Las Nieves del Kilimanjaro

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 “Compie volvió la cabeza sonriendo y señaló algo. Harry miró, y todo lo que pudo ver fue la cima cuadrada del Kilimanjaro, ancha como el mundo entero; gigantesca, alta, e increíblemente blanca bajo el Sol. Entonces supo que era allí adonde iba.”

Las Nieves del Kilimanjaro Ernest Hemingway (1936)

klimanjaro5Si no fuera porque nuestro planeta tiene una atmósfera las cosas serían muy diferentes. No solo tendríamos un problemita con la respiración y la transportación aérea entre otras cosas, pero en términos geofísicos la superficie del planeta sería mucho más fría, tan fría que los océanos se congelarían hasta el fondo y nuestro planeta sería una bola de hielo. Nuestro Sol es la única fuente de energía externa y es esta la que calienta la Tierra ayudada por el efecto de invernadero.

El dióxido de carbono, que constituye una diminuta parte de la atmósfera, el metano, el vapor de agua y otros gases menos comunes aún, se llaman gases de invernadero porque en la atmósfera tienen el mismo efecto que el cristal de un invernadero, aunque el detalle de su funcionamiento es diferente. Estos gases son transparentes a la luz solar pero no a la radiación infrarroja. En consecuencia, la luz solar puede alcanzar la superficie de la Tierra, donde el suelo absorbe su energía y se calienta. En equilibrio, la Tierra emite la energía recibida del Sol otra vez hacia el espacio, ya que de lo contrario se seguiría calentando. Pero la Tierra es mucho más fría que el Sol y por lo tanto, mientras el Sol emite su energía mayormente como luz y ondas ultravioletas la Tierra la emite en el infrarrojo. Pero la atmósfera no es transparente a la radiación infrarroja ya que los gases de invernadero que contiene absorben gran parte de esta radiación y se calientan. Se enfrían emitiendo a su vez radiación infrarroja, mitad de la cual regresa a la superficie terrestre.

Es decir que la superficie de la Tierra se calienta por radiación solar directa y por radiación emitida por los gases de invernadero atmosféricos. Esto causa que la temperatura promedio de la superficie de la Tierra sea de 15° Celsius (59 Fahrenheit) mientras que sin la atmósfera sería de negativo 18°C (0 Fahrenheit) Cuanto más alta la concentración de gases de invernadero, mayor será la temperatura promedio de la superficie. Esto no es objeto de discusión, es física elemental. El efecto de invernadero no es un mito como dicen algunos, sino que la vida en la Tierra depende de los buenos servicios de trazas de estos gases.

Hace unos doscientos años, comenzó el Antropoceno una nueva era geológica que se caracteriza por el dominio creciente de Homo sapiens sobre el sistema Tierra. Comenzando con la revolución industrial, la magnitud de una gran cantidad de procesos que inciden en el estado de la biosfera ha crecido vertiginosamente a tal punto que ahora la Tierra se encuentra en un estado sin precedentes. El primer proceso determinante de muchos otros es sencillamente nuestro crecimiento demográfico, que nos ha llevado de unos dos mil millones de humanos en el año 1930 a siete y medio mil millones en el año 2016. Esperamos unos nueve mil millones en el 2050. Nuestras cantidades y actividades nos han llevado a ser la fuerza de mayor impacto sobre el ecosistema terrestre, dominando y en muchos casos determinando su comportamiento por encima de procesos naturales. Necesitamos estudiar la compleja red de procesos físicos, químicos, biológicos y humanos que transportan materiales y energía a través del sistema para entender los potenciales peligros a los cuales estamos expuestos. El cambio climático es un aspecto de esta dinámica global, y no se trata de ningún timo como implican algunos políticos ignorantes, lacayos del complejo militar industrial financiero, que por desgracia para el mundo tienen el poder.

La concentración atmosférica del dióxido de carbono (hace doscientos años era de 280 partes por millón por volumen) ha aumentado en un treinta y cinco por ciento (a 400 ppmv), el metano se ha duplicado y el óxido nitroso ha crecido en un 15 por ciento. Aunque el dióxido de carbono es una diminuta fracción del contenido atmosférico, la cantidad total de carbono en la atmósfera es enorme: 800 gigatoneladas (una gigatonelada es mil millones de toneladas) es decir setecientos cincuenta mil millones de toneladas. Se mantiene allí como resultado del complejo ciclo del carbono que lo hace circular entre las rocas, los océanos, la atmósfera y los organismos. Se estima que las actividades humanas incorporan nueve gigatoneladas por año a la atmósfera la mitad de las cuales se queda en ella. Otra parte se disuelve en los océanos y los acidifica, amenazando la flora y fauna marina.

Aquellos que estudian el clima del pasado taladrando el hielo polar han descubierto una historia compleja y fascinante. Es posible medir la concentración de gases de invernadero en la atmósfera del pasado analizando pequeñas burbujas de aire que han quedado atrapadas en el hielo polar por la acumulación de nieve. Varios estudios basados en muestras de diferentes localidades y realizados por distintos grupos de investigación, arrojan los mismos resultados, lo cual les confiere una gran fiabilidad.

En la estación antártica rusa Vostok, por ejemplo, el hielo que se encuentra a una profundidad de 3,300 metros tiene unos 400,000 años de edad, preservando de esta forma información de gran importancia acerca de la historia climática del planeta. Durante los últimos 400,000 años hubo cuatro largos períodos glaciales interrumpidos aproximadamente cada cien mil años por cortos períodos interglaciares cuyas temperaturas eran, en promedio, unos cinco grados Celsius más elevadas. Estos cambios globales responden a características generales de la órbita terrestre. Durante la última glaciación, el continente norteamericano quedó cubierto por una capa de hielo de un kilómetro de espesor que llegaba hasta la región de los grandes lagos. De igual forma gran parte de Europa se cubrió de hielo.

Los datos de Vostok, y de estaciones similares en Groenlandia, documentan una correlación clara entre la concentración de dióxido de carbono y metano por un lado, y la temperatura por el otro. El nivel actual de dióxido de carbono es más alto que en cualquier otro momento de los últimos 400,000 años.

El Holoceno, la era interglaciar en la cual nos encontramos, comenzó hace unos 11,800 años. Es una era relativamente estable y es sin duda parte de la razón por la cual surgió la agricultura y se establecieron diversas civilizaciones. Al comienzo del Holoceno el planeta se calentó en unos cinco grados Celsius y los cambios fueron de una magnitud descomunal. Se estima que se derretían 14,000 kilómetros cúbicos de hielo por año, (imagínese un cubo de agua de veinticinco kilómetros por lado) y el nivel del mar subió 140 metros en la transición.

Hace ocho mil doscientos años, en la parte norte del planeta el clima enfrió repentinamente por cinco grados Celsius en pocos años, estado que perduró por cien años, antes de regresar a la normalidad. También, al final de la última glaciación, al comienzo del Holoceno, ocurrió lo que se conoce como el “Dryas Reciente”, un período de unos mil años en el cual la temperatura promedio bajó repentinamente. Las Dryas son plantas que prosperan en el frío y se ha determinado que en esa época la distribución de su polen era muy extendida en las regiones de América del Norte y Europa, regiones que hoy son demasiado cálidas para que prosperen las Dryas. Ambos eventos abruptos ocurrieron en tiempos en los cuales la temperatura global estaba subiendo, tal como lo está haciendo en el presente. Se piensa que estos cambios abruptos están relacionados con inestabilidades en las gigantescas corrientes termohalinas oceánicas que distribuyen el calor que mayormente incide en zonas tropicales, hacia latitudes más altas. Europa sería un lugar inhóspito, más parecido a Siberia, si no fuera por la corriente del golfo. Preocupa a algunos la posibilidad de inducir un cambio abrupto calamitoso en esta época de creciente temperatura.

En el transcurso de los años se han acumulado millones de medidas de temperatura, realizadas por estaciones meteorológicas en la tierra y barcos en los mares. Mas recientemente, detectores montados en satélites y boyas marinas han aumentado la cantidad y calidad de los datos. Diferentes grupos de investigadores coinciden. Al promediar estos datos tomando en consideración su distribución geográfica y los cambios durante el año, se obtiene una medida de la temperatura global para el año y se ha constatado un aumento de casi un grado en los últimos cien años, crecimiento interrumpido por altos y bajos naturales, con un aumento más pronunciado comenzando a finales de 1970.  Quizá no parezca mucho, ya que a veces los cambios de temperatura de un día para otro son mucho mayores, pero la diferencia estriba en que estos últimos son cambios locales y no globales. La temperatura es hoy más alta que en cualquier momento de los últimos mil años.

La grafica muestra las medidas obtenidas por cuatro estudios independientes.
La grafica muestra las medidas obtenidas por cuatro estudios independientes.

Sí, el mundo se calienta y todo indica que el aumento del dióxido de carbono atmosférico y de otros gases de invernadero, producto de nuestras actividades es la causa. Otras observaciones corroboran este fenómeno, en particular el encogimiento sistemático de los glaciares del mundo, la disminución del área del hielo polar, y el lento aumento en el nivel del mar.

El Kilimanjaro, inmortalizado en la historia de Hemingway, es el pico más alto de África en el noreste de Tanzania a tan solo tres grados al sur del ecuador. Su altura de 19,335 pies (5895 metros) permite que en su cima se encuentren grandes glaciares que brillan bajo el intenso Sol tropical, dando origen a su nombre en el idioma Swahili: Kilima Njaro – Monte Brillante. La extensión de los glaciares en su cima se ha medido comenzando en el año 1912 comprobándose que desde entonces han perdido ochenta por ciento de su extensión, un tercio desde 1989. Como si fuera un gigantesco termómetro, el Kilimanjaro, nos confirma: la Tierra se calienta, por más que otros efectos locales también contribuyan a la desaparición del hielo.

El aumento de temperatura calculado en caso de que se duplicara la concentración de dióxido de carbono atmosférico se sitúa entre dos y cinco grados Celsius. La incertidumbre surge porque los modelos de un sistema tan complejo como el clima global dependen de un gran número de procesos, algunas no muy bien conocidos. Hay que conocer con gran detalle los complicados ciclos que acoplan procesos en los océanos, las masas continentales, la atmósfera y la biosfera.

Los datos indican que en el período interglacial previo al Holoceno, llamado Eemiense, ocurrido hace unos 140000 años, la temperatura fue de unos dos grados Celsius más elevada que en el presente y el nivel del mar fue unos cinco metros mas alto. No queremos llegar a condiciones similares. El nivel de los mares aumenta en parte por el hielo derretido, y en parte por la expansión termal de los océanos. Es posible que para el año 2100 el nivel de los océanos haya subido un metro. El número exacto dependerá del aumento de temperatura, pero afectará de un modo u otro a las áreas costeras, donde vive aproximadamente un tercio de la población mundial. En países como Bangladesh, ubicado en el delta de los ríos Ganges, Brahmaputra y Meghna, millones se verán seriamente afectados por el aumento de precipitación y el nivel del mar que periódicamente inunda la tierra.

Los patrones de precipitación también se verán alterados y esto causará problemas a la ya precaria producción agrícola con consecuencias difíciles de predecir, pero que de seguro agravarán los problemas que enfrentamos. Los casos de malaria, fiebre amarilla, dengue y cólera aumentarán como resultado de un clima más caluroso, lo cual complicará aun más nuestra frágil situación. Y de eso no nos salvará un dios y menos las armas nucleares.

La atmósfera no es solamente un recurso vital, es también un recurso único. Contrario a otros recursos o bienes tales como los minerales, el petróleo, bosques, etc, que pueden ser considerados propiedad de una nación, la atmósfera es un bien común que le pertenece a todas las formas de vida del planeta y todas las formas de vida necesitan de ella por igual. Su dinámica causa que sea igual para todos. Desde un punto de vista ético, cabe preguntarse qué derecho tiene una nación de dañar unilateralmente este recurso con repercusiones graves para todos y qué responsabilidad tiene esa nación de reparar el daño.

Los países industrializados y en particular EE.UU., emiten aproximadamente diez veces más dióxido de carbono que los países no desarrollados. La producción promedio de dióxido de carbono por persona en EE.UU. es mayor que 16 toneladas métricas por año, mientras que, por ejemplo, un ciudadano de la India emite en promedio un factor de diez menos. China emite 8 por habitante (y son muchos), habiendo aumentado sustancialmente en los últimos 15 años Serán justo los habitantes de los países que menos emiten, los más pobres, los que menos se podrán defender de las consecuencias causadas por esta contaminación. No hay razón, en principio, para aceptar este uso desigual de la atmósfera, aunque hay razones históricas que explican esta desigualdad. Pero el principio de que todos tienen derecho a una misma parte del recurso es un buen punto de partida para eventualmente llegar a una solución equitativa de este grave problema.

 

El mapa ilustra la situación en emisión por país en miles de toneladas métricas.
El mapa ilustra la situación en emisión por país en miles de toneladas métricas.

Mientras los científicos dan la voz de alarma, aquellos que más podrían hacer para buscar soluciones son parte del problema. Los EE.UU., con solo 4% de la población mundial, son responsables de un 15% de las emisiones a la atmósfera, pero actúan como si el problema no fuera de ellos. El gobierno de EE.UU parece no comprender que al final también les afectará, y prefiere actuar a corto plazo, aliado de la industria petrolera y del carbón, con la excusa de que los datos son inciertos y que se necesitan más estudios. Con los recientes cambios políticos la situación sin duda empeorará. Mientras tanto se propone que exploremos a Marte a un costo multibillonario para saber como fue su clima pasado y si hubo alguna vida allí. Si la hubo, no sobrevivió los cambios climáticos naturales ocurridos en Marte, y la pregunta que se debe hacer es cómo sobreviviremos aquí en la Tierra.

