Las Nieves del Kilimanjaro

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 “Compie volvió la cabeza sonriendo y señaló algo. Harry miró, y todo lo que pudo ver fue la cima cuadrada del Kilimanjaro, ancha como el mundo entero; gigantesca, alta, e increíblemente blanca bajo el Sol. Entonces supo que era allí adonde iba.”

Las Nieves del Kilimanjaro Ernest Hemingway (1936)

klimanjaro5Si no fuera porque nuestro planeta tiene una atmósfera las cosas serían muy diferentes. No solo tendríamos un problemita con la respiración y la transportación aérea entre otras cosas, pero en términos geofísicos la superficie del planeta sería mucho más fría, tan fría que los océanos se congelarían hasta el fondo y nuestro planeta sería una bola de hielo. Nuestro Sol es la única fuente de energía externa y es esta la que calienta la Tierra ayudada por el efecto de invernadero.

El dióxido de carbono, que constituye una diminuta parte de la atmósfera, el metano, el vapor de agua y otros gases menos comunes aún, se llaman gases de invernadero porque en la atmósfera tienen el mismo efecto que el cristal de un invernadero, aunque el detalle de su funcionamiento es diferente. Estos gases son transparentes a la luz solar pero no a la radiación infrarroja. En consecuencia, la luz solar puede alcanzar la superficie de la Tierra, donde el suelo absorbe su energía y se calienta. En equilibrio, la Tierra emite la energía recibida del Sol otra vez hacia el espacio, ya que de lo contrario se seguiría calentando. Pero la Tierra es mucho más fría que el Sol y por lo tanto, mientras el Sol emite su energía mayormente como luz y ondas ultravioletas la Tierra la emite en el infrarrojo. Pero la atmósfera no es transparente a la radiación infrarroja ya que los gases de invernadero que contiene absorben gran parte de esta radiación y se calientan. Se enfrían emitiendo a su vez radiación infrarroja, mitad de la cual regresa a la superficie terrestre.

Es decir que la superficie de la Tierra se calienta por radiación solar directa y por radiación emitida por los gases de invernadero atmosféricos. Esto causa que la temperatura promedio de la superficie de la Tierra sea de 15° Celsius (59 Fahrenheit) mientras que sin la atmósfera sería de negativo 18°C (0 Fahrenheit) Cuanto más alta la concentración de gases de invernadero, mayor será la temperatura promedio de la superficie. Esto no es objeto de discusión, es física elemental. El efecto de invernadero no es un mito como dicen algunos, sino que la vida en la Tierra depende de los buenos servicios de trazas de estos gases.

Hace unos doscientos años, comenzó el Antropoceno una nueva era geológica que se caracteriza por el dominio creciente de Homo sapiens sobre el sistema Tierra. Comenzando con la revolución industrial, la magnitud de una gran cantidad de procesos que inciden en el estado de la biosfera ha crecido vertiginosamente a tal punto que ahora la Tierra se encuentra en un estado sin precedentes. El primer proceso determinante de muchos otros es sencillamente nuestro crecimiento demográfico, que nos ha llevado de unos dos mil millones de humanos en el año 1930 a siete y medio mil millones en el año 2016. Esperamos unos nueve mil millones en el 2050. Nuestras cantidades y actividades nos han llevado a ser la fuerza de mayor impacto sobre el ecosistema terrestre, dominando y en muchos casos determinando su comportamiento por encima de procesos naturales. Necesitamos estudiar la compleja red de procesos físicos, químicos, biológicos y humanos que transportan materiales y energía a través del sistema para entender los potenciales peligros a los cuales estamos expuestos. El cambio climático es un aspecto de esta dinámica global, y no se trata de ningún timo como implican algunos políticos ignorantes, lacayos del complejo militar industrial financiero, que por desgracia para el mundo tienen el poder.

La concentración atmosférica del dióxido de carbono (hace doscientos años era de 280 partes por millón por volumen) ha aumentado en un treinta y cinco por ciento (a 400 ppmv), el metano se ha duplicado y el óxido nitroso ha crecido en un 15 por ciento. Aunque el dióxido de carbono es una diminuta fracción del contenido atmosférico, la cantidad total de carbono en la atmósfera es enorme: 800 gigatoneladas (una gigatonelada es mil millones de toneladas) es decir setecientos cincuenta mil millones de toneladas. Se mantiene allí como resultado del complejo ciclo del carbono que lo hace circular entre las rocas, los océanos, la atmósfera y los organismos. Se estima que las actividades humanas incorporan nueve gigatoneladas por año a la atmósfera la mitad de las cuales se queda en ella. Otra parte se disuelve en los océanos y los acidifica, amenazando la flora y fauna marina.

Aquellos que estudian el clima del pasado taladrando el hielo polar han descubierto una historia compleja y fascinante. Es posible medir la concentración de gases de invernadero en la atmósfera del pasado analizando pequeñas burbujas de aire que han quedado atrapadas en el hielo polar por la acumulación de nieve. Varios estudios basados en muestras de diferentes localidades y realizados por distintos grupos de investigación, arrojan los mismos resultados, lo cual les confiere una gran fiabilidad.

En la estación antártica rusa Vostok, por ejemplo, el hielo que se encuentra a una profundidad de 3,300 metros tiene unos 400,000 años de edad, preservando de esta forma información de gran importancia acerca de la historia climática del planeta. Durante los últimos 400,000 años hubo cuatro largos períodos glaciales interrumpidos aproximadamente cada cien mil años por cortos períodos interglaciares cuyas temperaturas eran, en promedio, unos cinco grados Celsius más elevadas. Estos cambios globales responden a características generales de la órbita terrestre. Durante la última glaciación, el continente norteamericano quedó cubierto por una capa de hielo de un kilómetro de espesor que llegaba hasta la región de los grandes lagos. De igual forma gran parte de Europa se cubrió de hielo.

Los datos de Vostok, y de estaciones similares en Groenlandia, documentan una correlación clara entre la concentración de dióxido de carbono y metano por un lado, y la temperatura por el otro. El nivel actual de dióxido de carbono es más alto que en cualquier otro momento de los últimos 400,000 años.

El Holoceno, la era interglaciar en la cual nos encontramos, comenzó hace unos 11,800 años. Es una era relativamente estable y es sin duda parte de la razón por la cual surgió la agricultura y se establecieron diversas civilizaciones. Al comienzo del Holoceno el planeta se calentó en unos cinco grados Celsius y los cambios fueron de una magnitud descomunal. Se estima que se derretían 14,000 kilómetros cúbicos de hielo por año, (imagínese un cubo de agua de veinticinco kilómetros por lado) y el nivel del mar subió 140 metros en la transición.

Hace ocho mil doscientos años, en la parte norte del planeta el clima enfrió repentinamente por cinco grados Celsius en pocos años, estado que perduró por cien años, antes de regresar a la normalidad. También, al final de la última glaciación, al comienzo del Holoceno, ocurrió lo que se conoce como el “Dryas Reciente”, un período de unos mil años en el cual la temperatura promedio bajó repentinamente. Las Dryas son plantas que prosperan en el frío y se ha determinado que en esa época la distribución de su polen era muy extendida en las regiones de América del Norte y Europa, regiones que hoy son demasiado cálidas para que prosperen las Dryas. Ambos eventos abruptos ocurrieron en tiempos en los cuales la temperatura global estaba subiendo, tal como lo está haciendo en el presente. Se piensa que estos cambios abruptos están relacionados con inestabilidades en las gigantescas corrientes termohalinas oceánicas que distribuyen el calor que mayormente incide en zonas tropicales, hacia latitudes más altas. Europa sería un lugar inhóspito, más parecido a Siberia, si no fuera por la corriente del golfo. Preocupa a algunos la posibilidad de inducir un cambio abrupto calamitoso en esta época de creciente temperatura.

En el transcurso de los años se han acumulado millones de medidas de temperatura, realizadas por estaciones meteorológicas en la tierra y barcos en los mares. Mas recientemente, detectores montados en satélites y boyas marinas han aumentado la cantidad y calidad de los datos. Diferentes grupos de investigadores coinciden. Al promediar estos datos tomando en consideración su distribución geográfica y los cambios durante el año, se obtiene una medida de la temperatura global para el año y se ha constatado un aumento de casi un grado en los últimos cien años, crecimiento interrumpido por altos y bajos naturales, con un aumento más pronunciado comenzando a finales de 1970.  Quizá no parezca mucho, ya que a veces los cambios de temperatura de un día para otro son mucho mayores, pero la diferencia estriba en que estos últimos son cambios locales y no globales. La temperatura es hoy más alta que en cualquier momento de los últimos mil años.

