano, igual de normales que los soldados que hoy se encuentran en Irak y Afganistán, igual de normales que aquellos que en tiempos conflictivos han torturado, violado y asesinado impunemente a otros humanos. Al final de un arduo día de “trabajo” regresaban a sus hogares y luego de la cena besaban a sus hijos deseándoles que soñaran con angelitos. Por eso no podemos olvidar. Y menos podemos olvidar a las victimas, para no matarlas por segunda vez.

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Camino al Umschlagsplatz. Un grupo de residentes del gueto de Varsovia escoltados por la SS para ser enviados al campo de exterminio. La mujer al frente ha sido identificada como Yehudit Neyer, acompañada de su suegra y su hijita. Detrás de la niña su padre: Avraham Neyer. De los cuatro, solamente Avraham sobrevivió.

Miro la foto otra vez, pero ahora mis ojos escudriñan a los otros. Veo seis o siete mujeres de mediana edad, igual número de hombres, la cara de un pequeño y su manito en alto asoma por detrás de Leo Kartuziński con su bulto blanco, y frente a él, otro niño de doce a quince años mira algo a su derecha. Mis ojos caen ahora sobre la cara dulce de la pequeña Hanka Lamet y regreso al niño flaquito con las manos arriba. Hay desconcierto, cada uno mira en distintas direcciones, aunque llama la atención que la mujer en primer plano, como también Golda Stavarowski parecen mirar a Blösche. ¿Lo conocían? Los cinco soldados de la SS no parecen estar haciendo mucho, pero no sabemos que es lo que había del lado del fotógrafo.

¿Qué pasó con ellos? Lo más probable es que los llevaron escoltados, como a tantos otros, hasta la estación de tren (Umschlagsplatz – palabra cuya mera mención causaba escalofríos). Allí los montaron en un tren de carga, en un vagón claustrofóbico, parados sin saber a dónde los transportaban aunque muchos lo sospechaban. Luego de un viaje de unas cuatro horas llegaron a la estación “Treblinka“. Al bajarse del tren un oficial de la SS les informó que habían llegado a un campo de refugiados en tránsito, y se les condujo, luego de que entregaran todas sus pertenencias, a dos barracas – hombres a una, mujeres y niños a otra. Supervisados por un grupo especial de prisioneros judíos (los sonderkommandos – cuyo castigo era peor que la muerte), se les ordenó desnudarse y ordenar su ropa para recogerla más tarde.  Luego se les ordenó dirigirse a las duchas y caminaron desnudos y presurosos, sin sentir el intenso frío invernal, por un camino con un cartel que decía “hacia las duchas”. Me imagino a la pequeña Hanka desnuda y con frío aferrada de la mano de su madre. Me consuela pensar que el flaquito tampoco caminó solito, que también iba de la mano de alguien, posiblemente de esa que podría haber sido su madre o tía. Una vez dentro, la puerta se cerró herméticamente y a la orden de “Ivan, agua” un motor diesel que se encontraba fuera del edificio bombeó monóxido de carbono al interior. (En Treblinka se mataba con CO2 en vez de Zyklon B utilizado en las cámaras de gas de Auschwitz)  A la media hora los sonderkommandos abrieron la puerta para retirar los cadáveres. ¿Y dónde estaba Dios?

 

[1] Discurso de Hitler. Munich,  abril 12 de 1922 “Mein Gefühl als Christ führt mich als Kämpfer zu meinem Herrn und Heiland. Es führt mich zu jenem Mann, der einst in der Einsamkeit, umgeben nur von wenigen Gefolgsleuten, die Juden als das erkannte, was sie waren und der die Männer zum Kampf gegen sie zusammenrief…

[2] Un estudio detallado de la foto y sus circunstancias se encuentra en Richard Raskin (2004). A Child at Gunpoint: A Case Study in the Life of a Photo. Aarhus University Press. (Dinamarca).

[3] http://www.holocaust-history.org/works/stroop-report/htm/intro000.htm

[4] Los primeros Guetos para separar a la población Judía se establecieron en Italia en el siglo XVI para albergar a una creciente población de Judíos expulsados de España en 1492.

[5] Wir haben das moralische Recht, wir hatten die Pflicht unserem Volk gegenüber das zu tun, dieses Volk, das uns umbringen wollte, umzubringen. […] Wir haben diese schwerste Aufgabe in Liebe zu unserem Volk getan. Und wir haben keinen Schaden in unserem Innern, in unserer Seele, in unserem Charakter daran genommen…”

Mi Abuela

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En el restaurante casi desierto podría haberle disparado con facilidad. De haber tenido la menor idea del papel que esa inmundicia iba a desempeñar, y de los años de sufrimiento que iba a infligirnos, lo habría hecho sin pensarlo dos veces. Pero lo vi como un personaje salido de una tira cómica, y así no le disparé. En los consejos del Altísimo, nuestro martirio había sido ya decretado. Si en aquel punto se hubiera cogido a Hitler y se le hubiera amarrado a las vías del ferrocarril, el tren habría descarrilado antes de alcanzarlo. (más…)