Existe otra razón por la cual es importante cambiar. En el presente la fracción mayor de energía se produce utilizando combustibles fósiles: petróleo, gas y carbón. ¡Cada día se queman ochenta millones de barriles, treinta mil millones al año!  Aunque es difícil estimar las reservas existentes, varios estudios indican que antes de que pasen cien años se acabarán las fuentes de petróleo y gas natural, y antes de esto, naturalmente, los costos irán en aumento a medida que se torne más difícil extraer las últimas gotas. Pero, además, utilizar hasta la última gota es suicidio. Cambiar nuestro uso de energía buscando alternativas, es por lo tanto no solamente una forma de prevenir cambios climáticos antropogenos, sino que es un imperativo para sobrevivir en un futuro no tan lejano. El cambio necesario es monumental, y por lo tanto comenzar ahora ya es tarde y la inercia es muy alta.

La reducción de las emisiones de gases de invernadero a cualquier costo debe convertirse en una de las máximas prioridades de cualquier gobierno, a pesar de las previsibles protestas y negativas por parte de aquellos que no quieren cambio, esencialmente porque están bien, y del escepticismo de unos pocos científicos, muchas veces financiados por estos mismos intereses industriales. Recordemos las expresiones de algunos que por mucho tiempo negaron que fumar causara daño a la salud, y de otros que opinaron que los clorofluorocarbonos no tenían nada que ver con el ozono atmosférico que casi nos lleva a una catástrofe. Siempre se recurre a sembrar la duda, que hay incertidumbre en algún resultado, y es cierto, la ciencia no puede estar totalmente segura, no lo sabe todo, pero algo sabe. Y aquellos que ignoran lo que la ciencia ha descubierto, o peor aún, opinan que la ciencia que no les conviene es errónea, son criminales intelectuales.

El Sol y Viento, son las dos fuentes de energía alterna más comunes, pero no son suficientes para resolver el problema por lo que descartar la energía nuclear por puro miedo no es razonable. Sobre cincuenta plantas nucleares suplen la mayoría de la energía eléctrica de Francia. Accidentes los hubo y los habrá, pero se pueden minimizar con controles estrictos y diseños modernos. Los accidentes de Chernóbil y de Fukushima causaron muertes y afectaron la salud de unos cuantos miles de personas. Pero no consideramos las muertes causadas por el aumento de temperatura global, difíciles de contabilizar, pero sin duda mucho mayores. Tampoco dejamos de volar en aviones porque algunos se accidenten.

La cruda realidad es que pocos en los países que más contribuyen al problema estarán dispuestos a cambiar sus estilos de vida drásticamente para resolver o al menos mitigar el problema. También esta claro que los más afectados no invadirán a los EE.UU. para obligarlos a que cesen con las prácticas que atentan contra la salud, bienestar y “seguridad nacional” de sus poblaciones. Solo queda entonces la persuasión, el argumentar claramente que esta futura calamidad afectará a toda tarde o temprano, “sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición” (declaración de derechos humanos de la ONU) y que hay un imperativo ético que se debe acatar.

La humanidad se ha embarcado en un gigantesco experimento planetario, inyectando enormes cantidades de compuestos en la atmósfera. El sistema global es muy complejo pero lo que se vislumbra son malas noticias para la mayoría de los habitantes del planeta a los cuales ya no les va muy bien que digamos. Puedo escuchar el coro futuro de nuestros nietos que con tono acusador nos preguntan ¿Es esto lo que nos dejaron? Yo no estaré en el 2050 para ver si realmente sucedió lo que hoy vaticinamos. Pero de esto estoy seguro: Las nieves de la montaña más alta del África habrán desaparecido y pocos recordarán haber visto al Kilima Njaro.

Fanáticos y alienígenos

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fanatismo 
Del fr. fanatisme, y este de la raíz de fanatique ‘fanático’ e -isme.
1. m. Apasionamiento y tenacidad desmedida en la defensa de creencias u opiniones, especialmente religiosas o políticas.
–Diccionario de la Real Academia Española

Ese apasionamiento y tenacidad desmedida nos ha llevado y nos sigue llevando a muchas tragedias, basta ver lo que pasa estos días cuando “terrorismo” es una palabra de uso cotidiano.

Los últimos cien años han sido los más crueles, violentos y salvajes en términos de lo que somos capaces de hacer los unos a los otros, mientras que simultáneamente han resultado en el despertar de la conciencia a un nuevo y maravilloso mundo descubierto por la ciencia, que también nos alerta de ciertos problemas que enfrentamos. Muchos conocen la triste historia del pasado, pero pocos conocen lo que hemos aprendido del mundo, posiblemente porque no se les ha enseñado de forma adecuada.

De allí surge una fuerte disonancia entre lo que nos dice la ciencia sobre cómo es el mundo, y como quisiéramos que fuera. Ocurrió en el caso de Galileo y continúa con el caso de Darwin. La gran mayoría de los humanos ni se han enterado y algunos que saben mejor, dedican tiempo a tapar el cielo con la mano por razones varias. Esta ignorancia relega a la mayoría a un proletariado intelectual, inmersos en antiguas supersticiones y creencias sin fundamento (por las cuales están dispuestos a matar o morir), mientras que una pequeña oligarquía que conoce, disfruta y se aprovecha del conocimiento. A la explotación material del pasado se acopla la explotación intelectual de la futura distopía.1

El problema es que creemos aquello que nos viene bien, ya sea por cuestiones psicológicas o pragmáticas. La verdad, que en muchas ocasiones es incómoda y muy distinta de lo que creemos, poco interesa, la ignoramos o rechazamos con alguna evasiva conveniente. Ya lo sabía el cardenal Carlo Carafa (1517 – 1561) a quien se le atribuye haber dicho: populus vult decipi, ergo decipiatur. Es común atribuirlo a Petronio, pero no hay evidencia de tal cosa. Como sea, alguien lo dijo. Además, la persona más fácil de engañar es uno mismo. Y no es que se trate de un defecto, venimos así “de fábrica” por decirlo de alguna manera. Agreguemos a estos factores la proliferación explosiva de un mundo ficticio propagado por el Internet y otros medios de comunicación, y lo que queda es un desastre por venir.

En estos días santificaron a la madre Teresa. Pocos conocen (ni les gustaría conocer) la otra cara de esta señora que de santa tuvo poco. Basta leer el corto libro de Christopher Hitchens para entender.2 Léalo, dese la oportunidad. Escribe: “Aún me parece asombroso que nadie nunca antes haya decidido mirar a la santa de Calcuta como si, posiblemente, lo sobrenatural no tuviera nada que ver”. Esta señora desprestigia la santidad (si hay algo así), de igual modo que el Premio Nobel de la Paz concedido a Henry (Heinz Albert) Kissinger lo desprestigia (al premio). Lea otro de Hitchens3 quien nos dice en su prefacio a la segunda edición: “Un número de críticos rechazaron creer que la evidencia presentada contra Henry Kissinger fuera cierta”.

Comencemos por los grandes y graves problemas que muchos no quieren aceptar, y otros apenas conocen:

Es un hecho indiscutible que el planeta sufre de un aumento en la concentración de gases de invernadero en su atmósfera por nuestras actividades que no pueden más que causar un aumento de temperaturas superficiales y que a su vez causará (ya está causando) grandes problemas de alimentación y salud. Sería difícil entender si al aumentar la concentración atmosférica en un treinta por cien, no aumentara la temperatura. Ya la pregunta no es si causamos el calentamiento con nuestras actividades, la pregunta difícil y urgente es qué hacer al respecto. El mensaje se ha repetido miles de veces, los científicos alertan, el público no entiende o se entretiene con puerilidades, y los políticos solo piensan en el corto plazo de las próximas elecciones, y no se atreven a hacer lo necesario, por miedo a que las altas esferas del complejo industrial-militar-financiero se molesten.

Aquellos que aún lo niegan (postura popular entre los republicanos de EE.UU.), lo hacen no sé por qué, pero puede haber varias razones, desde la sublime ignorancia hasta la corrupción. Lo preocupante es que muchos de ellos son personas con poder político que tomaran decisiones nefastas para la humanidad. Entre ellos se encuentra el senador republicano del estado de Oklahoma James Inhofe, quien es autor de un libro publicado en 2012: The Greatest Hoax: How the Global Warming Conspiracy Threatens Your Future. Para colmo este señor preside el comité senatorial on Environment and Public Works.

Luego tenemos el hecho que hay almacenadas miles de armas nucleares en varios países y que es solo cuestión de tiempo que alguna de ellas se escape y caiga en manos de uno que la utilice en nombre de su particular fanatismo. El urgente problema de desarme nuclear ha pasado al olvido, nos hemos acostumbrado a que así son las cosas, y protestamos más por plantas nucleares de generación de electricidad que por las armas que representan una amenaza mucho mayor. Lo mismo pasa con la epidemia del VIH, ya casi nadie habla de ello, como si hubiera pasado sin entender que cada año hay millones de nuevos infectados, pero ya no es noticia y muchos, especialmente los jóvenes que piensan que ya no es un problema pagarán caro esa desatención.

Otra cosa que no es noticia entre la pueril cacofonía de noticias diarias es el hecho de que, si seguimos con la pésima costumbre de tomar antibióticos por un tubo y siete llaves, y administrarlo a los animales para prevenir enfermedades por las pésimas condiciones de crianza en las que los mantenemos, causaremos (ya está ocurriendo y la WHO hace años que alerta) que dejen de ser efectivos, consecuencia de la evolución de bacterias resistentes. Y ya que mencioné “evolución”, hay fanáticos que niegan este hecho científico muy bien fundamentado.

Hay además un factor psicológico que contribuye a la indolencia. Algunos de los más apremiantes problemas que enfrentamos son consecuencia de procesos lentos imperceptibles (como el calentamiento global o la creciente resistencia de las bacterias a los antibióticos), o de potenciales eventos catastróficos de baja probabilidad, pero alto impacto (como una guerra nuclear) y es difícil para el público comprender esta realidad. A los políticos y gerentes de las grandes corporaciones (gerentes del mundo, incluyendo las corporaciones religiosas) que generalmente solo piensan en el corto plazo, esto no les importa. Dirán: ¿Qué me importa lo que ocurra dentro de cien años si yo no lo viviré?

La complacencia nos hundirá como lo hizo el Titanic en 1912 al compás de su orquesta. En una entrevista de 1907, su capitán, E. J. Smith (1850-1912) declaraba4: “En toda mi experiencia, (de cuarenta años), nunca he tenido un accidente de tipo alguno que merezca la pena mencionar […] Digo que no puedo imaginar condición alguna que pudiera ocasionar a un navío luchar por mantenerse a flote. No puedo concebir un desastre vital que le ocurriera a esta nave. La construcción moderna de barcos ha trascendido esta posibilidad”. Hay muchos Smith en este mundo.

Si pregunto a cualquiera si la verdad importa, responderá que si, que la mentira es condenable como ya lo hace la biblia en su decálogo: “No dirás falso testimonio contra tu prójimo”. Para el ciudadano es difícil evaluar cuando un testimonio (como el de Inhofe) es falso, cómo proceder para acercarse a la verdad del mundo, por cierto, nada fácil. Pero hay maneras, y el proceder científico es una de ellas, que ha dado muy buenos frutos. Es la verdad científica que nos ha llevado a los antibióticos, armas nucleares, y a conocer la razón del calentamiento global.

Me lleva esto a aclarar un asunto que confunde a muchos, especialmente a algunos que condenan la ciencia. El conocimiento científico nos provee, por medio de la tecnología, un creciente poder, que nos ha permitido llegar a la Luna (hecho negado por otros fanáticos), comunicarnos instantáneamente con todo el mundo, generar energía nuclear, combatir enfermedades y modificar plantas para fines que se pueden debatir. Pero el debate no puede ser sobre si la ciencia es buena o mala, sino más bien al servicio de quien debe estar, aceptando que el conocimiento es patrimonio de la humanidad. El conocimiento obtenido por la ciencia es de un valor ético neutral pero no así la tecnología, ya que su utilización puede hacerse con fines moralmente aceptables o reprobables.

Aunque no sea de la envergadura de los grandes problemas que he mencionado, considere la cuestión de la vida en otros planetas (el otro día descubrimos uno bien cercano, a “solo” cuatro años luz de distancia en órbita alrededor de la estrella más cercana que conocemos: Próxima del Centauro.)

Por cierto, si hay otros en este vasto universo, es una pregunta milenaria cuya respuesta tiene relevancia para entender la esencia de lo que somos. Con paciencia y el esfuerzo de científicos que estudian esta cuestión nos acercaremos a la respuesta. Pero entendamos que no es fácil y por más que a algunos no les guste, sepa que hasta el presente no tenemos evidencia alguna de que en otro planeta exista vida, y menos vida inteligente, por más señales “wow” que de vez en cuando se publican en la prensa.

Eso no impide que algunos aseveren que nos visitan por la noche, que han tenido encuentros cercanos de todo tipo, dando testimonio de conversaciones “telepáticas” (pregunto: cómo se distingue de otros eventos mentales cómo los sueños y las alucinaciones, y también si los alienígenos hablan justamente el idioma de quien recibe el mensaje). Llama la atención que de estos mensajes de seres obviamente mucho más avanzados que nosotros nunca surge algo que no conozcamos.