La grafica muestra las medidas obtenidas por cuatro estudios independientes.
La grafica muestra las medidas obtenidas por cuatro estudios independientes.

Sí, el mundo se calienta y todo indica que el aumento del dióxido de carbono atmosférico y de otros gases de invernadero, producto de nuestras actividades es la causa. Otras observaciones corroboran este fenómeno, en particular el encogimiento sistemático de los glaciares del mundo, la disminución del área del hielo polar, y el lento aumento en el nivel del mar.

El Kilimanjaro, inmortalizado en la historia de Hemingway, es el pico más alto de África en el noreste de Tanzania a tan solo tres grados al sur del ecuador. Su altura de 19,335 pies (5895 metros) permite que en su cima se encuentren grandes glaciares que brillan bajo el intenso Sol tropical, dando origen a su nombre en el idioma Swahili: Kilima Njaro – Monte Brillante. La extensión de los glaciares en su cima se ha medido comenzando en el año 1912 comprobándose que desde entonces han perdido ochenta por ciento de su extensión, un tercio desde 1989. Como si fuera un gigantesco termómetro, el Kilimanjaro, nos confirma: la Tierra se calienta, por más que otros efectos locales también contribuyan a la desaparición del hielo.

El aumento de temperatura calculado en caso de que se duplicara la concentración de dióxido de carbono atmosférico se sitúa entre dos y cinco grados Celsius. La incertidumbre surge porque los modelos de un sistema tan complejo como el clima global dependen de un gran número de procesos, algunas no muy bien conocidos. Hay que conocer con gran detalle los complicados ciclos que acoplan procesos en los océanos, las masas continentales, la atmósfera y la biosfera.

Los datos indican que en el período interglacial previo al Holoceno, llamado Eemiense, ocurrido hace unos 140000 años, la temperatura fue de unos dos grados Celsius más elevada que en el presente y el nivel del mar fue unos cinco metros mas alto. No queremos llegar a condiciones similares. El nivel de los mares aumenta en parte por el hielo derretido, y en parte por la expansión termal de los océanos. Es posible que para el año 2100 el nivel de los océanos haya subido un metro. El número exacto dependerá del aumento de temperatura, pero afectará de un modo u otro a las áreas costeras, donde vive aproximadamente un tercio de la población mundial. En países como Bangladesh, ubicado en el delta de los ríos Ganges, Brahmaputra y Meghna, millones se verán seriamente afectados por el aumento de precipitación y el nivel del mar que periódicamente inunda la tierra.

Los patrones de precipitación también se verán alterados y esto causará problemas a la ya precaria producción agrícola con consecuencias difíciles de predecir, pero que de seguro agravarán los problemas que enfrentamos. Los casos de malaria, fiebre amarilla, dengue y cólera aumentarán como resultado de un clima más caluroso, lo cual complicará aun más nuestra frágil situación. Y de eso no nos salvará un dios y menos las armas nucleares.

La atmósfera no es solamente un recurso vital, es también un recurso único. Contrario a otros recursos o bienes tales como los minerales, el petróleo, bosques, etc, que pueden ser considerados propiedad de una nación, la atmósfera es un bien común que le pertenece a todas las formas de vida del planeta y todas las formas de vida necesitan de ella por igual. Su dinámica causa que sea igual para todos. Desde un punto de vista ético, cabe preguntarse qué derecho tiene una nación de dañar unilateralmente este recurso con repercusiones graves para todos y qué responsabilidad tiene esa nación de reparar el daño.

Los países industrializados y en particular EE.UU., emiten aproximadamente diez veces más dióxido de carbono que los países no desarrollados. La producción promedio de dióxido de carbono por persona en EE.UU. es mayor que 16 toneladas métricas por año, mientras que, por ejemplo, un ciudadano de la India emite en promedio un factor de diez menos. China emite 8 por habitante (y son muchos), habiendo aumentado sustancialmente en los últimos 15 años Serán justo los habitantes de los países que menos emiten, los más pobres, los que menos se podrán defender de las consecuencias causadas por esta contaminación. No hay razón, en principio, para aceptar este uso desigual de la atmósfera, aunque hay razones históricas que explican esta desigualdad. Pero el principio de que todos tienen derecho a una misma parte del recurso es un buen punto de partida para eventualmente llegar a una solución equitativa de este grave problema.

 

El mapa ilustra la situación en emisión por país en miles de toneladas métricas.
El mapa ilustra la situación en emisión por país en miles de toneladas métricas.

Mientras los científicos dan la voz de alarma, aquellos que más podrían hacer para buscar soluciones son parte del problema. Los EE.UU., con solo 4% de la población mundial, son responsables de un 15% de las emisiones a la atmósfera, pero actúan como si el problema no fuera de ellos. El gobierno de EE.UU parece no comprender que al final también les afectará, y prefiere actuar a corto plazo, aliado de la industria petrolera y del carbón, con la excusa de que los datos son inciertos y que se necesitan más estudios. Con los recientes cambios políticos la situación sin duda empeorará. Mientras tanto se propone que exploremos a Marte a un costo multibillonario para saber como fue su clima pasado y si hubo alguna vida allí. Si la hubo, no sobrevivió los cambios climáticos naturales ocurridos en Marte, y la pregunta que se debe hacer es cómo sobreviviremos aquí en la Tierra.

Existe otra razón por la cual es importante cambiar. En el presente la fracción mayor de energía se produce utilizando combustibles fósiles: petróleo, gas y carbón. ¡Cada día se queman ochenta millones de barriles, treinta mil millones al año!  Aunque es difícil estimar las reservas existentes, varios estudios indican que antes de que pasen cien años se acabarán las fuentes de petróleo y gas natural, y antes de esto, naturalmente, los costos irán en aumento a medida que se torne más difícil extraer las últimas gotas. Pero, además, utilizar hasta la última gota es suicidio. Cambiar nuestro uso de energía buscando alternativas, es por lo tanto no solamente una forma de prevenir cambios climáticos antropogenos, sino que es un imperativo para sobrevivir en un futuro no tan lejano. El cambio necesario es monumental, y por lo tanto comenzar ahora ya es tarde y la inercia es muy alta.

La reducción de las emisiones de gases de invernadero a cualquier costo debe convertirse en una de las máximas prioridades de cualquier gobierno, a pesar de las previsibles protestas y negativas por parte de aquellos que no quieren cambio, esencialmente porque están bien, y del escepticismo de unos pocos científicos, muchas veces financiados por estos mismos intereses industriales. Recordemos las expresiones de algunos que por mucho tiempo negaron que fumar causara daño a la salud, y de otros que opinaron que los clorofluorocarbonos no tenían nada que ver con el ozono atmosférico que casi nos lleva a una catástrofe. Siempre se recurre a sembrar la duda, que hay incertidumbre en algún resultado, y es cierto, la ciencia no puede estar totalmente segura, no lo sabe todo, pero algo sabe. Y aquellos que ignoran lo que la ciencia ha descubierto, o peor aún, opinan que la ciencia que no les conviene es errónea, son criminales intelectuales.

El Sol y Viento, son las dos fuentes de energía alterna más comunes, pero no son suficientes para resolver el problema por lo que descartar la energía nuclear por puro miedo no es razonable. Sobre cincuenta plantas nucleares suplen la mayoría de la energía eléctrica de Francia. Accidentes los hubo y los habrá, pero se pueden minimizar con controles estrictos y diseños modernos. Los accidentes de Chernóbil y de Fukushima causaron muertes y afectaron la salud de unos cuantos miles de personas. Pero no consideramos las muertes causadas por el aumento de temperatura global, difíciles de contabilizar, pero sin duda mucho mayores. Tampoco dejamos de volar en aviones porque algunos se accidenten.

La cruda realidad es que pocos en los países que más contribuyen al problema estarán dispuestos a cambiar sus estilos de vida drásticamente para resolver o al menos mitigar el problema. También esta claro que los más afectados no invadirán a los EE.UU. para obligarlos a que cesen con las prácticas que atentan contra la salud, bienestar y “seguridad nacional” de sus poblaciones. Solo queda entonces la persuasión, el argumentar claramente que esta futura calamidad afectará a toda tarde o temprano, “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición” (declaración de derechos humanos de la ONU) y que hay un imperativo ético que se debe acatar.

La humanidad se ha embarcado en un gigantesco experimento planetario, inyectando enormes cantidades de compuestos en la atmósfera. El sistema global es muy complejo pero lo que se vislumbra son malas noticias para la mayoría de los habitantes del planeta a los cuales ya no les va muy bien que digamos. Puedo escuchar el coro futuro de nuestros nietos que con tono acusador nos preguntan ¿Es esto lo que nos dejaron? Yo no estaré en el 2050 para ver si realmente sucedió lo que hoy vaticinamos. Pero de esto estoy seguro: Las nieves de la montaña más alta del África habrán desaparecido y pocos recordarán haber visto al Kilima Njaro.

OTRO CUENTO MARAVILLOSO: DE INFIERNOS, MONSTRUOS Y QUIMERAS

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Sin que sea nuestra culpa, y gracias a ningún plan cósmico o propósito consciente, nos hemos vuelto, por la gracia de un glorioso accidente evolutivo llamado inteligencia, los encargados de la continuidad de la vida sobre la Tierra. No hemos solicitado ese cargo, pero no lo podemos renunciar. Puede que no sirvamos, pero aquí estamos.

Stephen Jay Gould[1].

Que terriblemente absurdo es estar vivo, sin el alma de tu cuerpo, sin tu latido…

(Luis Eduardo Aute / Silvio Rodriguez)

 El otro día te conté un cuento maravilloso, mucho mejor que aquellos que te contaba antes de irte a dormir. Digo mejor, por la sencilla razón de que, en realidad, aunque parecía un cuento no lo era. Hoy te cuento otro, uno de infiernos, monstruos y quimeras. Es un poco largo, pero es que cubre una historia de unos cuatro mil millones de años, así es que no te duermas, que termina bien.

Había una vez, hace mucho, pero muchísimo tiempo, un pequeño planeta que se había formado luego de un largo proceso de gestación en la zona habitable de su estrella. Es ésta una zona que rodea una estrella en la cual la temperatura es tal que puede haber agua líquida en la superficie de un planeta, lo cual se considera esencial para la vida. Al fin y al cabo, somos mayormente agua.

LEarlyEartha superficie del planeta recién formado era inhóspita. Las cicatrices dejadas por el violento proceso de formación –el colosal choque de miles de objetos, algunos del tamaño de nuestra Luna, cada uno una hecatombe– eran aun claramente visibles. Como si fuera la superficie de la Luna se divisaban gigantescos cráteres, heridas de las cuales fluía roca fundida como si fuera sangre, que al encontrarse con lagos de agua los evaporaba instantáneamente. Interminables lluvias torrenciales devolvían el agua a la superficie para volver a evaporarse en el próximo encuentro. Explosiones de lava y roca le daban al aire, mayormente compuesto por dióxido de carbono, un fuerte olor sulfuroso, aunque no había nadie con el sentido del olfato que pudiera haberlo percibido.  El Sol de aquel planeta visto detrás de la atmósfera densa y brumosa brillaba escarlata con menos intensidad que en el presente, pero la gran concentración de dióxido de carbono mantenía la superficie caliente.

Si alguien hubiese visitado ese planeta, no tengo duda que habría pensado que se trataba del mítico infierno con sus noches iluminadas por el fulgor anaranjado de la lava. pero claro, no se puede visitar ya que es un planeta que había una vez, pero que con el correr del tiempo se transformó en otro muy diferente: nuestra Tierra.

En la noche, la Luna recién formada como consecuencia de uno de esos choques colosales, mostraba una cara mucho más grande que la que vemos al presente, y producía mareas gigantescas ya que se encontraba a una distancia mucho menor que la que media entre la Tierra y la Luna en la actualidad. Las mareas cubrían grandes extensiones costeras y dejaban lagunas que cada pocas horas volvían a ser barridas por la siguiente marea, porque el planeta giraba más rápido que hoy y por lo tanto los días eran mucho más cortos.

Pasaron millones de años y el planeta se transformó lentamente. La Luna se fue alejando y el Sol aumentó su brillantez.  La Tierra se fue enfriando, y los violentos choques dejaron de ser frecuentes, aunque cada tanto ocurría alguno. El agua evaporada se condensó en grandes cantidades formando océanos. La roca fundida se solidificó y nacieron las masas continentales que se movieron lentamente por miles de millones de años, hasta conformar el mapamundi que tuviste que colorear en la escuela.

En los cuerpos de agua cálida de aquella tierra primitiva, como si fueran enormes calderos, diferentes moléculas reaccionaron para formar nuevos compuestos, ocurrieron incontables reacciones, hasta que, en algún momento, una reacción formó compuestos que perduraron y se multiplicaron, moléculas particulares que más adelante formaron los primeros organismos. Es un misterio cómo ocurrió en detalle, un misterio que no dudo los científicos del futuro develarán, como lo hicieron con tantos misterios del pasado.

Si hubieras estado allí en el profundo pasado, recorriendo alguna playa como lo hacías de pequeña, buscando caracoles y pececitos atrapados en los hoyos de agua que quedan entre las rocas, tal vez habrías encontrado bajo el agua cálida unas estructuras redondeadas con una superficie babosa de un color verde azulado. ¡Habrías descubierto vida sobre aquel planeta! Fueron los primeros habitantes de la Tierra, los estromatolitos compuestos por capas de bacterias, las cuales con el correr del tiempo oxigenaron lentamente la atmósfera, creando así un ambiente propicio para seres respirantes, protegidos de la dañina radiación ultravioleta del Sol por la capa de ozono (el cual es una variedad de oxígeno). La vida no podría haber migrado de los océanos en los cuales surgió para conquistar la superficie de los continentes, sin esta capa protectora. El planeta amarillo y azul se transformó lentamente agregando el verde.

La composición de la superficie de la Tierra, incluyendo los océanos y la atmósfera, fue cambiando paulatinamente como resultado de una serie de ciclos geoquímicos que transportan compuestos de varios tipos entre varias partes del planeta. Estos ciclos naturales, que son extremadamente complejos, alcanzan un equilibrio tras largo tiempo manteniendo una proporción constante de dichos compuestos en el medio ambiente. El carbono del planeta, por ejemplo, se traslada constantemente por medio de varios procesos entre distintas reservas en el suelo, la atmósfera y el océano (el ciclo del carbono). Cualquier cambio en la rapidez de estos procesos cambiará la cantidad de carbono en una de dichas reservas. La atmósfera, que contiene una pequeña fracción de dióxido de carbono, es la reserva más vulnerable y la más importante para nosotros. Los sistemas biológicos forman una parte importante de estos ciclos y han alterado y hasta determinado la naturaleza física y química de la superficie de la Tierra. A su vez, esto ha repercutido en el devenir de la vida sobre la Tierra.

Además de su importancia en relación con el efecto de invernadero, el carbono es un elemento fundamental para la vida porque en él se basa la química de los seres vivientes. Nuestras sociedades industrializadas también se basan en este elemento. El carbono es especial ya que puede formar gran variedad de enlaces con otros elementos, incluyendo otros átomos de carbono, lo cual permite la formación de una enorme diversidad de moléculas de diferentes tamaños, estructuras, y propiedades: las biomoléculas de la vida.

Vida. De todos los incontables procesos que ocurren en el universo, la vida es el más importante, o al menos eso nos parece a nosotros, y por muy buenas razones. El registro fósil que es la ventana por la cual miramos el pasado de la vida, la bioquímica y la biología molecular no dejan duda acerca de los hechos básicos de la evolución biológica. Tu y yo, y todas las formas de vida del planeta, un árbol, un coquí, una bacteria o una vaca, somos en esencia la misma cosa, formados mayormente de hidrógeno, oxígeno, carbono y nitrógeno, con trazas de otros elementos como calcio, azufre y fósforo, todos creados en estrellas como ya te conté. Todos los seres utilizamos procesos bioquímicos similares y el código genético, la clave que determina como se escriben las instrucciones moleculares que dan lugar a que un organismo sea pez y otra ave, es el mismo en todos. No queda duda, somos la misma cosa, todos emparentados y descendientes de una célula primigenia. No hay experto que dude esto, y aquellos que lo cuestionan lo hacen por ignorancia o por razones políticas o religiosas a pesar de los hechos.