Otros aseguran que los han visto en persona y se molestan cuando en ocasiones he tratado de explicar las razones por las cuales esto es cuestionable. Comienza con “visto en persona” ya que un ser de otro mundo no tendrá una apariencia humanoide como siempre los describen, por la sencilla razón que humanoide es un accidente evolutivo terrestre. Cabe aquí citar a Oliver Cromwell5: Les suplico por las entrañas de Cristo, pensar en la posibilidad de que estén equivocados.

También es buena idea seguir los preceptos del gran David Hume:6Ningún testimonio es suficiente para establecer un milagro, a menos que el testimonio sea tal que de ser falso, fuera más milagroso aún, que el hecho que trata de establecer”. Hume continúa: “Cuando alguien me dice que vio resucitar a un muerto, inmediatamente me pregunto qué es más probable: que esta persona engañe o sea engañada, o que el hecho que narra haya podido ocurrir realmente. Evalúo un milagro contra el otro y de acuerdo con la superioridad que encuentre, tomo mi decisión y siempre rechazo el milagro mayor”. Podemos sustituir muerto por ser extraterrestre.

Podrá decirse que en el caso de los alienígenos no se le hace mal a nadie, y que si por las razones que sea se lo creen, están en su derecho. Pero sí le hacen mal, le hacen mal a sí mismos ya que creer algo que es falso no es bueno, y el que lo hace sin respetar la evidencia, no tendrá reparos en creer otras cosas para las cuales no hay evidencia, incluyendo cosas que le pueden hacer daño a muchos (como por ejemplo que las vacunas causan autismo). Me viene a la mente otra cita memorable de hace 140 años, esta vez del filósofo y matemático William Clifford7: Si una persona, al sostener una creencia que le fue enseñada en la niñez o de la que fue persuadida más tarde, rebaja y echa a un lado todas las dudas sobre ella que brotan en su mente, evita a propósito la lectura de libros y la compañía de hombres que la cuestionen o la discutan, y ve como impías aquellas preguntas que no puedan contestarse fácilmente sin perturbarla, entonces la vida de esa persona es un único y largo pecado contra la humanidad.

Y ese es un pecado que no es perdonable en el confesionario.

  1. Opuesto de una utopía
  2. Christopher Hitchens. The Missionary Position. (1995) Verso. La posizione della missionaria.(2014) Filigrana, Minimum Fax. Curiosamente no parece haber una traducción al español
  3. Christopher Hitchens. The Trial of Henry Kissinger, (2002). Verso
  4. New York Times. Tuesday, 16 April 1912. Disaster at last befalls Capt. Smith.
  5. En una carta de 1650 a la asamblea general de la Iglesia de Escocia.
  6. David Hume (1748). An Enquiry Concerning Human Understanding. Prometheus Book, Amherst NY. pág. 105. Investigación Sobre El Conocimiento Humano. Alianza Editorial, S.A. 2004.
  7. Clifford. The Ethics of Belief (1877). The Ethics of Belief and Other Essays. Prometheus Books (1999). La voluntad de creer: Un debate sobre la ética de la creencia. Tecnos, (2003).

CONOCE AL ENEMIGO Y A LOS ANGELES URGENTES

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El 1 % de la población disfruta de las mejores viviendas, la mejor educación, los mejores médicos y el mejor nivel de vida, pero hay una cosa que el dinero no puede comprar: la comprensión de que su destino está ligado a cómo vive el otro 99 %. A lo largo de la historia esto es algo que esa minoría solo ha logrado entender, cuando ya era demasiado tarde.[1]

Joseph E. Stiglitz (Premio Nobel en Economía 2001)

Veo a través de los lentes de las cámaras que viajan por el mundo globalizado y lo que veo me llena de angustia y tristeza. Claro, el impacto de una mala noticia es superior, por lo cual las cosas buenas que pasan todos los días en algún rincón del planeta no se ven, pero además lo bueno no cancela lo malo, lo bueno es lo que esperamos, sin saber por qué. No es noticia que hoy no se accidentó avión alguno. (Dependiendo cómo lo cuente cada día hay entre 50,000 y 100,000 vuelos).

En los años sesenta queríamos un mundo mejor, hoy queremos un automóvil mejor. ¿Qué pasó con la ilusión de la juventud? ¿Qué pasa con la juventud? O es que tiraron la toalla y si no pueden ganarles entonces aspiran a formar parte. Parece cierto lo que dijo un general uruguayo en un discurso: «Hemos dado un giro de tres cientos sesenta grados»

La visión del pasado, con una división entre países ricos y pobres, o desarrollados y subdesarrollados es hoy algo miope por más que sirva como burdo distintivo. La división es más bien entre ricos y pobres, sin distinción geográfica, entre explotados y explotadores, sin importar las fronteras. Basta mirar a los EE.UU., supuestamente una de las naciones más ricas del mundo, y constatar la crasa desigualdad ente la riqueza de sus ciudadanos.  Según sus propias definiciones un 13 por ciento de la población (40 millones) son pobres mientras que hay 270 billonarios (mil millones). Los EE.UU. tienen, por lejos, la distribución más desigual de ingreso de todos los países[2] industrializados, y se jactan de un sistema democrático que de eso solo tiene el nombre, ya que lo que manda es el poder económico detrás de algún candidato. Alguien una vez dijo: “la democracia es la peor forma de gobierno, exceptuando todas las otras…” y fue citado por el gran Winston Churchill en la Cámara de los comunes en 1947.

Las fronteras han desparecido porque el control lo ejercen desde hace ya bastante tiempo poderosos imperios corporativos multinacionales industriales y financieros apoyados por instituciones como el Banco Mundial, la World Trade Organization (WTO) y el International Monetary Fund (IMF), que trascienden toda frontera. Protegidos en opacos “paraísos fiscales”, aquellos que tienen demasiado, la minoría que se come al mundo, no comprenden que al final se comerán a sí mismos, como el uróboros.

Según José María Tortosa[3]: «El problema del llamado subdesarrollo se origina en los países llamados desarrollados, se agudiza gracias a estos últimos con la visible colaboración de las elites de los países pobres y sólo se solucionará cuando los países llamados desarrollados cambien de política hacia los subdesarrollados y las elites muy ricas de los países pobres abandonen su actitud igualmente depredadora».

Por otro lado, si la meta de los subdesarrollados es desarrollarse siguiendo el modelo de los desarrollados, vamos a tener serios problemas, mucho más serios de los que ya tenemos.

La «mano invisible» de Adam Smith no empuja en la dirección correcta (quien también dijo: «No puede haber una sociedad floreciente y feliz cuando la mayor parte de sus miembros son pobres y desdichados.»)  Los preceptos éticos que empleamos, muchas veces sacados de anticuados libros, son anacrónicos. Necesitamos nuevas ideas para combatir al enemigo, y para combatirlo con eficacia debemos, antes que nada, conocerlo.

El filósofo alemán Günther Anders (Stern) [4] dice: «No es suficiente cambiar el mundo. Eso lo hacemos de todos modos. Y en gran medida ocurre sin nuestro esfuerzo. Es necesario interpretar ese cambio. Para entonces cambiarlo. Para que el mundo no continúe cambiando sin nosotros, Y finalmente no cambie a un mundo sin nosotros».

Ya han pasado sobre cuarenta años desde la publicación en 1972 del informe[5] del Club de Roma advirtiendo sobre los límites al crecimiento, alertando acerca de las consecuencias de un crecimiento demográfico descontrolado combinado con la voracidad corrupta del sistema industrial capitalista, y el mito capitalista del crecimiento ilimitado y el mercado libre. Es cuestión de lógica: es imposible un crecimiento sin límites en un lugar limitado. Cuarenta años también de la instauración de las dictaduras asesinas del cono sur, serviles cómplices del imperio americano, la escuela económica de Chicago y del que suena como Dr. no. Y no ha pasado nada.

Para el año 2040, se espera una población mundial de 9000 millones, más bocas hambrientas, ya que la mayor parte de este crecimiento ocurrirá en India, China, Pakistán y Nigeria. Los países desarrollados, por otro lado, no cambiarán sus números significativamente, manteniéndose en unos 1200 millones.

Será un mundo muy diferente desde un punto de vista demográfico, pero piense un poco: Si se lograra, con un esfuerzo descomunal en tan solo 25 años aumentar en un treinta por ciento el número de escuelas, el número de trabajadores en el campo de la salud, el número de viviendas, la transportación, la producción de energía (si fuera posible), la producción de alimento, y todas las otras cosas que son importantes para el bienestar humano, si lográramos eso digo, sin al mismo tiempo aumentar los daños ambientales causados por estos aumentos, entonces apenas lograríamos mantener la triste realidad.

La prueba de que el sistema socioeconómico operante es un fracaso está en los hechos. Si comparamos el estado del planeta hace 50 años con el presente vemos muy poco en términos de mejora, a menos que usted sea de los que miden mejora por el número de teléfonos celulares, por ejemplo. Las medidas de desigualdad de ingreso y riqueza para el mundo entero muestran un claro deterioro.  El uno por ciento de la población, unas 70 millones de personas, son propietarios de más la mitad de la riqueza del mundo, y tienen ingresos iguales al de los tres mil millones más pobres (la mitad de la población mundial). Es algo grosero ilustrado por la gráfica. Es imposible la paz en un mundo así.37distmundial

No son números exactos, claro, pero nada cambia por eso.  Quien mire el planeta desde fuera (¿un alienígeno?) se dará cuenta que necesitamos urgentemente de nuevas ideas, nuevas formas de conformar nuestras sociedades y conductas que efectivamente lleven a un futuro de paz y justicia como el que la mayoría reclama, un nuevo reglamento aunque lo trajera un ángel del cielo, muy superior al anticuado decálogo.

Dos corrientes son las que a mi entender bloquean el desarrollo de nuevas formas de pensar y actuar: el creciente totalitarianismo del estado y del espíritu. El estado, bajo el poder económico de los abrumadores intereses corporativos y financieros, y con el creciente y sigiloso efecto de sus servicios de inteligencia y desinformación, inventa una realidad a su medida y monta guardia sobre los que puedan significar una amenaza, preparado para desaparecerlos si fuera necesario.  Por otro lado, las iglesias y templos se entrometen hasta en lo más íntimo del individuo, manteniendo con miedo lo que la razón no aguanta.

Difícil escapar del inevitable resultado de la fusión de estas corrientes que se convierte en un torrente arrasador. El lema fascista: “Credere, obbedire, combattere”, sirve a ambos. No son pocos los sitios en los cuales un disidente pierde la cabeza o se pierde en la noche. Pero tanto en la biología como en la sociedad, no pueden surgir nuevas formas si no hay variedad, si no se producen mutaciones en el pensar conforme.

Vivimos bajo un imperio corporativo-militar-financiero que opera globalmente con sobre medio millón de efectivos en 700 bases militares en el extranjero, distribuidas en sobre 130 naciones3. Ha impuesto una globalización política y económica a su conveniencia. pero la tan sonada globalización se limita a sus intereses; no se globaliza la justicia, el bienestar, ni la libertad y democracia a pesar de las bombas.

El paradigma (a lo Kuhn) político, social y económico del presente, si lo juzgamos, quitándonos las gafas de la ficción, por la realidad empírica de las bocas hambrientas y el deterioro ambiental a todos los niveles, se encuentra en bancarrota, por lo cual necesitamos un cambio revolucionario (a lo Kuhn). Se ha globalizado una ficción, una ilusión de bienestar, una quimera de un futuro demostrablemente inalcanzable, no muy distinto del proverbial cofre de oro al final del arco iris. Hay leyes que lo impiden y no son divinas, sino que son reales: leyes de la termodinámica que impiden ese futuro con certeza matemática, basta saber sumar y restar.

Pero el imperio corporativo insiste, ya que ellos estarán bien preparados y armados para sobrevivir el desastre, o al menos así piensan: Desvalijemos el planeta para continuar disfrutando (si esa es la palabra) de lo que tenemos, y cuando las huestes miserables invadan por encima de los grotescos muros que erigimos, las eliminaremos con nuestros armamentos invencibles. Y no crea que es meramente una fantasía. Es la mentalidad que rige el imperio, es la mentalidad que está por detrás de la política de ataque preventivo y de la seguridad nacional[6]. Mejor aún si se puede justificar ante los ojos de Dios por ser el nuevo pueblo elegido, la nación cristiana que luchará hasta la muerte (de los otros), y si eso implica luchar en Megido que sea la voluntad de Dios, ya estamos cerca del final de los tiempos y los más delirantes hasta lo desean. La seguridad nacional ha sido esgrimida para causar una total inseguridad personal. Pero una nación no es nada más que la suma de sus individuos por lo cual la situación anterior es uno de esos absurdos que demuestran la divergencia fundamental de objetivos entre los gobernantes y la mayoría de los gobernados.