El concepto de evolución biológica, es de gran fuerza explicativa por su sencillez: observamos que se transmiten las características de un organismo de padres a hijos, es decir que hay herencia, y observamos que hay variaciones en algunas características de los descendientes, es decir que la descendencia es con modificaciones. ¡Este mecanismo, sencillo y automático explica todo lo que observamos!

En el transcurso de los eones esto llevó a un cambio en las propiedades genéticas de las poblaciones de organismos de la Tierra y en ocasiones al establecimiento de nuevas especies si de algún modo un pequeño grupo quedaba reproductivamente aislado del resto, quizá por una barrera geográfica. Es un proceso (selección natural) que ocurre quizá con cierta rapidez a una escala geológica, pero por millones de años puede existir una estabilidad genética que mantiene a una especie con poco cambio. Así, por ejemplo, un Homo sapiens de hace cien mil años se diferencia muy poco de uno del presente, excepto en su evolución cultural. La selección natural determina diferencias en las tasas de reproducción y supervivencia de distintas variedades las cuales tienen diferente capacidad para sobrevivir en el ecosistema dinámico en el cual están inmersos. Al ocurrir cambios en un ecosistema algunas especies no pueden sobrevivir y se extinguen, mientras que, en otros casos, las presiones filtran ciertas cualidades que contribuyen a la supervivencia de ciertos individuos que de esta forma contribuyen su aval genético con nuevas características a la población.

La gran mayoría de las especies que han poblado el planeta en el transcurso de su larga historia han desaparecido. Solo quedan algunos restos fosilizados de los habitantes del pasado, algunos de ellos monstruos más feroces que los de tus pesadillas, gigantescos dinosaurios con bocas más grandes que tu cuerpo, enormes pulpos que hacían estremecer a cualquier pez, lagartos del tamaño de un automóvil y feroces tigres colmillos de sable. En ocasiones la extinción fue abrupta y global, consecuencia de cataclismos causados posiblemente por el impacto de un cometa, evocación de la génesis del planeta. Sabemos que esto ocurrió hace sesenta y cinco millones de años cuando desparecieron súbitamente los dinosaurios junto a gran cantidad de otras especies. En otros casos la extinción fue consecuencia de cambios locales en las condiciones geofísicas, a los cuales ciertos organismos no se pudieron adaptar.

El cambio climático ocurrido en África hace unos cuatro millones de años transformó la selva tropical en una sabana más árida lo cual causó que ciertos simios caminaran en dos patas y desarrollaran paulatinamente sus facultades mentales para poder defenderse y sobrevivir frente a depredadores más veloces y fuertes que ellos. De este evento surgió más tarde la transición de Australopithecus (mono del sur) a Homo.

Aunque te parezca extraño,  a comienzos de este nuevo milenio, hay quienes sostienen una oposición encarnizada a la evolución, por considerarla contraria a una interpretación literal de la Biblia. Pero el Génesis y otros mitos antiguos de creación, no fueron escritos por personas que conocían las modernas teorías cosmogónicas o evolutivas. El mundo es como es y no como quisiéramos que fuera. Las Escrituras no tienen nada que opinar acerca del mundo físico o, recurriendo a las palabras del cardenal Caesar Baronius (1538-1607), historiador de la iglesia Católica: «El Espíritu Santo nos enseña cómo se va al cielo, no cómo va el cielo» (aunque queda el problemita de saber dónde es que está el cielo, el «más allá» como dicen, ¿no?)

Posiblemente, aparte de las dificultades teológicas, la evolución confronta problemas que se relacionan con la dificultad de visualizar un proceso que ocurre a escalas de tiempo tales que nuestras vidas son, en comparación, un efímero instante. Si pudiéramos observar otros mundos de forma similar a como lo hacemos al filmar en cámara lenta el crecimiento y desarrollo de una flor, observando millones de organismos que surgen, van, vienen y se transfiguran al compás y en conformidad con los cambios geofísicos que ocurren, sería quizá menos difícil. El mundo biológico y el mundo físico se relacionan de forma íntima en un baile de diferentes procesos, como si se tratara de un tango o una salsa cuidadosamente coreografiada, manteniendo el ritmo para no tropezar y caer.

La evolución no se rige por algún sentido de propósito, por un deseo de «mejorar» una especie y mucho menos nos tiene a nosotros como meta final. No hay una meta ni un diseño, tan sólo una serie de experimentos naturales causados por cambios al azar en la secuencia de los nucleótidos del ADN de algún organismo que provocan cambios aleatorios en el resultado. El ambiente selecciona quién sobrevive.

Homo sapiens fue capaz de superar muchas vicisitudes causadas por cambios climáticos que a su vez causaron cambios en la flora y fauna de alguna región. El registro fósil nos enseña un paulatino aumento en la capacidad craneal de nuestros ancestros, los diversos homínidos que habitaron África, desde el Australopithecus africanus al Homo sapiens, pasando por el Homo erectus y el Homo habilis entre otros. Somos generalistas, es decir que somos adaptables y versátiles y aunque para nada en particular excelentes, somos hábiles para mucho, sobre todo por la creciente capacidad mental que permitió una organización social, el lenguaje (que también permitió la mentira) y un aprendizaje único entre todas las especies. Es ésta la razón por la cual tuviste que ir a la escuela.  Esto permitió una relativamente rápida evolución cultural. pero solos, frente a un veloz guepardo, fuerte elefante, o ágil mono no hay mucho que podamos hacer. Estos especialistas, sin embargo, verdaderas máquinas expertas y adaptadas a nichos ecológicos específicos, son menos fuertes como especie a la hora de enfrentar cambios en el ecosistema. Fue nuestra mente, con su única capacidad de imaginación, la que facultó una evolución cultural sin par en el reino animal, evolución cultural que nos ha llevado a este mundo paradójico, ya que con el poder adquirido hemos puesto en peligro a nuestra propia especie y ya casi han desaparecido nuestros parientes más cercanos: los simpáticos chimpancés.

Es cierto que, como ningún otro animal, parecería que nos hemos librado de la dependencia de la naturaleza, peroomo ocurre frecuentemente, las apariencias engañan. Hemos encontrado varias formas de sobreponernos a los límites impuestos por nuestros endebles cuerpos. por medio de la tecnología, y en particular de la medicina, hemos superado ciertas cotas definidas por la selección natural. Es decir que la supervivencia de los mejor adaptados ha dejado de ser una ley infranqueable para Homo sapiens, o dicho de otra forma, hemos encontrado maneras de adaptarnos a condiciones que en otras circunstancias no nos hubieran permitido sobrevivir, y así, de una forma muy tenue nosotros mismos afectamos nuestra composición genética. pero la regla general de la vida a largo plazo es que o se cambia o se desaparece, algo que deberíamos considerar seriamente si deseamos no correr prematuramente la misma suerte de todos. Sí, la vida es un tango, pero hay que saberlo bailar.Chimère_GOW_III

En fin, somos una quimera. Claro, no un engendro con cabeza de león y cola de serpiente, sino que unos átomos que se combinaron de millones de formas para tener una conciencia. Una quimera de genética y cultura, una quimera de antiguas intuiciones grabadas en nuestras neuronas y nuevos pensamientos que pueden contradecir lo heredado, única en al reino animal. La quimera de las quimeras, sin duda un animal fabuloso. No porque alguna inteligencia lo haya diseñado ni porque esa fuera la meta de la evolución con nosotros en la cumbre, una idea arrogante y dañina. Es justo eso lo que es extraordinario, algo que surgió por ninguna razón en particular, y es por lo tanto un tesoro único. Pero ahora que estamos aquí, luego de ese proceso maravilloso, nos toca, nos guste o no, custodiar el resultado.

Luego de los largos miles de millones de años aquellas bacterias que son nuestros ancestros al final han logrado ver el universo a través de nuestros ojos. Si, es maravilloso lo que hemos descubierto y te deja llena de asombro. Parece un cuento, pero no lo es, aunque sea una historia fantástica. Aunque quedan muchos detalles por descubrir, así fue.

“Hay grandeza en esta visión de la vida, que, con sus diferentes fuerzas, habiéndose originado de una o pocas formas; y que, mientras este planeta ha ido girando de acuerdo a la ley de la gravedad, desde un origen tan sencillo, hayan evolucionado, y lo sigan haciéndo, una infinidad de las formas más bellas y maravillosas”.

Así termina una de las obras más importantes de la humanidad[2].

 

 

[1] Stephen Jay Gould (1987). The Flamingo’s Smile: Reflections in Natural History. W. W. Norton & Company pág. 431.

[2] Charles Darwin (1809-1882) “Sobre el Origen de las Especies por Medio de la Selección Natural”, 1859

Ilusión de dilución

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remedios homeopaticos

 

Si una persona: a) se encuentra mal de salud, b) recibe un tratamiento para que se sienta mejor, y c) se mejora; entonces no hay poder de razonamiento conocido por la medicina que pueda convencerlo que puede no haber sido el tratamiento la causa de su mejora.

Peter Medawar[1]

 

 

En un artículo sobre Homeopatia en una revista (“Herbs for Health”) que vi en un consultorio médico, leí lo siguiente: “Sylvia Chatroux un médico de Ashland, Oregon, trató recientemente a un paciente que presentaba fiebre alta, escalofríos, nausea y diarrea. Chatroux le dio al paciente arsénico homeopático, una forma altamente diluida de arsénico especialmente preparado. El paciente se recuperó prontamente.”

Nos encontramos con un típico ejemplo de la perniciosa falacia post hoc: administré arsénico homeopático y luego el paciente se curó. Por lo tanto el arsénico homeopático fue la causa de la cura. Hay muchas aflicciones virales que causan estos síntomas, que pasan luego de unas 48 horas. Nada que ver con el tratamiento homeopático. Los bebés toman algún tipo de leche, y algunos, luego, lamentablemente desarrollan condiciones neurológicas como autismo. ¿Concluye entonces que el autismo fue causado por la leche?

El artículo también dice: aunque nada del ingrediente original queda en la solución, el agua “recuerda” la estructura del ingrediente. Así de fácil. Veamos de qué se trata todo esto, utilizado por más de un tercio de los españoles.

La homeopatía[2] surgió en el siglo XVIII y disfruta ahora de renovados bríos. Se basa en dos principios generales inventados por el médico alemán Samuel Hahnemann (1755-1843). El primero es: “igual cura igual” (similia similibus curentur). Esto significa que si quiero tratar la malaria—que causa fiebres intensas—debo usar una sustancia curativa cuyo efecto sea causar fiebre en una persona sana. La ley es un vestigio de las ideas mágicas del Medioevo, cuando se pensaba que la similitud o “simpatía” entre ciertos objetos permitía operar sobre uno para afectar al otro. Este tipo de magia aun se practica en algunas sociedades. Así, en algunas prácticas mágicas se opera sobre una figura que representa a un individuo para obtener efectos sobre el individuo.

La segunda tesis, más enigmática aún, dice: “a más pequeña la dosis de la sustancia curativa, más poderoso su efecto,” o lo que se designa como la ley de infinitesimales (si le ve la lógica me deja saber). Para preparar sus medicinas Hahnemann utilizaba un proceso de diluciones sucesivas. Así, diluía una parte del extracto de alguna planta medicinal con diez partes de agua. Luego de mezclar bien, diluía nuevamente una parte con diez de agua lo que resultaba en una dilución de una parte en cien. Al repetir este paso una tercera vez la dilución es una en mil.

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cafeína sin cafeína para el insomnio

Por ejemplo, el café puede causar insomnio, por lo tanto café homeopáticamente diluido puede utilizarse en vez de pastillas para dormir, en este caso: “coffea cruda.” (Si no me cree, pude comprarlo por internet). En Amazon cuesta un buen billete y dice: “Cero efectos secundarios, cero interacciones entre drogas, ninguna contraindicación o síntomas escondidos”. Sin duda buena descripción de los efectos de agua pura. Tampoco existe el peligro de una sobredosis. Un montón de testimonios se pueden resumir con: It really Works!

Veamos algunos numeritos. Es común que los homeópatas continúen con este proceso de dilución 60 veces (pero denominadas 30CH, porque diluyen una en cien).  Recordará (y si no lo recuerda de su curso de química o física ahora es que es) que el número de Avogadro (NA = 6,023·1023 moléculas/mol) es el número de moléculas contenidas en un mol de una sustancia. Una mol de agua es una masa de 18 gramos de agua (una lata de refrescos tiene 333 g) y contiene 6,023·1023 moléculas de agua.

Suponga que usted comienza con un mol de la sustancia para preparar el remedio. Con una dilución de 24 veces (24 X o 12 CH) quedarán  0,6 moléculas de la sustancia en el preparado final, ya menos de una molécula del ingrediente “activo” y si diluye más, como es usual, no quedará molécula alguna.  La ausencia del ingrediente activo en los remedios homeopáticos permite caracterizar justamente a la homeopatía como una forma de “medicina” sin medicina que pretende que “nada disuelto en agua es más eficaz que agua en la cual nada está disuelto”.

Esta carencia de ni siquiera una molécula del remedio en la mezcla administrada al paciente es admitida abiertamente por los homeópatas.  Alegan ellos que las sustancias curativas dejan en la solución unas “esencias espirituales” que restauran la “fuerza vital” del cuerpo, que el agua “recuerda” al ingrediente activo. Cabe entonces preguntar si el agua también “recuerda” todas las otras moléculas con las cuales ha estado en contacto a lo largo de su historia es decir[3]: Curiosamente, el agua que se ofrece como tratamiento no recuerda las vejigas en que se guardó, ni las sustancias químicas con cuyas moléculas estuvo en contacto, o los otros contenidos de las alcantarillas en las que estuvo, o la radiación cósmica cuyas ráfagas la atravesaron.

Una receta homeopática para tratar la irritación causada por el pañal del bebé señala que se trate con rhus toxicodendron, mejor conocida como “poison ivy” o hiedra del veneno, una aplicación del principio “igual cura igual”. Por suerte para el bebé, el segundo principio de dilución garantiza que las nalgas del pequeño no sientan nada más que los efectos refrescantes de un poco de agua.

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Tomo esto y no es necesario vacunarme.

Oscillococcinum es un producto homeopático que se vende para la prevención y alivio de los síntomas de resfriados e influenza, producido por la empresa francesa Boiron, con ventas anuales que superan 300 millones de euros. Su “ingrediente activo” es Anas Barbariae Hepatis et Cordis Extractum, HPUS 200CK (200 diluciones) (extracto de hígado y corazón de pato de Berbería), HPUS 200CK (200 diluciones por el método del Sr. Korsakoff, aunque el método de dilución no tiene  importancia, ya que  lo que queda es agua). Los ingredientes inactivos son sucrosa y lactosa. El nombre viene del microbio “oscillococcus”, que el médico francés Joseph Roy (1891-1978) pensó ver al examinar víctimas de la epidemia de influenza de 1918, y que oscilaba en el microscopio. La bacteria no existe, y menos se entiende que tiene que ver el pobre pato con todo esto. El método de preparación consiste de los siguientes pasos:

 

 

  • Llenar una botella estéril con un litro de agua y glucosa.
  • Coger un pato silvestre, cortar su cabeza y extraer su hígado y su corazón.
  • Añadir a la botella 35 g del hígado y 15 g del corazón.
  • Dejar la botella en reposo durante cuarenta días; hígado y corazón se disolverán.
  • Vaciar la botella sin enjuagar (de forma que quede un residuo del preparado) y llenar con agua pura.
  • Sacudir con energía (agitación o sucesión, para la dinamización).
  • Repetir los pasos anteriores (agitación, vaciado y rellenado) 200 veces.
  • Usar el agua obtenida para empapar tabletas de lactosa de 5 mg.

La cajita con seis dosis se vende en unos €6, y se indica un par de dosis al día. Para CYA[4], la cajita también dice: Si los síntomas persisten más allá de los tres días consulte a su médico. No es solamente una tomadura de pelo, es una estafa multimillonaria y causa asombro que las autoridades (especialmente aquellas relacionadas a la salud pública) lo ignoren.