La cada vez más estridente pugna entre los extremos tiene una dinámica propia, un escalamiento que se nutre de la Ley del Talión, haciendo caso omiso de las enseñanzas verdaderamente cristianas en la nación que se proclama cristiana sin serlo. Y aunque muchos no lo creen podrían acabar con un payaso al mando de todo. Las miles de armas nucleares en manos de varios bandos junto a mentes que permiten que su propietario se despedace en mil sangrientos pedazos para acceder al paraíso no augura nada bueno para el futuro. un loco es suficiente, y hay miles que quisieran el Apocalipsis. Pero, aunque se puede matar a un millón de un solo bombazo, igual resultado se obtiene con un millón de balazos. Hoy día, el arma de destrucción masiva de preferencia es el AK-47, (Avtomat Kaláshnikov) tan fácil de usar que hasta un niño puede hacerlo, y lo hacen. (Diseñado por el ruso Mijail Kaláshnikov en 1947).

Pero  antes de concluir que si combatimos los extremos todo estará bien, piense que los extremos sobreviven gracias al consentimiento de los moderados, que callan porque en realidad comparten las ideas que fundamentan el extremo, basadas en el grotesco cuento antiguo de infiernos y paraísos inventado por unos nómadas ignorantes. No condenan de forma enérgica y tajante a todos aquellos que con actos violentos piensan ganarse el cielo. La tolerancia de los intolerantes conduce en última instancia a la tiranía.

La historia de la humanidad ha sido una de violencia de un grupo hacia otro. Para esto es necesario antes que nada identificar al grupo. Fácil de hacer si pertenecen a otra nación o a otra tribu, más fácil aun si son distintos en apariencia, de otra “raza” que podamos considerar inferior, (nunca se consideran superiores) en ocasiones diferencias muy sutiles como entre los Hutu y Tutsi de Rwanda, o de si el inexistente es uno o trino, suficientes para entrarse a machetazos o balazos los unos a los otros,.

La otra forma de agrupar al enemigo es de acuerdo a lo que piensan. En el caso de que no piensen, entonces se pueden agrupar de acuerdo a sus creencias. Este proceso ha contribuido a los más viles actos de salvajismo imaginables, desde las torturas de herejes y la inmolación de humanos-bomba hasta varios genocidios del pasado y presente. La religión permite separar, primer paso en el camino al genocidio. Separar a los cristianos de los judíos para justificar la matanza de los que «mataron al hijo de Dios». Separar a los católicos de los protestantes para que puedan caerse a palos en Irlanda.  Separar a los Shiíes de los Sunníes para que puedan reventarse a bombazos en el medio oriente, llevándose a todos por delante.

Ya en la tan abusada Biblia dice Moisés, el mismo que recibió el «no matarás»:

Entonces Moisés habló al pueblo, diciendo: Armaos algunos de vosotros para la guerra, y vayan contra Madián y hagan la venganza de Jehová en Madián. Y pelearon contra Madián, como Jehová lo mandó a Moisés, y mataron a todo varón. Y los hijos de Israel llevaron cautivas a las mujeres de los madianitas, a sus niños, y todas sus bestias y todos sus ganados; y arrebataron todos sus bienes, e incendiaron todas sus ciudades, aldeas y habitaciones. Se enojó Moisés contra los capitanes del ejército, contra los jefes de millares y de centenas que volvían de la guerra, y les dijo Moisés: ¿por qué habéis dejado con vida a todas las mujeres? Matad, pues, ahora a todos los varones de entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente. pero a todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido varón, las dejaréis con vida. (Números 31, 3.7.9-10.14-15.17-18). Podría tratarse de un comandante de ISIS.

Aquellos que llevan libros sagrados bajo el brazo pueden hacer todas las maromas mentales que quieran para extraerse de lo que es obvio, pero al menos para el que no ha perdido el cerebro esto se describe lisa y llanamente como genocidio, o “limpieza étnica”. No hay vuelta que darle.

Algunos lanzan bombas con la ridícula idea de imponer la libertad y democracia y otros desquiciados se convierten en bombas humanas para su causa, y lo hacen en nombre de la dictadura celestial, que promete el paraíso por tales aberraciones. Para algunos (hombres), en el paraíso les esperan decenas de vírgenes para goce eterno, por lo cual están dispuestos a inmolarse. Por desgracia parece que, por un pequeño error de traducción, lo que realmente les espera son uvas. Sí, uvas blancas. La humanidad convertida en un teatro del absurdo por la torre de Babel.

Además, cuando la mayoría de las personas apenas razonan, y divagan a partir de premisas falsas; cuando carecen de la habilidad de pensar críticamente, y creen en todo tipo de fenómenos inverosímiles confundiendo realidad con ficción, aturdidos por la avalancha de desinformación cotidiana, tenemos un monumental problema. Es cierto que una forma de quitarse una migraña es con un tiro en la cien, pero no creo que esa sea la solución que deseamos, pero por ahí vamos.

Hay que luchar a toda costa contra el enemigo, pero no con un AK-47 al hombro o un libro sagrado bajo el brazo, sino que con una renovada ética secular y con la fuerza humilde de la razón en vez de la razón arrogante de la fuerza. Para triunfar es necesario conocer al enemigo. «Conócete a ti mismo» es una frase que se le atribuye al célebre Sócrates e indudablemente lo dice todo, incluyendo: conoce al enemigo.

Lamentablemente, no diviso las fuerzas que puedan hacer de la grieta angosta en el bloque una brecha más ancha por la cual sea posible introducir la cuña para romper al monolito con ideas nuevas. Además, nuevas ideas, nuevas formas de ordenar una sociedad difícilmente pasarán a ser nuevas metas a implementar, ya que quienes tienen el poder de implementación, tienen el poder.

Quizá todo esto tenga algo que ver con las palabras de Silvio Rodriguez en “Cita con Ángeles”:

Pobres los ángeles urgentes
que nunca llegan a salvarnos.
¿Será que son incompetentes
o que no hay forma de ayudarnos?
Para evitarles más dolores
y cuentas del psicoanalista,
seamos un tilín mejores
y mucho menos egoístas.

 

 

[1] Joseph E. Stiglitz (2012), El precio de la desigualdad. P. 355.

[2]  Anthony B. Atkinson, Lee Rainwater y Timothy M. Smeeding (1995). Income Distribution in OECD Countries: Evidence from the Luxembourg Income Study. Paris OECD.

[3] José María Tortosa, (2001). El Juego Global – Maldesarrollo y pobreza en el capitalismo mundial. España, Icaria Antrazyt.

[4] Günther Anders, (1980). Die Antiquiertheit des Menschen ii. Verlag C.H.Beck, München.

[5] Dennis Meadows, Jorgen Randers, Donella Meadows, (2004). Limits to Growth: The 30-Year Global update. Chelsea Green Publishing Company.

[6] Chalmers Johnson (2004). The Sorrows of Empire: Militarism, Secrecy, and the End of the Republic (Metropolitan).

Soledad desesperante

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Sintió que toda su vida era como un sueño y a veces se preguntaba de quien era y si lo estaría disfrutando.

Douglas Adams

 

Me encontraba hace años en el medio de un desierto. Sentado sobre una duna el silencio era tan intenso que oía el traqueteo que hacía mi sangre al fluir en mis oídos. Mantuve en aquel momento una conversación muy interesante conmigo. Hay momentos en los cuales uno desea estar solo. La soledad ocasional es una excelente medicina que permite comunicarnos y así reencontrarnos luego de mucho tiempo, para ponernos al día con nosotros mismos, para repasar lo pasado y visualizar el futuro. Es como si nos encontráramos con un viejo y entrañable amigo luego de muchos años en el exilio. Esta comunicación de yo a yo es importante para no olvidarnos de quienes somos de verdad, quitándonos todos los adornos que usamos para ser quienes no somos, para encontrar respuestas a esas interrogantes ocultas que a menudo nos atribulan, sin saber por qué, hasta que nos hablamos. Si no nos hablamos terminamos enajenados, divorciados de nosotros mismos, sin entender que hacemos en la vida sobre este majestuoso y triste planeta.

Sí, es buena la soledad por un día, frente al mar con sus iIMAG0495nterminables variaciones del azul y lejano horizonte curvo, indicador de una Tierra esférica. o, en lo alto de una montaña contemplando en la lejanía de un valle un pequeño poblado de techos colorados. O quizá, durante un atardecer ante un cielo pintado de tonos anaranjados cada vez más intensos a medida que se pone el Sol distante. Luego, frente al lienzo negro del cielo nocturno incrustado de diamantes nuestra soledad se acentúa, especialmente si sabemos que esas estrellas que vemos, miles de mundos solitarios, se encuentran a distancias incomprensibles. La distancia nos permite estar solos, sin vecinos, sin celular, sin radio. No, no es que nos permite, más bien nos obliga.

La soledad por un día, quizá hasta por una semana es sana, pero por más tiempo puede conducir a una soledad eterna, a un monologo sin fin, a entendernos solamente con nosotros y a no entender nada de lo que dicen los otros: la locura. Dicen que los locos hablan solos, pero no es así, hablan consigo mismo, lo cual es muy distinto. La soledad crónica conduce, luego de un tiempo, a la pérdida de memoria, a la ansiedad, a confusiones y alucinaciones hasta que el individuo pierde su humanidad. Este hecho ha sido constatado en múltiples instancias por los confinados a calabozo solitario, una tortura practicada en muchos países, incluso en aquellos que condenan la tortura en otros países.

Por las calles de las atestadas ciudades del planeta, Hong Kong, Buenos Aires, México o Nueva York, se desplazan torrentes de gente, desde la distancia no muy diferente al tráfico de hormigas que observo en estos momentos en una pared. Se amontonan en alguna intersección a la espera de un cambio de rojo a verde en una escena que parece el inicio de un maratón.

En ocasiones alguno se aparta del flujo para entrar en un callejón, mientras otros se unen al flujo como troncos que caen en un río. Caminan en la calle codo a codo, (como dice Benedetti en un contexto muy distinto), se miran, se huelen y en ocasiones sus miradas se cruzan para rápidamente desviarse. Cada uno se desplaza dentro de una especie de burbuja espacio-temporal, ajeno a los demás. No es necesaria la distancia para estar solos. Bastaría no desviar la mirada, dar un saludo o regalar una sonrisa, para salirnos de la burbuja, para regresar, aunque fuera por un instante, a la comunidad humana.

Vivimos cada vez más conectados, enchufados a la música, navegando por el ciberespacio de la autopista informática, pegados al celular y absorbiendo lo que nos transmite la televisión y la radio, como si fuera la luz del Sol que nos broncea. Para el Sol, recurrimos a lociones que nos resguardan de la parte peligrosa de su radiación, pero para la televisión y la radio todavía no existe tal filtro. Nos protegemos la piel, pero nos dañamos la mente.

Se podría pensar que de esta forma pasamos a ser ciudadanos de la aldea global, nos alejamos de la soledad, pero en realidad no es así. La televisión y progresivamente la autopista informática nos envuelven en un mundo virtual y crean la apariencia de comunidad. Recibimos información de todo el mundo, la gran mayoría irrelevante (y mucha falsa) para nuestro entorno y nuestras vidas. Nos es posible, gracias a la maravilla electrónica, ver el menú de un restaurante en Paris, ver la superficie de Marte en vivo (aunque está muerta) y en directo, y conversar con un perfecto extraño, («chatear» como se dice en buen español) esto último algo más relevante a nuestras vidas, ya que en ocasiones a alguna le ha costado la suya.

Esta ilusión de comunidad es peligrosa, justo por ser una comunidad virtual, un reality show que tiene poco de reality y mucho de show, un castillo en el aire, meramente una forma de entretenimiento que anestesia la mente y nos sume en una soledad de la cual no estamos conscientes. No es que yo esté en contra del entretenimiento, de construir algún castillo en el aire, de soñar. Todos lo hacemos, posiblemente lo necesitamos, y en ocasiones los sueños se vuelven realidad. El problema con los castillos en el aire surge cuando los pretendemos habitar. Aturdidos por el flujo de información, como preámbulo a la locura, nos hemos vuelto insensibles. una cacofonía de trivialidades tapa el dolor del mundo y así comenzamos a perder nuestra humanidad.

Las distancias que nos separan de un potencial vecino cósmico son enormes y habituados a las escalas terrestres, nos cuesta imaginar cuánto dista el astro más cercano: el Sol. Su distancia típica asciende a ciento cincuenta millones de kilómetros. ¿puede imaginárselo? Viajando a doscientos kilómetros por hora tardaríamos toda una larga vida en llegar a él, aunque esto no es recomendable ya que mucho antes de llegar su nave se evaporaría y a usted no le quedaría más remedio que evaporarse de igual forma.  pero la luz, que se desplaza a la elevada velocidad de trescientos mil kilómetros por segundo, sólo invierte ocho minutos en cubrir el trayecto.

El diámetro de la Tierra es de unos trece mil kilómetros. Si las dimensiones de la Tierra fueran las de una moneda pequeña, digamos la de un centavo, mejor conocida como chavo prieto (en puerto Rico), el Sol equivaldría a una bola de unos dos metros de diámetro ubicada a una distancia de unos doscientos metros. A esta escala, la Luna, que dista casi cuatrocientos mil kilómetros de la Tierra, se encontraría a algo más de medio metro de nuestro planeta (el chavo prieto) y sólo tendría el tamaño de esta O mayúscula.

No tiene sentido medir distancias cósmicas en las unidades que acostumbramos usar aquí en la Tierra como, por ejemplo, el kilómetro. un billón de ellos (no importa si son europeos a norteamericanos) no nos llevaría muy lejos en el universo. Es más conveniente expresar distancias grandes tomando como referencia el tiempo que tarda la luz en recorrerlas a su enorme velocidad porque eso nos permitirá emplear números más pequeños. De este modo, decimos que la distancia promedio de la Tierra al Sol es de ocho minutos-luz, en lugar de ciento cincuenta millones de kilómetros. La luz del Sol tarda unas cuatro horas en llegar a Neptuno, el planeta más alejado del Sol, así que decimos que se encuentra a cuatro horas-luz del Sol. Próxima Centauri, la componente menor del sistema triple de alfa Centauri, es la estrella más cercana al Sol, a unos cuatro años-luz de distancia. un año-luz (la distancia que atraviesa la luz en un año) equivale a 9.460.055.000.000 Km; esto ilustra por qué no es práctico usar kilómetros para hablar de distancias cósmicas.

La inmensa velocidad de la luz, idéntica a la de cualquier onda electromagnética, nos permite hablar por teléfono con otra persona situada al otro lado de la Tierra y obtener lo que parece ser una respuesta instantánea. pero si quisiéramos conversar con alguien en un planeta en órbita alrededor de próxima Centauri, el tiempo entre nuestro: «Aquí el planeta Tierra llamando, ¿cómo están ustedes?» y la respuesta que podría ser: «Aquí Próxima, no copiamos claro, ¿podrían repetir la pregunta?», sería de ocho años. No parece que esto pueda llamarse «conversación», como piensan algunos ocurre en el observatorio de Arecibo, sin considerar además el problemilla de traducción, ya que dudo que hablen lo que nosotros hablamos.

Volviendo a los diamantes del cielo nocturno, ellos son, en su gran mayoría, estrellas pertenecientes a nuestra galaxia, la Vía Láctea, una entre algo así como mil millones de galaxias que pueblan el universo. Grande, ¿no? La Vía Láctea tiene la forma de un gigantesco disco y está formada por estrellas, gas interestelar y polvo, además de materia oscura de misteriosa composición.

Si observa el cielo detenidamente desde un lugar oscuro, lejos de las luces de la ciudad, notará que la mayoría de las estrellas se concentran a lo largo de una banda de luz difusa que va de horizonte a horizonte. Es la Vía Láctea, la imagen de nuestra Galaxia vista desde la posición que ocupamos dentro del disco. Al observarla con binoculares, o con un telescopio (basta uno pequeño como el que usó Galileo por vez primera en 1609) se comprueba que la luz difusa proviene de un sinnúmero de estrellas demasiado tenues para poder apreciarlas a simple vista.

A la escala de nuestro modelito anterior del chavo prieto, próxima Centauri se encontraría a unos cincuenta mil kilómetros de distancia. Esto revela que la palabra cercana en este contexto, no significa tanta proximidad. Ah sí, por si no se había dado cuenta, el Sol es una estrella, bastante ordinaria, por cierto, y obviamente la más cercana a la Tierra.Cell1

El universo es un lugar de dimensiones inconcebibles, imposibles de imaginar. Garantiza nuestra soledad. El Sol se encuentra en lo que podríamos denominar los suburbios de la Vía Láctea, a unos treinta mil años-luz de su centro. La atracción gravitatoria de toda la Galaxia hace que viaje alrededor de su centro a la increíble velocidad de unos novecientos mil kilómetros por hora, (si, no sentimos nada pero a esa velocidad se mueve) de modo que invierte unos doscientos cincuenta mil años en completar una vuelta, lo que podría llamarse un año galáctico. En estas unidades la Tierra tiene una edad de dieciséis mil años y nuestra especie surgió hace tan solo un añito más o menos, de modo que somos unos recién llegados.

A pesar de esta realidad algunos continúan aferrándose a la absurda idea de que los extraterrestres, luego de atravesar estas ridículas distancias nos visitan. Se aferran a la idea que no estamos solos, me imagino porque conocen las consecuencias de la soledad extrema. Y la verdad es que si alguien, en un distante planeta, pudiera observar el nuestro, concluiría que hemos sido víctimas de la soledad. Estamos todos condenados a solitaria en este planeta.

Aun así, buscamos, para ver si acaso no estamos tan solos, como el preso que por una rendija busca ver un  rayito  de sol  o a otro. Utilizamos telescopios sensitivos para escudriñar el cielo, apuntando a las lejanas estrellas más cercanas para determinar si alrededor de alguna de ellas existe un planeta habitado por seres que también pudieran tener la conciencia de que están solos. Es difícil, pero buscamos con los mejores medios que disponemos, y hemos encontrado miles de planetas extrasolares.  Buscamos, soñamos que hacemos contacto o que nos vistan, que de esta forma se acaba nuestra soledad desesperante, que podremos escapar de la locura.

 

Chicxulub

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Sin que sea nuestra culpa, y gracias a ningún plan cósmico o propósito consciente, nos hemos vuelto, por la gracia de un glorioso accidente evolutivo llamado inteligencia, los encargados de la continuidad de la vida sobre la Tierra. No hemos solicitado ese cargo, pero no lo podemos renunciar. Puede que no sirvamos, pero aquí estamos.

Stephen Jay Gould[1].

 

Arte de Don Davis - NASA
Arte de Don Davis – NASA

Fue un día como tantos en el Cretácico, un día de solo 22 horas en un mundo algo distinto al que conocemos, cuyos continentes no estaban exactamente donde se encuentran hoy. Fue un día apocalíptico, triste y olvidado, recordado solamente sesenta y cinco millones de años más tarde por los descendientes de aquellos que sobrevivieron a la pesadilla[2].

Un gran cometa iluminaba las noches anteriores a ese día, confundiendo a las criaturas nocturnas acostumbradas a los ciclos lunares pero no a esta claridad adicional. La tarde se había nublado y una brisa húmeda acariciaba la Tierra tropical agitando levemente las palmas y helechos gigantes que adornaban la orilla del mar. Dinosaurios gigantescos se movían entre esta vegetación y pequeños mamíferos se escondían debajo de las piedras para protegerse de las pisadas del Tyrannosaurus rex. Un enorme pterosauro, un Quetzalcoatlus, con alas de 10 metros de longitud, más amplias que las de un avión pequeño, se precipitaba de un alto acantilado y apuntaba su largo pico en dirección a un banco de peces costeros.

Había pasado una tronada y un hermoso arco iris pintaba el cielo. Este arco multicolor se produce cuando gotas de agua actúan como pequeños prismas descomponiendo la luz del Sol en sus colores constitutivos y proyectándola en el lado opuesto del cielo. Algunos dicen que al final del arco iris hay una vasija de oro, un símbolo frustrante de un futuro mejor pero inalcanzable, ya que no se puede llegar al final del arco iris. Pero al final de este lo que había era la muerte. El cometa de la noche anterior era tan brillante que su cola se veía incluso en el cielo diurno y su brillo aumentaba vertiginosamente. El proyectil, del tamaño de una montaña, solamente tardó tres horas en atravesar la gran distancia que separa la Luna de la Tierra. En menos de un segundo atravesó la atmósfera terrestre y chocó con una violencia indescriptible contra la superficie de nuestro planeta. Ocurrió tan rápido que nadie se dio cuenta de lo que había pasado, ni aunque hubieran tenido mentes para preguntárselo. El más poderoso estruendo jamás escuchado, el coro de un millón de truenos fue lo último que muchos oyeron, y, al desvanecerse, dejó una onda de terror y muerte que envolvió el globo.

El objeto, de 10 kilómetros de diámetro, impactó con la energía de cien millones de megatones, perforó la corteza terrestre y dejó un cráter de 50 km de profundidad y 180 km de diámetro. El cometa o asteroide, en realidad no sabemos qué fue, vaporizó e inyectó en la atmósfera miles de millones de toneladas de material, más de 5 millones de kilómetros cúbicos de corteza terrestre. Ocurrió en lo que hoy es Chicxulub, una pequeño pueblo al norte de la península de Yucatán, a unos 20 km al noreste de la ciudad de Mérida, cercano a Chicxulub puerto, ubicado en la costa norte.

The_Great_Wave_off_KanagawaUna enorme ola de un kilómetro de altura, la madre de todos los tsunamis, atravesó el golfo de México, barrió la costa de América del Norte y las islas del Caribe, llegó hasta La Española actual y se adentró muchas millas en el estado de Texas, Estados Unidos, destruyendo todo lo que encontró en su camino, no quedó ni un yuyo. El polvo, el hollín y el humo que liberó a la atmósfera ocultaron la luz del Sol durante meses, quizá incluso años, y desencadenaron tal descenso de temperaturas que se congeló buena parte de la Tierra. Después, la gran cantidad de CO2 producido por el impacto y los incendios de los bosques del planeta inyectado en la atmósfera, provocó un incremento de las temperaturas muy por encima de los valores normales. Este golpe doble causó un colapso global del ecosistema con consecuencias nefastas para toda la vida. Murieron las plantas y, por tanto, también los animales que comían plantas, después los animales que se alimentaban de otros animales. El suelo de Chicxulub contenía mucho azufre, que en la atmósfera se convirtió en ácido sulfúrico y luego cayó a la superficie en forma de lluvia, con lo que terminó de rematar la ya gravemente herida Tierra. Como consecuencia de aquello perecieron las tres cuartas partes de las especies existentes, incluyendo los dinosaurios, y hoy conocemos aquel suceso como la gran extinción del Cretácico-Terciario. A medida que la atmósfera se fue aclarando lentamente, el material se asentó en una capa fina que cubrió toda la superficie. Como contenía material del proyectil, esta capa del registro geológico muestra una fracción alta de iridio, que, como he mencionado, es un elemento nada común en la corteza terrestre.

En el año 1970, el geólogo Walter Álvarez y su padre, el físico Luis Álvarez, quien recibió el premio Nobel de Física de 1968, se encontraban estudiando una fina capa de arcilla en la transición entre el Cretácico y el Terciario (K-T), en las montañas cercanas a la localidad italiana de Gubbio. (la mayúscula K con la que se abrevia el Cretácico viene de la palabra alemana Kreide, que significa greda o tiza, y se utiliza esta inicial para no confundirla con la C que sirve para aludir al Cámbrico.) El equipo de investigación de los Álvarez pretendía determinar cuánto tiempo representaba la fina capa de arcilla, ya que esto aclararía algunos hechos sobre la extraña extinción masiva que quedó grabada con claridad en el registro fósil al pasar de los sedimentos del Cretácico a los sedimentos del periodo Terciario a través de la capa arcillosa de varios centímetros de espesor. Esperaban esclarecer la siguiente pregunta: ¿se debió esta extinción a un suceso repentino producto de una catástrofe, o se trató de un evento gradual?

Imagine que usted deja caer gotas de tinta roja a un ritmo constante, digamos una gota por minuto, en un río, y que en una estación a un kilómetro río abajo realiza muestreos del agua una vez al día. Si el caudal del río es alto, la tinta se diluirá más que si el caudal es bajo, como por ejemplo durante una sequía. Con el correr de los años, usted podría reconstruir la historia del caudal del río midiendo la concentración de tinta en las muestras. Tal vez replique usted que una gota es una fracción tan pequeña de toda el agua del río, quizá nada más que una parte por mil millones o ppmm (lo cual equivale a un segundo en 32 años), que sería imposible de medir, y puede que así sea en el caso de la tinta en el río. Sin embargo, las técnicas modernas de medida permiten obtener la concentración de ciertas sustancias a un nivel de ppmm, y eso hizo el equipo de los Álvarez con el iridio en los depósitos arcillosos de la transición K-T.

Ellos razonaron que si el polvo de origen meteórico que impacta la Tierra de manera constante se deposita a una razón más o menos constante (como la tinta en el ejemplo anterior), entonces conocerían el tiempo que tardó en depositarse la capa en caso de lograr detectar la concentración de iridio en la arcilla (el agua del ejemplo anterior). Una concentración alta de iridio significaría que la arcilla se depositó lentamente acumulando mayor cantidad de iridio, mientras que una baja concentración implicaría una sedimentación rápida. La sorpresa fue grande cuando determinaron que la concentración de iridio, aunque solo de 10 ppmm, era altísima, mucho más alta de la encontrada en los sedimentos aledaños y mucho mayor que la que se podía esperar de la sedimentación constante del polvo meteórico. El iridio tenía que tener otro origen, había demasiado. Esta anomalía del iridio en la transición K-T se encuentra en todas las partes de la Tierra, lo cual demuestra que no se trató de un fenómeno local y permite concluir que se debió al impacto de un proyectil extraterrestre con un tamaño estimado en unos 10 kilómetros cuyo violento impacto dispersó el iridio por todo el planeta.

En 1980, la prestigiosa revista Science publicó un artículo titulado: «Extraterrestrial cause for the Cretaceous-Tertiary extinction», escrito por Luis

En las cercanías de Drumheller, Alberta, la erosión ha expuesto la transición K-T.
En las cercanías de Drumheller, Alberta, la erosión ha expuesto la transición K-T.

Álvarez, Walter Álvarez, Frank Asaro y Helen Michel, donde presentaron los resultados de estas investigaciones preparando el escenario para un gran debate científico que aún no ha concluido. Sin embargo, muchos años de cuidadosas investigaciones corroboran estos resultados y dejan poco lugar para dudar que hace sesenta y cinco millones de años ocurrió un gran impacto. El descubrimiento diez años más tarde de la naturaleza de la estructura hallada en Chicxulub, y la determinación de su edad (sesenta y cinco millones de años) a partir de estudios de los sedimentos, estableció la relación entre este colosal evento cósmico y la historia de la vida sobre nuestro planeta.[3]

Vemos, pues, que doña Fortuna ha desempeñado un papel importante, mucho mayor en la historia de la vida que el que muchos conocen. No hay nada más desafortunado que ser eliminado de la faz de la Tierra por el impacto fortuito de un pedazo de material que sobró de la época en que se formó la Tierra, como les ocurrió a los dinosaurios. (Bueno, si lo hay, si logramos desaparecernos motu proprio). Para nosotros, los mamíferos, aquello fue un golpe de suerte, un accidente que inauguró una nueva era: la nuestra, el Antropoceno.