En la página web de Boiron leo: “Estamos interesados en desarrollar beneficios específicos para nuestros empleados para enriquecer su bienestar. Para nosotros es esencial vincular el rendimiento económico global con los beneficios individuales”. Hmmm. Aceptar la homeopatía implica descartar los conocimientos médicos, biológicos, físicos, químicos y farmacológicos extensamente corroborados. Las ideas de “esencias espirituales” y la “fuerza vital” del cuerpo no tienen fundamento ni un significado que pueda servir para entender de qué se trata aquello que trata la homeopatía.

También implica descartar el principio de contradicción (Algo no puede ser X y no-X al mismo tiempo). Si una medicina homeopática es agua pura entonces es una contradicción decir que tiene propiedades curativas que el agua pura no tiene. Fin del argumento. Eso no evita que un frasco de agua destilada se venda por $1 mientras que si el agua se envasa como medicina homeopática entonces el mismo volumen pueda venderse en $100; no es mal negocio.

Generalmente se vende en pastillitas de glucosa que fueron impregnadas con el agua sin nada, así es que en todo caso son las pastillitas que “recuerdan”.  Con una visión tan diferente de la ciencia, se podría suponer que los practicantes de la homeopatía estarían ansiosos de hacer predicciones novedosas que pudiesen ser demostradas empíricamente.  Ese sencillo requisito no se cumple y suelen ser los escépticos los que han tomado la iniciativa de dirigir los estudios controlados que se han hecho, con resultados nada favorables para la homeopatía[5],[6].

El mero hecho de que la homeopatía según algunos “funciona” (It really Works!)  no prueba nada. Muchas de nuestras dolencias son autolimitadas, es decir que se curan por si solas y cuando esto ocurre luego de tomar un remedio homeopático cometemos la falacia  post hoc. En la época de Hahnemann las prácticas médicas en muchos casos eran más dañinas y dolorosas que la alternativa de no hacer nada, que es exactamente lo que hacía un remedio homeopático, por lo cual dentro de ese contexto era mejor. En todos los casos en los cuales se ha examinado por medio de estudios aleatorizados doblemente ciegos con control de placebo (en este caso el placebo es agua o pastillitas de azúcar) la efectividad de algún remedio homeopático, el resultado ha sido consistente con ninguna efectividad. Lo que queda es un placebo bien empaquetado, un paquete. Varias organizaciones dedicadas a la salud han publicado trabajos que condenan la homeopatía. Recientemente el National Health and Medical Research Council de Australia ha publicado los resultados de una investigación exhaustiva en la que se concluye: “No existen condiciones de salud para las cuales exista evidencia confiable de que la homeopatía sea efectiva”. Un amplio sector de la población testifique que funciona, pero lo que queda es un placebo bien empaquetado. Es cierto que por su naturaleza los remedios homeopáticos no causarán efectos secundarios (ni primarios), pero pueden llevar a una persona a no tratarse con medicina adecuada con consecuencias lamentables, y ciertamente le habrá costado recursos, (algo que aplica a muchas otras medicinas y terapias alternativas). Es sencillo: algo es medicina o no es medicina, no hay alternativa.

Se me ocurre lo siguiente: ¿Por qué no ayudar a todos los que padecen dolores de cabeza y potenciales infartos lanzando una aspirina en una represa de la compañía de aguas?

hahnemanEn la ciudad de Washington DC, tomé la foto de una estatua en honor a Hahnemann. En honor a la verdad sería propio dinamitarla, o al menos agregar un cartel aclaratorio

[1] Peter B. Medawar (1967). The Art of the Soluble. Methuen London. P 14.

[2] Victor-Javier Sanz (2010).  La Homeopatía ¡vaya timo! Laetoli

[3] Singh, S., & Ernst, E. (2008). Trick or Treatment: The Undeniable Facts about Alternative Medicine. W. W. Norton.

[4] CYA: siglas del ingles para: “Cover your ass“.

[5] Shang, A., Huwiler-Muntener, K., Nartey, L., Juni, P., Dorig, S., Sterne, J. A., Pewsner, D. & Egger, M. (2005). Are the clinical effects of homoeopathy placebo effects? Comparative study of placebo-controlled trials of homoeopathy and allopathy. Lancet 366 (9487): 726-32.

[6] Ernst E, Pittler MH (1998). Efficacy of homeopathic arnica: a systematic review of placebo-controlled clinical trials. Archives of surgery (Chicago, Ill. : 1960) 133 (11): 1187–90

Ceguera para ver bien

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Lento pero seguro, me resigné al hecho de que, para algunos fanáticos de la medicina alternativa, ninguna explicación será suficiente. Para ellos, la medicina alternativa parecía haberse transformado en una religión, una secta cuyo credo central debe ser defendido a toda costa contra el infiel”.

Edzard Ernst[1]

 

Si no entiende esto puede costarle la vida, como le ha costado a muchos. Por eso le suplico que lo lea, por más largo o difícil que sea.

Un año nos dicen que una prueba ha demostrado que tomar café dos veces al día evita cierta condición y al año siguiente nos dicen lo contrario. Leemos que tomar ciertos productos combaten tal o cual condición y al año siguiente nos dicen que no son efectivos.

Los medios están llenos de estas cosas: hace poco una presentadora de TV española publicó a los cuatro vientos que el limón curaba el cáncer. ¿De dónde sacó tal cosa? Naturalmente los que tienen algo que ganar o perder se referirán al estudio que les convenga para promover su causa (digamos, vender limones), que en muchas ocasiones es independiente de la salud pública. ¿Cómo procedemos para saber si algo es cierto o no? La respuesta no es difícil: lo ponemos a prueba. ¿Usted asevera tal o cual cosa?: ¡Demuéstrelo, poniéndolo a prueba!

No necesitamos mucha prueba ni albergamos dudas cuando se trata de cosas que son evidentes y para las cuales conocemos lo que ocurre. Poner la mano sobre una hornilla encendida causa quemaduras, cuanto más caliente o más sea el tiempo de contacto, más seria la quemadura y nadie lo duda, la cosa es directa y el efecto contundente. Además, sabemos lo que ocurre; entendemos lo que pasa cuando ponemos un churrasco sobre las brasas.

La cosa se pone menos clara si pretendemos que fumar un cigarro con ciertas hierbas especiales, (la moxibustión), cerca del dedo pequeño del pie de una mujer embarazada, causa que el feto que está presentando “de nalgas” (podálica) cambie a posición “de cabeza” (cefálica). No es chiste, un resultado así ha sido publicado en una revista[2]. Queremos entender cómo es que algunos investigadores pueden concluir tal cosa, o concluir que una persona tiene poderes “paranormales”. No basta con darle el tratamiento a una persona o dos, y constatar que han mejorado, (anécdotas y testimonios que escuchamos a diario, pero que no demuestran nada aunque sean muy persuasivos). No tenemos manera de saber si se hubieran mejorado de todas formas, o si mejoraron por otros factores que se desconocen. Tampoco es suficiente que el “vidente” tenga una racha de aciertos, esas cosas ocurren al azar y sin un cuidadoso análisis estadístico no se puede concluir mucho.

Hay ocasiones en que la ceguera es necesaria para ver las cosas como son. Tiene que ver con el hecho de que en muchas situaciones operan sesgos cognitivos, comenzando con la influencia de nuestras expectativas sobre nuestras cogniciones. Si usted espera que la comida sea muy buena, tenderá a percibirla como muy buena, y también se dará lo contrario.

Por eso es que para muchas pruebas se recurre a la ceguera. En una prueba de distintos vinos, le servimos al catador, pero no le dejamos ver la botella (mejor que ni vea el vino), lo cegamos. Para evitar cualquier indicio, (por medio de lenguaje no verbal involuntario), que pueda influenciar el juicio, cnviene también que el que sirva el vino no sepa cuál es, y así realizamos una prueba doblemente ciega. Para evitar algún sesgo en los catadores les asignamos un vino recurriendo a una lotería, y así realizamos una prueba aleatoria doblemente ciega. Si luego de estos cuidados metodológicos, y asegurándonos que se ha realizado un número razonable de pruebas, encontramos que un vino sale consistentemente mejor catalogado que otro, podremos asumir que realmente hay una diferencia.