 

[1] Stephen Jay Gould (1987). The Flamingo’s Smile: Reflections in Natural History. W. W. Norton & Company pág. 431.

[2] Esta entrada reproduce texto actualizado de: Hijos de las Estrellas (Akal 2015) del autor.

[3] Walter Alvarez (2008), T. rex and the Crater of Doom. Princeton Science Library.

OTRO CUENTO MARAVILLOSO: DE INFIERNOS, MONSTRUOS Y QUIMERAS

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Sin que sea nuestra culpa, y gracias a ningún plan cósmico o propósito consciente, nos hemos vuelto, por la gracia de un glorioso accidente evolutivo llamado inteligencia, los encargados de la continuidad de la vida sobre la Tierra. No hemos solicitado ese cargo, pero no lo podemos renunciar. Puede que no sirvamos, pero aquí estamos.

Stephen Jay Gould[1].

Que terriblemente absurdo es estar vivo, sin el alma de tu cuerpo, sin tu latido…

(Luis Eduardo Aute / Silvio Rodriguez)

 El otro día te conté un cuento maravilloso, mucho mejor que aquellos que te contaba antes de irte a dormir. Digo mejor, por la sencilla razón de que, en realidad, aunque parecía un cuento no lo era. Hoy te cuento otro, uno de infiernos, monstruos y quimeras. Es un poco largo, pero es que cubre una historia de unos cuatro mil millones de años, así es que no te duermas, que termina bien.

Había una vez, hace mucho, pero muchísimo tiempo, un pequeño planeta que se había formado luego de un largo proceso de gestación en la zona habitable de su estrella. Es ésta una zona que rodea una estrella en la cual la temperatura es tal que puede haber agua líquida en la superficie de un planeta, lo cual se considera esencial para la vida. Al fin y al cabo, somos mayormente agua.

LEarlyEartha superficie del planeta recién formado era inhóspita. Las cicatrices dejadas por el violento proceso de formación –el colosal choque de miles de objetos, algunos del tamaño de nuestra Luna, cada uno una hecatombe– eran aun claramente visibles. Como si fuera la superficie de la Luna se divisaban gigantescos cráteres, heridas de las cuales fluía roca fundida como si fuera sangre, que al encontrarse con lagos de agua los evaporaba instantáneamente. Interminables lluvias torrenciales devolvían el agua a la superficie para volver a evaporarse en el próximo encuentro. Explosiones de lava y roca le daban al aire, mayormente compuesto por dióxido de carbono, un fuerte olor sulfuroso, aunque no había nadie con el sentido del olfato que pudiera haberlo percibido.  El Sol de aquel planeta visto detrás de la atmósfera densa y brumosa brillaba escarlata con menos intensidad que en el presente, pero la gran concentración de dióxido de carbono mantenía la superficie caliente.

Si alguien hubiese visitado ese planeta, no tengo duda que habría pensado que se trataba del mítico infierno con sus noches iluminadas por el fulgor anaranjado de la lava. pero claro, no se puede visitar ya que es un planeta que había una vez, pero que con el correr del tiempo se transformó en otro muy diferente: nuestra Tierra.

En la noche, la Luna recién formada como consecuencia de uno de esos choques colosales, mostraba una cara mucho más grande que la que vemos al presente, y producía mareas gigantescas ya que se encontraba a una distancia mucho menor que la que media entre la Tierra y la Luna en la actualidad. Las mareas cubrían grandes extensiones costeras y dejaban lagunas que cada pocas horas volvían a ser barridas por la siguiente marea, porque el planeta giraba más rápido que hoy y por lo tanto los días eran mucho más cortos.

Pasaron millones de años y el planeta se transformó lentamente. La Luna se fue alejando y el Sol aumentó su brillantez.  La Tierra se fue enfriando, y los violentos choques dejaron de ser frecuentes, aunque cada tanto ocurría alguno. El agua evaporada se condensó en grandes cantidades formando océanos. La roca fundida se solidificó y nacieron las masas continentales que se movieron lentamente por miles de millones de años, hasta conformar el mapamundi que tuviste que colorear en la escuela.

En los cuerpos de agua cálida de aquella tierra primitiva, como si fueran enormes calderos, diferentes moléculas reaccionaron para formar nuevos compuestos, ocurrieron incontables reacciones, hasta que, en algún momento, una reacción formó compuestos que perduraron y se multiplicaron, moléculas particulares que más adelante formaron los primeros organismos. Es un misterio cómo ocurrió en detalle, un misterio que no dudo los científicos del futuro develarán, como lo hicieron con tantos misterios del pasado.

Si hubieras estado allí en el profundo pasado, recorriendo alguna playa como lo hacías de pequeña, buscando caracoles y pececitos atrapados en los hoyos de agua que quedan entre las rocas, tal vez habrías encontrado bajo el agua cálida unas estructuras redondeadas con una superficie babosa de un color verde azulado. ¡Habrías descubierto vida sobre aquel planeta! Fueron los primeros habitantes de la Tierra, los estromatolitos compuestos por capas de bacterias, las cuales con el correr del tiempo oxigenaron lentamente la atmósfera, creando así un ambiente propicio para seres respirantes, protegidos de la dañina radiación ultravioleta del Sol por la capa de ozono (el cual es una variedad de oxígeno). La vida no podría haber migrado de los océanos en los cuales surgió para conquistar la superficie de los continentes, sin esta capa protectora. El planeta amarillo y azul se transformó lentamente agregando el verde.

La composición de la superficie de la Tierra, incluyendo los océanos y la atmósfera, fue cambiando paulatinamente como resultado de una serie de ciclos geoquímicos que transportan compuestos de varios tipos entre varias partes del planeta. Estos ciclos naturales, que son extremadamente complejos, alcanzan un equilibrio tras largo tiempo manteniendo una proporción constante de dichos compuestos en el medio ambiente. El carbono del planeta, por ejemplo, se traslada constantemente por medio de varios procesos entre distintas reservas en el suelo, la atmósfera y el océano (el ciclo del carbono). Cualquier cambio en la rapidez de estos procesos cambiará la cantidad de carbono en una de dichas reservas. La atmósfera, que contiene una pequeña fracción de dióxido de carbono, es la reserva más vulnerable y la más importante para nosotros. Los sistemas biológicos forman una parte importante de estos ciclos y han alterado y hasta determinado la naturaleza física y química de la superficie de la Tierra. A su vez, esto ha repercutido en el devenir de la vida sobre la Tierra.

Además de su importancia en relación con el efecto de invernadero, el carbono es un elemento fundamental para la vida porque en él se basa la química de los seres vivientes. Nuestras sociedades industrializadas también se basan en este elemento. El carbono es especial ya que puede formar gran variedad de enlaces con otros elementos, incluyendo otros átomos de carbono, lo cual permite la formación de una enorme diversidad de moléculas de diferentes tamaños, estructuras, y propiedades: las biomoléculas de la vida.

Vida. De todos los incontables procesos que ocurren en el universo, la vida es el más importante, o al menos eso nos parece a nosotros, y por muy buenas razones. El registro fósil que es la ventana por la cual miramos el pasado de la vida, la bioquímica y la biología molecular no dejan duda acerca de los hechos básicos de la evolución biológica. Tu y yo, y todas las formas de vida del planeta, un árbol, un coquí, una bacteria o una vaca, somos en esencia la misma cosa, formados mayormente de hidrógeno, oxígeno, carbono y nitrógeno, con trazas de otros elementos como calcio, azufre y fósforo, todos creados en estrellas como ya te conté. Todos los seres utilizamos procesos bioquímicos similares y el código genético, la clave que determina como se escriben las instrucciones moleculares que dan lugar a que un organismo sea pez y otra ave, es el mismo en todos. No queda duda, somos la misma cosa, todos emparentados y descendientes de una célula primigenia. No hay experto que dude esto, y aquellos que lo cuestionan lo hacen por ignorancia o por razones políticas o religiosas a pesar de los hechos.

El concepto de evolución biológica, es de gran fuerza explicativa por su sencillez: observamos que se transmiten las características de un organismo de padres a hijos, es decir que hay herencia, y observamos que hay variaciones en algunas características de los descendientes, es decir que la descendencia es con modificaciones. ¡Este mecanismo, sencillo y automático explica todo lo que observamos!

En el transcurso de los eones esto llevó a un cambio en las propiedades genéticas de las poblaciones de organismos de la Tierra y en ocasiones al establecimiento de nuevas especies si de algún modo un pequeño grupo quedaba reproductivamente aislado del resto, quizá por una barrera geográfica. Es un proceso (selección natural) que ocurre quizá con cierta rapidez a una escala geológica, pero por millones de años puede existir una estabilidad genética que mantiene a una especie con poco cambio. Así, por ejemplo, un Homo sapiens de hace cien mil años se diferencia muy poco de uno del presente, excepto en su evolución cultural. La selección natural determina diferencias en las tasas de reproducción y supervivencia de distintas variedades las cuales tienen diferente capacidad para sobrevivir en el ecosistema dinámico en el cual están inmersos. Al ocurrir cambios en un ecosistema algunas especies no pueden sobrevivir y se extinguen, mientras que, en otros casos, las presiones filtran ciertas cualidades que contribuyen a la supervivencia de ciertos individuos que de esta forma contribuyen su aval genético con nuevas características a la población.

La gran mayoría de las especies que han poblado el planeta en el transcurso de su larga historia han desaparecido. Solo quedan algunos restos fosilizados de los habitantes del pasado, algunos de ellos monstruos más feroces que los de tus pesadillas, gigantescos dinosaurios con bocas más grandes que tu cuerpo, enormes pulpos que hacían estremecer a cualquier pez, lagartos del tamaño de un automóvil y feroces tigres colmillos de sable. En ocasiones la extinción fue abrupta y global, consecuencia de cataclismos causados posiblemente por el impacto de un cometa, evocación de la génesis del planeta. Sabemos que esto ocurrió hace sesenta y cinco millones de años cuando desparecieron súbitamente los dinosaurios junto a gran cantidad de otras especies. En otros casos la extinción fue consecuencia de cambios locales en las condiciones geofísicas, a los cuales ciertos organismos no se pudieron adaptar.

El cambio climático ocurrido en África hace unos cuatro millones de años transformó la selva tropical en una sabana más árida lo cual causó que ciertos simios caminaran en dos patas y desarrollaran paulatinamente sus facultades mentales para poder defenderse y sobrevivir frente a depredadores más veloces y fuertes que ellos. De este evento surgió más tarde la transición de Australopithecus (mono del sur) a Homo.

Aunque te parezca extraño,  a comienzos de este nuevo milenio, hay quienes sostienen una oposición encarnizada a la evolución, por considerarla contraria a una interpretación literal de la Biblia. Pero el Génesis y otros mitos antiguos de creación, no fueron escritos por personas que conocían las modernas teorías cosmogónicas o evolutivas. El mundo es como es y no como quisiéramos que fuera. Las Escrituras no tienen nada que opinar acerca del mundo físico o, recurriendo a las palabras del cardenal Caesar Baronius (1538-1607), historiador de la iglesia Católica: «El Espíritu Santo nos enseña cómo se va al cielo, no cómo va el cielo» (aunque queda el problemita de saber dónde es que está el cielo, el «más allá» como dicen, ¿no?)

Posiblemente, aparte de las dificultades teológicas, la evolución confronta problemas que se relacionan con la dificultad de visualizar un proceso que ocurre a escalas de tiempo tales que nuestras vidas son, en comparación, un efímero instante. Si pudiéramos observar otros mundos de forma similar a como lo hacemos al filmar en cámara lenta el crecimiento y desarrollo de una flor, observando millones de organismos que surgen, van, vienen y se transfiguran al compás y en conformidad con los cambios geofísicos que ocurren, sería quizá menos difícil. El mundo biológico y el mundo físico se relacionan de forma íntima en un baile de diferentes procesos, como si se tratara de un tango o una salsa cuidadosamente coreografiada, manteniendo el ritmo para no tropezar y caer.

La evolución no se rige por algún sentido de propósito, por un deseo de «mejorar» una especie y mucho menos nos tiene a nosotros como meta final. No hay una meta ni un diseño, tan sólo una serie de experimentos naturales causados por cambios al azar en la secuencia de los nucleótidos del ADN de algún organismo que provocan cambios aleatorios en el resultado. El ambiente selecciona quién sobrevive.

Homo sapiens fue capaz de superar muchas vicisitudes causadas por cambios climáticos que a su vez causaron cambios en la flora y fauna de alguna región. El registro fósil nos enseña un paulatino aumento en la capacidad craneal de nuestros ancestros, los diversos homínidos que habitaron África, desde el Australopithecus africanus al Homo sapiens, pasando por el Homo erectus y el Homo habilis entre otros. Somos generalistas, es decir que somos adaptables y versátiles y aunque para nada en particular excelentes, somos hábiles para mucho, sobre todo por la creciente capacidad mental que permitió una organización social, el lenguaje (que también permitió la mentira) y un aprendizaje único entre todas las especies. Es ésta la razón por la cual tuviste que ir a la escuela.  Esto permitió una relativamente rápida evolución cultural. pero solos, frente a un veloz guepardo, fuerte elefante, o ágil mono no hay mucho que podamos hacer. Estos especialistas, sin embargo, verdaderas máquinas expertas y adaptadas a nichos ecológicos específicos, son menos fuertes como especie a la hora de enfrentar cambios en el ecosistema. Fue nuestra mente, con su única capacidad de imaginación, la que facultó una evolución cultural sin par en el reino animal, evolución cultural que nos ha llevado a este mundo paradójico, ya que con el poder adquirido hemos puesto en peligro a nuestra propia especie y ya casi han desaparecido nuestros parientes más cercanos: los simpáticos chimpancés.

Es cierto que, como ningún otro animal, parecería que nos hemos librado de la dependencia de la naturaleza, peroomo ocurre frecuentemente, las apariencias engañan. Hemos encontrado varias formas de sobreponernos a los límites impuestos por nuestros endebles cuerpos. por medio de la tecnología, y en particular de la medicina, hemos superado ciertas cotas definidas por la selección natural. Es decir que la supervivencia de los mejor adaptados ha dejado de ser una ley infranqueable para Homo sapiens, o dicho de otra forma, hemos encontrado maneras de adaptarnos a condiciones que en otras circunstancias no nos hubieran permitido sobrevivir, y así, de una forma muy tenue nosotros mismos afectamos nuestra composición genética. pero la regla general de la vida a largo plazo es que o se cambia o se desaparece, algo que deberíamos considerar seriamente si deseamos no correr prematuramente la misma suerte de todos. Sí, la vida es un tango, pero hay que saberlo bailar.Chimère_GOW_III

En fin, somos una quimera. Claro, no un engendro con cabeza de león y cola de serpiente, sino que unos átomos que se combinaron de millones de formas para tener una conciencia. Una quimera de genética y cultura, una quimera de antiguas intuiciones grabadas en nuestras neuronas y nuevos pensamientos que pueden contradecir lo heredado, única en al reino animal. La quimera de las quimeras, sin duda un animal fabuloso. No porque alguna inteligencia lo haya diseñado ni porque esa fuera la meta de la evolución con nosotros en la cumbre, una idea arrogante y dañina. Es justo eso lo que es extraordinario, algo que surgió por ninguna razón en particular, y es por lo tanto un tesoro único. Pero ahora que estamos aquí, luego de ese proceso maravilloso, nos toca, nos guste o no, custodiar el resultado.

Luego de los largos miles de millones de años aquellas bacterias que son nuestros ancestros al final han logrado ver el universo a través de nuestros ojos. Si, es maravilloso lo que hemos descubierto y te deja llena de asombro. Parece un cuento, pero no lo es, aunque sea una historia fantástica. Aunque quedan muchos detalles por descubrir, así fue.

“Hay grandeza en esta visión de la vida, que, con sus diferentes fuerzas, habiéndose originado de una o pocas formas; y que, mientras este planeta ha ido girando de acuerdo a la ley de la gravedad, desde un origen tan sencillo, hayan evolucionado, y lo sigan haciéndo, una infinidad de las formas más bellas y maravillosas”.

Así termina una de las obras más importantes de la humanidad[2].

 

 

[1] Stephen Jay Gould (1987). The Flamingo’s Smile: Reflections in Natural History. W. W. Norton & Company pág. 431.

[2] Charles Darwin (1809-1882) “Sobre el Origen de las Especies por Medio de la Selección Natural”, 1859

En menos de 150 palabras

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1

El mozo me trajo el cortado. Leía el diario sobre la mesa de la acera del bar: Guerra en África. Me interrumpió una voz dulce que preguntaba si podía sentarse en la otra silla. Claro, dije, y alcé la vista para ver la chica morocha de ojos nerviosos, vestida con una camiseta demasiado liviana para la época. Hambre y sequía en el sur. Pidió un té de hierbas aromáticas y galletitas. Ataque aéreo en el lejano oriente. Una ráfaga de frío viento otoñal me dobló el diario. Le dio en el pecho y resaltó sus pezones. Asesinato de banquero. Me ofreció una galletita. Una bomba en la capital. Tomé una del paquete que tenía en su delicada mano. Abuso sexual en la Iglesia. – Buen día, me deseó y se fue con otra ráfaga que le dio en la espalda y le subió la falda. – Buen día contesté sonriendo, mientras se alejaba y leí: Chica desaparecida.

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2

Atardecía. Despreocupado en el mar con mi copa de vino, dejé que llegara la noche y sin darme cuenta, mi velero, animado por el viento llegó como si fuera un navío fantasma a otra costa. Con las primeras luces avisté un gigantesco paisaje de concreto, hierros retorcidos y cristales fracturados. Vi cientos de enormes aves negras de penetrantes ojos púrpura por todos lados, y nada más. Chillaban con aspereza. Una rozó el mástil y soltó una pluma. Lloré desconsoladamente y navegué para regresar sin mirar hacia el futuro. Mi esposa en el muelle me preguntó por qué el largo abrazo. – No, nada, – respondí, – tuve una pesadilla y me alegré de verte. Una ráfaga levantó una pluma negra del fondo del velero y se la llevó al mar.

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3

Postrado con los ojos entreabiertos, con un cansancio centenario, ya no sentía su cuerpo. Quizá las drogas lo aletargaron. Entonces cerró los ojos y en la pantalla del pequeño cine de su cerebro vio una imagen difusa e incolora. Enfocó, y con una sonrisa reconoció a su mamá que lo llevaba a su primer día en la escuela. Muchas imágenes siguieron, algunas muy claras, otras menos, paisajes sin nombre. Movía sus ojos lagrimosos para verlo todo. Apareció su padre que lo llevaba en hombros, luego un partido de fútbol, gol de Peñarol, después la cara de niña de su primer amor. El cumpleaños de la hija, y luego con su esposa remando un bote en un lago y súbitamente sobre un frío pico nevado. De pronto la pantalla oscureció. Sus ojos dejaron de moverse.

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4

Caí sentado y aterrado por el fuerte temblar de la tierra. Me levanté aturdido entre la polvareda y los aullidos de perros y animales, y corrí como pude hasta llegar a lo alto y desde allí, jadeante, vi la turbulenta pared negra que se acercaba en silencio.
Me estremeció el golpe frío y violento del agua y en el remolino burbujeante con la respiración congelada, una sombra gris me empujó como si yo fuera una liviana hoja en la brisa.
En la orilla, tirado entre riachuelos, pedazos de coral y sargazos pardos, vi como el delfín se alejaba.

Ilusión de dilución

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remedios homeopaticos

 

Si una persona: a) se encuentra mal de salud, b) recibe un tratamiento para que se sienta mejor, y c) se mejora; entonces no hay poder de razonamiento conocido por la medicina que pueda convencerlo que puede no haber sido el tratamiento la causa de su mejora.

Peter Medawar[1]

 

 

En un artículo sobre Homeopatia en una revista (“Herbs for Health”) que vi en un consultorio médico, leí lo siguiente: “Sylvia Chatroux un médico de Ashland, Oregon, trató recientemente a un paciente que presentaba fiebre alta, escalofríos, nausea y diarrea. Chatroux le dio al paciente arsénico homeopático, una forma altamente diluida de arsénico especialmente preparado. El paciente se recuperó prontamente.”

Nos encontramos con un típico ejemplo de la perniciosa falacia post hoc: administré arsénico homeopático y luego el paciente se curó. Por lo tanto el arsénico homeopático fue la causa de la cura. Hay muchas aflicciones virales que causan estos síntomas, que pasan luego de unas 48 horas. Nada que ver con el tratamiento homeopático. Los bebés toman algún tipo de leche, y algunos, luego, lamentablemente desarrollan condiciones neurológicas como autismo. ¿Concluye entonces que el autismo fue causado por la leche?

El artículo también dice: aunque nada del ingrediente original queda en la solución, el agua “recuerda” la estructura del ingrediente. Así de fácil. Veamos de qué se trata todo esto, utilizado por más de un tercio de los españoles.

La homeopatía[2] surgió en el siglo XVIII y disfruta ahora de renovados bríos. Se basa en dos principios generales inventados por el médico alemán Samuel Hahnemann (1755-1843). El primero es: “igual cura igual” (similia similibus curentur). Esto significa que si quiero tratar la malaria—que causa fiebres intensas—debo usar una sustancia curativa cuyo efecto sea causar fiebre en una persona sana. La ley es un vestigio de las ideas mágicas del Medioevo, cuando se pensaba que la similitud o “simpatía” entre ciertos objetos permitía operar sobre uno para afectar al otro. Este tipo de magia aun se practica en algunas sociedades. Así, en algunas prácticas mágicas se opera sobre una figura que representa a un individuo para obtener efectos sobre el individuo.

La segunda tesis, más enigmática aún, dice: “a más pequeña la dosis de la sustancia curativa, más poderoso su efecto,” o lo que se designa como la ley de infinitesimales (si le ve la lógica me deja saber). Para preparar sus medicinas Hahnemann utilizaba un proceso de diluciones sucesivas. Así, diluía una parte del extracto de alguna planta medicinal con diez partes de agua. Luego de mezclar bien, diluía nuevamente una parte con diez de agua lo que resultaba en una dilución de una parte en cien. Al repetir este paso una tercera vez la dilución es una en mil.

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cafeína sin cafeína para el insomnio

Por ejemplo, el café puede causar insomnio, por lo tanto café homeopáticamente diluido puede utilizarse en vez de pastillas para dormir, en este caso: “coffea cruda.” (Si no me cree, pude comprarlo por internet). En Amazon cuesta un buen billete y dice: “Cero efectos secundarios, cero interacciones entre drogas, ninguna contraindicación o síntomas escondidos”. Sin duda buena descripción de los efectos de agua pura. Tampoco existe el peligro de una sobredosis. Un montón de testimonios se pueden resumir con: It really Works!

Veamos algunos numeritos. Es común que los homeópatas continúen con este proceso de dilución 60 veces (pero denominadas 30CH, porque diluyen una en cien).  Recordará (y si no lo recuerda de su curso de química o física ahora es que es) que el número de Avogadro (NA = 6,023·1023 moléculas/mol) es el número de moléculas contenidas en un mol de una sustancia. Una mol de agua es una masa de 18 gramos de agua (una lata de refrescos tiene 333 g) y contiene 6,023·1023 moléculas de agua.

Suponga que usted comienza con un mol de la sustancia para preparar el remedio. Con una dilución de 24 veces (24 X o 12 CH) quedarán  0,6 moléculas de la sustancia en el preparado final, ya menos de una molécula del ingrediente “activo” y si diluye más, como es usual, no quedará molécula alguna.  La ausencia del ingrediente activo en los remedios homeopáticos permite caracterizar justamente a la homeopatía como una forma de “medicina” sin medicina que pretende que “nada disuelto en agua es más eficaz que agua en la cual nada está disuelto”.

Esta carencia de ni siquiera una molécula del remedio en la mezcla administrada al paciente es admitida abiertamente por los homeópatas.  Alegan ellos que las sustancias curativas dejan en la solución unas “esencias espirituales” que restauran la “fuerza vital” del cuerpo, que el agua “recuerda” al ingrediente activo. Cabe entonces preguntar si el agua también “recuerda” todas las otras moléculas con las cuales ha estado en contacto a lo largo de su historia es decir[3]: Curiosamente, el agua que se ofrece como tratamiento no recuerda las vejigas en que se guardó, ni las sustancias químicas con cuyas moléculas estuvo en contacto, o los otros contenidos de las alcantarillas en las que estuvo, o la radiación cósmica cuyas ráfagas la atravesaron.

Una receta homeopática para tratar la irritación causada por el pañal del bebé señala que se trate con rhus toxicodendron, mejor conocida como “poison ivy” o hiedra del veneno, una aplicación del principio “igual cura igual”. Por suerte para el bebé, el segundo principio de dilución garantiza que las nalgas del pequeño no sientan nada más que los efectos refrescantes de un poco de agua.

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Tomo esto y no es necesario vacunarme.

Oscillococcinum es un producto homeopático que se vende para la prevención y alivio de los síntomas de resfriados e influenza, producido por la empresa francesa Boiron, con ventas anuales que superan 300 millones de euros. Su “ingrediente activo” es Anas Barbariae Hepatis et Cordis Extractum, HPUS 200CK (200 diluciones) (extracto de hígado y corazón de pato de Berbería), HPUS 200CK (200 diluciones por el método del Sr. Korsakoff, aunque el método de dilución no tiene  importancia, ya que  lo que queda es agua). Los ingredientes inactivos son sucrosa y lactosa. El nombre viene del microbio “oscillococcus”, que el médico francés Joseph Roy (1891-1978) pensó ver al examinar víctimas de la epidemia de influenza de 1918, y que oscilaba en el microscopio. La bacteria no existe, y menos se entiende que tiene que ver el pobre pato con todo esto. El método de preparación consiste de los siguientes pasos:

 

 

  • Llenar una botella estéril con un litro de agua y glucosa.
  • Coger un pato silvestre, cortar su cabeza y extraer su hígado y su corazón.
  • Añadir a la botella 35 g del hígado y 15 g del corazón.
  • Dejar la botella en reposo durante cuarenta días; hígado y corazón se disolverán.
  • Vaciar la botella sin enjuagar (de forma que quede un residuo del preparado) y llenar con agua pura.
  • Sacudir con energía (agitación o sucesión, para la dinamización).
  • Repetir los pasos anteriores (agitación, vaciado y rellenado) 200 veces.
  • Usar el agua obtenida para empapar tabletas de lactosa de 5 mg.