En una investigación criminal, a un testigo se le presentan fotografías de posibles sospechosos, o se le presentan varios sospechosos en una alineación para ver si reconoce a alguno(a). En estos casos también es recomendable la ceguera, ya que hay muchas formas verbales y no-verbales en las cuales el investigador, que posiblemente sospeche de alguien en particular, puede influenciar a la víctima. Es preferible que el investigador no sea el que conduzca la entrevista.

El efecto placebo, junto a la remisión espontánea de algunas condiciones, juega un papel muy importante al considerar muchas terapias que en ocasiones parecen funcionar y llevan a la conclusión errónea de que la terapia fue la causa de la mejoría. Es por esto que los estudios experimentales de efectividad de una medicina o terapia deben realizarse como “estudio aleatorizado doblemente ciego con control de placebo” en el cual ni los participantes ni los investigadores saben a cuál grupo pertenecen los participantes.

doble ciego

pruebaEn estos estudios se utilizan dos (o más) grupos, uno de “tratamiento” y otro de “control” cuyos miembros son seleccionados aleatoriamente, escogidos para que sean comparables en todas las características pertinentes (edades, sexo, condición física, salud, etc.), formando dos muestras de una población. Se le administra el tratamiento al grupo de tratamiento y al grupo de control se le administra un placebo que simula el tratamiento, ya sea una píldora de azúcar, una inyección de solución salina, o agujas de acupuntura que no penetran, para así determinar la efectividad de la terapia o medicamento al comparar los resultados para los dos grupos.

La aleatorización al escoger a cuál grupo pertenece un participante es el mejor modo (aunque no es perfecto) de evitar que otros factores (algunos desconocidos) afecten los resultados, ya que se presume que estos factores estarán presentes en cantidades comparables en ambos grupos, siempre que los grupos sean suficientemente numerosos.

Este tipo de ensayo clínico es el que se requiere de la industria farmacéutica por las autoridades que reglamentan las medicinas (en EE.UU. es la FDA, Food and Drug Administration, en Europa la EMA, Agencia Europea de Medicamentos). Se critica cómo estas agencias no son independientes, cómo se realizan estos estudios, cómo los intereses industriales tratan de controlar los resultados y evitar resultados adversos. Pero al menos hay algo. Se conocen casos de actuaciones indebidas por parte de las compañías farmacéuticas, pero se conocen gracias a que investigadores dedicados no se dejaron intimidar[3].

Lo que es difícil de entender es la razón por la cual otros productos, que se mercadean como si fueran medicinas (productos homeopáticos, suplementos nutritivos, vitaminas), que dicen “promover”, “aliviar”, “mejorar”, o “ayudar”, no se someten al mismo examen. Bueno, no es tan difícil de entender: cuando en 1938 el congreso de los EE.UU. promulgó el Federal Food, Drug and Cosmetic Act, que autoriza a la FDA a evaluar la seguridad de alimentos, drogas y cosméticos, el entonces senador por Nueva York, Royal Copeland, médico homeopático, logró relevar de estas exigencias a todos los productos listados en la Homeopathic Pharmacopeia, y así hasta el presente.

Existe una industria paralela a la farmacéutica que está “por la libre”. Vaya a una tienda “naturista” y verá una abundancia de potes con todo tipo de productos que dicen ser buenos para algo, sin que nadie lo haya puesto a prueba. Lo curioso es que pocos protestan por la falta de control y prueba de la eficacia de estos productos, y muchos se tragan las pastillas sin saber lo que se tragan. En el caso de remedios “homeopáticos” ni pruebas hay que hacer, ya que por muy buenas razones no pueden ser efectivos.

Tengo un suplemento a base a hierbas: “Digesplex, formula digestiva*”, que se mercadea como producto para ayudar a la digestión. El asterisco en la etiqueta lleva a un texto en letra chica que dice: “Esto no ha sido evaluado por la FDA. Este producto no es para diagnosticar, tratar, curar, o prevenir una enfermedad.” Es una aclaración obligada para estos suplementos. Pero si el producto “no es para diagnosticar, tratar, curar, o prevenir una enfermedad”, ¿Entonces para que rayos es? Muchos de estos productos se mercadean anunciando que sirven para una larga lista de condiciones. Cuanto más larga la lista más cuestionable el producto. Cuando algo sirve para todo lo más probable es que no sirva para nada.

Paul Offit[4], autor importante en relación al tema dice: “Es necesario enfocar en la calidad de los estudios científicos. Y cuando estos estudios no existen, debemos insistir en que se realicen. Si no, seguiremos engañándonos por terapias cuyos reclamos son ilusorios.

Ante el resultado de una prueba, experimento o encuesta en la cual medimos para dos muestras de una población el valor promedio de la cantidad de interés (colesterol en la sangre, nivel de dolor, acierto de una carta, etc.), la primera pregunta pertinente (aceptando que las muestras fueron obtenidas correctamente) es la siguiente: ¿Cuál es la probabilidad de que el resultado – muchas veces la diferencia entre el valor estimado de un parámetro para un grupo tratado y uno no tratado de control, o un grupo expuesto y uno no expuesto – sea meramente producto del azar?

La pregunta surge dado que dos muestras de una misma población no darán exactamente el mismo resultado, especialmente cuando se trata de grupos de personas que difieren unas de otras en muchas propiedades, y en la forma que responden a tratamientos. Si la probabilidad es alta de que la diferencia observada entre las dos muestras sea producto del azar, entonces no hay nada más que buscar. Pero si la probabilidad es baja, da lugar a pensar que la diferencia puede no ser producto del azar, por lo cual se investigarán los factores que causaron la diferencia y posiblemente se pueda pensar que el tratamiento es la causa de la diferencia observada, o que el sujeto realmente tiene poderes paranormales.

La hipótesis que los resultados no difieren de los esperados al azar, es decir que no hay un efecto, se denomina hipótesis nula (nula en el sentido de ningún efecto o consecuencia) y se escribe H0 (se dice hache sub cero). En un juicio la hipótesis nula es que el acusado es inocente. Luego, la acumulación de evidencia y testimonios se compara con lo esperado si fuera inocente, y puede resultar en un veredicto de culpabilidad “más allá de duda razonable”.

La significancia p de una prueba es la probabilidad de que el resultado tenga al menos el valor obtenido, dado que la hipótesis nula es cierta. Por ejemplo, si H0 es “el medicamento no baja el colesterol” y en la muestra tratada obtengo en promedio un colesterol 10% más bajo, p es la probabilidad de que este resultado se obtenga si el medicamento no baja el colesterol y se trata meramente de un resultado del azar.  Se estipula típicamente (por tradición) p=0,05 (95%) o p=0,01, (99%) con lo cual se quiere decir que en el primer caso la diferencia encontrada (en la estadística de interés) tiene una probabilidad de una en veinte de ocurrir al azar y en el segundo probabilidad de una en cien de ocurrir, si H0 fuera cierta (es decir la diferencia fuera solamente producto del azar). Pero no significa que los datos no pueden ocurrir si H0 es cierta (solamente tienen baja probabilidad), por lo cual no dicen que H0 es falsa.

Suponga que usted quiere examinar si una moneda está equilibrada, y esa es su H0. Realiza una prueba y lanza la moneda 4 veces y obtiene 4 caras. La probabilidad de obtener cuatro caras al azar en una moneda equilibrada es (1/2)4=1/16, es decir que solamente espera este resultado una vez en 16 pruebas (de lanzar la moneda cuatro veces) o en 6% de las veces (p=0,06). ¿Concluye entonces que la moneda no es una moneda equilibrada (rechaza H0)? No tan rápido. Si usted repite la prueba cien veces espera que en seis salgan cuatro caras puramente por azar, y la prueba que usted hizo puede ser una de ellas. En este caso, es posible hacer la prueba 100 veces, y resolver la duda. En los casos de pruebas clínicas no es tan fácil. Sirva esto como cautela al evaluar un resultado estadístico (donde en la mayoría de los casos no se realizan cien ni diez estudios).

Una diferencia estadística significativa entre dos resultados con un nivel de p= 0,05 (nivel aceptado en las ciencias sociales y en medicina) indica lo siguiente: si suponemos que los dos grupos proceden de muestras aleatorias que representan la misma población cuyas propiedades se pueden estimar a partir de las propiedades de las muestras y si suponemos que hemos realizado 100 pruebas con dos grupos de esta misma población, entonces esperaríamos que la diferencia encontrada entre los dos grupos sea igual o mayor que la encontrada en solo 5 de los 100 casos.

En las ciencias físicas se exigen niveles de significancia de 1 en 10000 en vez de 1 en 20 y eso es una gran diferencia. El problema es que 0.05 es muy laxo, especialmente cuando se trata de cosas que son contrarias al conocimiento científico y es la razón de tantos resultados espurios.

Cuando un estudio epidemiológico concluye que tomar una copa de vino al día es bueno para la salud, (resultado de algún estudio en el cual se informó el valor de p, aunque la prensa solamente diga “resultados significativos”), o que la moxibustión es efectiva, lo único que está señalando es que se encontró una diferencia y más nada. No significa que tomar una copa de vino al día causa buena salud, que es como usualmente se reporta y entiende el resultado, o que la moxibustión causa la mejor presentación del feto.

Una diferencia significativa, no quiere decir que la H0, (tomar una copa de vino al día no afecta la salud), sea falsa.  Además, si fuera falsa (es decir que es cierto que los que toman una copa de vino al día son más sanos), puede muy bien ser consecuencia de otros factores que son causas contribuyentes (a su vez relacionadas al tomar vino) que, por ejemplo, podrían estar relacionadas a que los bebedores de vino son en promedio personas de un nivel social distinto y con mejor acceso a servicios de salud.

Un resultado estadísticamente significativo poco dice si no se tiene información adicional, y sirve solamente como punto de partida para realizar más estudios. La situación cambia cuando se obtienen varios resultados similares independientes, y es la razón por la cual los resultados científicos importantes requieren al menos un estudio que confirme los resultados iniciales.

Hay una documentada tendencia, por parte de las revistas científicas a preferir la publicación de resultados positivos, lo cual a su vez causa que muchos resultados negativos ni se manden para publicación, generando lo que se conoce como el “efecto del archivo” (un error de selección). Se prefiere publicar un artículo[5],[6]: Estudio indica la efectividad de X, que un artículo: Estudio indica la inefectividad de X, a menos que X sea algo ya establecido o controversial).

Este efecto conduce a viciar los resultados de meta-estudios o revisiones sistemáticas de la literatura. Como ejemplo extremo suponga que, de 100 estudios, 95 no rechazan H0 y no se publican y 5 que por azar dan resultados estadísticamente significativos (p=0,05) se publican.[7] Puede ver el problema.

El Dr. Ben Goldacre relata en su importante libro[8] que, basado en un estudio clínico de la efectividad de la droga anti depresiva “reboxetine”, la recetó a un paciente. El estudio, realizado con 254 pacientes, había sido publicado en una revista académica. Más tarde, un grupo de investigadores pudo determinar que existían otros seis estudios, totalizando diez veces más pacientes que el estudio positivo, cuyos resultados fueron negativos, pero no fueron publicados. Reboxetine no es efectiva más allá del placebo.

Las pruebas de significancia son particularmente importantes cuando no se entiende o se entiende poco lo que está pasando (ocurre con la evaluación de terapias o medicamentos, las prácticas de agricultura, psicología experimental, ciencias sociales) y es necesario establecer un efecto.

Cada vez que una prueba en el área paranormal ha dado resultados marginalmente positivos, estudios que han buscado replicar los resultados han determinado de que se trata de falsos positivos. Los siguientes criterios adicionales sirven para evaluar la significancia de un resultado y decidir cuándo sería convincente para considerar el rechazo de H0:

  • ¿Cuál es la plausibilidad de H0? Si H0 es algo establecido, entonces se necesitará un valor de p muy pequeño para rechazarla. Consideraremos algo como extraordinario si contradice mucho de lo que sabemos del mundo. El lema es: resultados extraordinarios requieren prueba extraordinaria.
  • ¿Cuáles son las consecuencias de rechazar H0? Si rechazar H0 implica aceptar algo que no tiene un buen fundamento y ni tan siquiera sea plausible (como percepción extra sensorial o moxibustión) entonces es posible que no se deba considerar, y que sea mejor alternativa aceptar que ocurrió algo de baja probabilidad que no necesita explicación (o que hubo fraude o mal diseño experimental).

En resumen: Un resultado con cierto valor alto de significancia (valor de p pequeño) solamente nos permite decir que si la hipótesis nula H0 es cierta (que solamente se trata de lo esperado al azar) entonces ocurrió algo inusual (que tiene una probabilidad p de ocurrir) o acaso que H0 es falsa, pero no prueba más nada. Menos cuando se utiliza un p=0.05 lo cual para muchos estudios no es adecuado.

Aclaremos una cuestión semántica: interpretamos “significante” como “importante” o “grande” pero no son lo mismo. Además de la significancia estadística interesa la magnitud de la diferencia. Un estudio puede resultar en una diferencia significativa (p=0,05) en algo (es decir que probablemente hay una diferencia), y no por eso es una diferencia importante. Una crema para la piel que dice: “Su uso hará que se vea 10 años más joven” implica un efecto importante, mientras que si dijera: “Su uso hará que se vea un mes más joven”, no será de gran interés por más que la prueba que se haya realizado sea estadísticamente significativa (sin entrar en cómo se determinaría “más joven”).

Ante cualquier aserción que diga que tal o cual cosa causa tal o cual otra pregunte: ¿Cómo lo saben?

Aunque en muchos casos no conocemos el mecanismo (por ser multifactorial y complejo) por el cual se produce un efecto (cómo exactamente fumar causa cáncer), o no existe un mecanismo (como en el caso de la moxibustión o la homeopatía), en otros conocemos los mecanismos y nos asombraríamos si no se produjera un efecto (como lo es el caso del calentamiento global por el mecanismo del efecto invernadero). Encontrar un nexo con mecanismos conocidos es la forma más segura de evaluar la importancia del resultado.

Dudar de la realidad del nexo entre el calentamiento global y la emisión de CO2 (establecido por cientos de estudios independientes), no solo es irracional, sino que es estúpido y perverso, (Lo cual no quita que unos cuantos estúpidos y perversos lo nieguen).

Por eso le presento una de las gráficas más terribles del mundo. Son los resultados de la medida del aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, medidos en Mauna Loa. Son tan precisos que hasta muestran la oscilación anual por el crecimiento de plantas en el verano de hemisferio norte. Cualquiera que sabe algo de atmósferas planetarias entiende que esto causa el ineludible aumento en su temperatura superficial. La curva roja representa el promedio de la emisión cumulativa anual de CO2 medida de la combustión de combustibles fósiles y la fabricación de cemento. (vea aquí).

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Cuando los resultados de estudios estadísticos van en contra de los intereses de algún grupo (político, religioso, industrial, empresarial), se recurre a “sembrar la duda” por parte de científicos prostituidos, políticos corruptos y relacionistas públicos, buscando o fabricando un resultado contradictorio (por más que sea uno en mil) y enfocando en la incertidumbre que siempre estará presente. En su importante libro “La duda es su producto” David Michaels[9] cita de un documento de 1969 de Brown and Williamson (productores de Kool, Lucky Strike, Pall Mall y Viceroy, entre otros): “La duda es nuestro producto, ya que es la mejor forma de competir con los hechos que existen en la mente del público, Es también la manera de establecer una controversia.

 

[1] Edzard Ernst (2015). A Scientist in Wonderland. Academic

[2] Vas J, Aranda- Regules JM, Modesto M, et al. Acupuncture in medicine: journal of the British Medical Acupuncture Society. 2013;31(1):31-8.

[3] Ben Goldacre (2012). Bad Pharma: How Drug Companies Mislead Doctors and Harm Patients.  Faber and Faber.

[4] Paul A. Offit (2013). Do you believe in Magic? The Sense and Nonsense of Alternative Medicine. Harper.

[5] TED. Ben Goldacre http://www.ted.com/talks/ben_goldacre_battling_bad_science?language=en.

[6]http://www.ted.com/talks/ben_goldacre_what_doctors_don_t_know_about_the_drugs_they_prescribe.

[7] Robert Rosenthal (May 1979). “The file drawer problem and tolerance for null results”. Psychological Bulletin 86 (3): 638–641.

[8] Ben Goldacre (2013). Bad Pharma: How Drug Companies Mislead Doctors and Harm Patients. Faber and Faber. pág. 6.

[9] David Michaels (2008). Doubt is their Product. Oxford University Press. pág.11.