La cajita con seis dosis se vende en unos €6, y se indica un par de dosis al día. Para CYA[4], la cajita también dice: Si los síntomas persisten más allá de los tres días consulte a su médico. No es solamente una tomadura de pelo, es una estafa multimillonaria y causa asombro que las autoridades (especialmente aquellas relacionadas a la salud pública) lo ignoren.

En la página web de Boiron leo: “Estamos interesados en desarrollar beneficios específicos para nuestros empleados para enriquecer su bienestar. Para nosotros es esencial vincular el rendimiento económico global con los beneficios individuales”. Hmmm. Aceptar la homeopatía implica descartar los conocimientos médicos, biológicos, físicos, químicos y farmacológicos extensamente corroborados. Las ideas de “esencias espirituales” y la “fuerza vital” del cuerpo no tienen fundamento ni un significado que pueda servir para entender de qué se trata aquello que trata la homeopatía.

También implica descartar el principio de contradicción (Algo no puede ser X y no-X al mismo tiempo). Si una medicina homeopática es agua pura entonces es una contradicción decir que tiene propiedades curativas que el agua pura no tiene. Fin del argumento. Eso no evita que un frasco de agua destilada se venda por $1 mientras que si el agua se envasa como medicina homeopática entonces el mismo volumen pueda venderse en $100; no es mal negocio.

Generalmente se vende en pastillitas de glucosa que fueron impregnadas con el agua sin nada, así es que en todo caso son las pastillitas que “recuerdan”.  Con una visión tan diferente de la ciencia, se podría suponer que los practicantes de la homeopatía estarían ansiosos de hacer predicciones novedosas que pudiesen ser demostradas empíricamente.  Ese sencillo requisito no se cumple y suelen ser los escépticos los que han tomado la iniciativa de dirigir los estudios controlados que se han hecho, con resultados nada favorables para la homeopatía[5],[6].

El mero hecho de que la homeopatía según algunos “funciona” (It really Works!)  no prueba nada. Muchas de nuestras dolencias son autolimitadas, es decir que se curan por si solas y cuando esto ocurre luego de tomar un remedio homeopático cometemos la falacia  post hoc. En la época de Hahnemann las prácticas médicas en muchos casos eran más dañinas y dolorosas que la alternativa de no hacer nada, que es exactamente lo que hacía un remedio homeopático, por lo cual dentro de ese contexto era mejor. En todos los casos en los cuales se ha examinado por medio de estudios aleatorizados doblemente ciegos con control de placebo (en este caso el placebo es agua o pastillitas de azúcar) la efectividad de algún remedio homeopático, el resultado ha sido consistente con ninguna efectividad. Lo que queda es un placebo bien empaquetado, un paquete. Varias organizaciones dedicadas a la salud han publicado trabajos que condenan la homeopatía. Recientemente el National Health and Medical Research Council de Australia ha publicado los resultados de una investigación exhaustiva en la que se concluye: “No existen condiciones de salud para las cuales exista evidencia confiable de que la homeopatía sea efectiva”. Un amplio sector de la población testifique que funciona, pero lo que queda es un placebo bien empaquetado. Es cierto que por su naturaleza los remedios homeopáticos no causarán efectos secundarios (ni primarios), pero pueden llevar a una persona a no tratarse con medicina adecuada con consecuencias lamentables, y ciertamente le habrá costado recursos, (algo que aplica a muchas otras medicinas y terapias alternativas). Es sencillo: algo es medicina o no es medicina, no hay alternativa.

Se me ocurre lo siguiente: ¿Por qué no ayudar a todos los que padecen dolores de cabeza y potenciales infartos lanzando una aspirina en una represa de la compañía de aguas?

hahnemanEn la ciudad de Washington DC, tomé la foto de una estatua en honor a Hahnemann. En honor a la verdad sería propio dinamitarla, o al menos agregar un cartel aclaratorio

[1] Peter B. Medawar (1967). The Art of the Soluble. Methuen London. P 14.

[2] Victor-Javier Sanz (2010).  La Homeopatía ¡vaya timo! Laetoli

[3] Singh, S., & Ernst, E. (2008). Trick or Treatment: The Undeniable Facts about Alternative Medicine. W. W. Norton.

[4] CYA: siglas del ingles para: “Cover your ass“.

[5] Shang, A., Huwiler-Muntener, K., Nartey, L., Juni, P., Dorig, S., Sterne, J. A., Pewsner, D. & Egger, M. (2005). Are the clinical effects of homoeopathy placebo effects? Comparative study of placebo-controlled trials of homoeopathy and allopathy. Lancet 366 (9487): 726-32.

[6] Ernst E, Pittler MH (1998). Efficacy of homeopathic arnica: a systematic review of placebo-controlled clinical trials. Archives of surgery (Chicago, Ill. : 1960) 133 (11): 1187–90

Lección de Física en Mpumalanga

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El truco de volar es aprender cómo tirarse al suelo y fallar.

Douglas Adams

 

C15-08-2015%20203ierre los ojos y diga pausadamente: “África”. La palabra evocará nombres con sabor a aventura: Sahara, Kilimanjaro, Kalahari, Massai, Congo. Evocará frases como: “Doctor. Livingstone, I presume?”, primeras palabras del periodista Henry Stanley al encontrar, luego de una búsqueda de muchos meses, al desaparecido explorador David Livingstone en Ujiji, en la ribera del lago Tanganica. O también la que Bogart no dijo en Casablanca, Marruecos: “Play it again Sam”.

Evocará imágenes de animales salvajes, desiertos atravesados por caravanas de camellos en silueta frente a un gigantesco sol rojo poniente, montañas verdes de las cuales se precipitan rugientes y altas caídas de agua y vastas extensiones de sabana por las cuales corren populosas manadas de impalas levantando nubes de polvo amarillento. Cierre los ojos y verá costas de mar agitado en las cuales los vientos nunca descansan y bajo cuyas aguas yacen los restos de osados marinos de siglos pasados: El Cabo de Buena Esperanza. Tendrá visiones de ritos mágicos y danzas ceremoniales, vestimentas coloridas, caras pintadas, música de percusión y lamento: Ladysmith Black Mambazo. África es un continente de vasta diversidad, de magnífica fauna y geografía, de gran riqueza cultural. África es un continente con aire de misterio.

África es también un continente de violencia, hambre, horror y tristeza. Cierre los ojos otra vez y ahora surgirán imágenes de niños hambrientos que se quitan grandes moscas negras de la boca y te miran con ojos grandes que parecen preguntar ¿porqué? Imágenes de tierra seca y resquebrajada de la cual apenas puede germinar un yuyo raquítico. Imágenes de cuerpos masacrados a machetazos o por AK47, resultado de alguna lucha tribal o política: Fango ensangrentado.

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Blyde River Canyon en Mpumalanga. (Foto: Alonso)

De África surgió hace decenas de miles de años un grupo de nuestra especie Homo sapiens, para conquistar el mundo. Todos somos africanos, hijos de una Eva negra que vivió allí hace unos 150,000 años, según lo estiman aquellos que estudian la estructura de la molécula de ADN del pequeño cromosoma mitocondrial (ADNmt). Un hecho que le da un nuevo significado al refrán: “el que no tiene dinga, tiene mandinga”.

Las mitocondrias son estructuras microscópicas que se encuentran en nuestras células y tienen la importante función de producir energía. La molécula de ADN es una hebra doble compuesta por una secuencia de cuatro bases distintas que se parean de forma específica. Esta secuencia contiene información genética de forma análoga a la secuencia de letras que forman palabras. Cuando una base es sustituida por otra en el proceso de copia al reproducirse una célula, o por otras razones, ocurre una mutación que modifica la información genética. El cambio puede ser dañino o simplemente neutro y en raras ocasiones beneficioso.

El ADNmt es relativamente pequeño, con 16569 pares de bases comparado con las sobre tres mil millones del ADN nuclear. Solamente se hereda por parte de la madre, es decir que el ADN mitocondrial de una persona es casi igual al de su madre, el cual es casi igual al de su abuela y así sucesivamente. Si no fuera por mutaciones que poco a poco, con el correr de las generaciones, cambian su estructura, todo el ADNmt sería idéntico al de aquella Eva, nuestra madre primigenia, la mía y la tuya. Pero a medida que, con el transcurso del tiempo, se acumulan los cambios causados por estas mutaciones la estructura del ADNmt se diferencia cada vez más de su forma original.

Este hecho permite reconstruir los parentescos prehistóricos del Homo sapiens, comparando la estructura del ADNmt de diversas poblaciones en diferentes continentes. Si la diversidad genética que se observa en una población es amplia, deducimos que han pasado muchas generaciones desde que se estableció esa población, y que la población es más antigua que una para la cual la diversidad observada en el ADNmt es menor. El ADNmt de las poblaciones africanas muestran el mayor grado de diversidad por lo que se concluye que son las más antiguas. Con un estimado de la rapidez con la cual se acumulan las mutaciones es posible estimar el tiempo transcurrido. De ahí los 150,000 años arriba mencionados. Hace unos cien mil años migramos de África hacia Asia y desde Medio Oriente conquistamos Europa hace unos cincuenta mil años. Desde el otro extremo de Asia también pasamos a América hace unos treinta y cinco mil años. Todo esto nos lo dice una microscópica molécula que se encuentra en nuestras células, estudiadas a la luz de lo que descubrió Darwin.

La provincia de Mpumalanga se encuentra al noreste de Sudáfrica cerca de Mozambique. Allí me encontré un día hace unos años en la escuela secundaria Kganane, una escuela cerca del hermoso paraje de Pilgrims Rest y de las vistas majestuosas del Blyde River Canyon, con riscos de mil metros de altura y caídas de agua espectaculares. Fui a un congreso en el Observatorio de la ciudad del Cabo, y luego a visitar algo más de ese hermoso y misterioso país, incluyendo una escuela rural.

La escuelita en Mpumalanga
La escuelita en Mpumalanga

La escuela consiste de cuatro edificios de ladrillo con techo de zinc. Forman un

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El doctor José Alonso explica algo “grande”…

rectángulo en cuyo interior, también de forma rectangular hay una plazoleta con yerbajos que han conquistado lo que tal vez en una época fuera un césped.  Para ellos era un día especial. Vaya a saber cuándo fue la última vez que los eventos les hicieron sentirse importantes, que, aunque estaban ubicados en el medio de la nada había un mundo allí afuera que no los ignoraba por completo. Algunos de los alumnos de la escuela vienen de parajes lejanos y caminan una hora todos los días para llegar a ella. Allí nos esperaban en ese sitio de muchas incongruencias, deseosos de compartir con los forasteros que venían a contarles una historia del universo. En la escuela se les enseña la estructura de la célula, con su núcleo y sus cromosomas y el citoplasma con las mitocondrias que contienen la historia humana.

De África también viene otra estructura microscópica que ha causado y causa mucho sufrimiento: el virus del HIV que con el tiempo lleva al SIDA. África subsahariana es la peor afectada con sobre 25 millones de personas infectadas (de un total de 37 millones).

Por mucho tiempo, durante la presidencia de Sudáfrica de Thabo Mbeki (entre 1999 y 2008) las autoridades rechazaban al virus como causante del HIV, apoyándose en que algunos científicos así lo mantenían (entre ellos un premio Nobel – Kary Mullis). El entonces ministro de salud, Manto Tshabalala-Msimang, recomendaba una dieta de ajo, aceite de oliva y limón para curarse. Y así murieron muchos. La falta de conocimiento científico de parte de muchos políticos en un mundo que es científico-técnico es inadmisible.

Sudáfrica tiene una de las tasas más altas de prevalencia (12% de su población) y en la calle se piensa que para quitarse la infección de VIH basta hacer el amor con una virgen. Terrible mito. Comparado con el HIV, que apenas sale en los diarios, el virus del Ébola es un nene de teta. Aunque ya ni es noticia que cada año el HIV mata  un millón y medio de personas en el mundo no se olvide: el HIV está entre nosotros.

No recuerdo su nombre, pero sí que era alto y de ojos verde claro lo cual lo distinguía de los demás. Me haló de un brazo y me arrinconó frente a la pizarra que no era otra cosa que pintura verde sobre la pared. ¿Por qué vuela?, fue su pregunta, la cual me repitió un par de veces hasta yo entender de lo que se trataba. Yo había llegado en avión, él sabía eso, y yo debería de poder explicarle porqué vuela. También sabía, quizá por intuición, que todo cae a tierra a menos que una fuerza lo mantenga allí arriba. De ahí su pregunta. Intenté explicar algo que en realidad es bastante complicado.

Primero le dije que el aire al igual que el agua era un fluido y que el fluido afectaba la forma en la cual un objeto se desplazaba por su interior. Continué diciendo que el estudio de esto comenzó con una obra titulada “Hidrodinámica” publicada por un matemático suizo de nombre Daniel Bernoulli en 1738. No le dije esto como lección de historia sino mas bien como un nombre que suena interesante y ajeno, un nombre para que él pudiera anclar sus pensamientos. Le expliqué que tanto el agua como el aire se dividen y fluyen a lo largo de la superficie del objeto que se mueve. Le dije que habría notado que cuando se zambulle el agua recorre la superficie de su cuerpo, que necesita impulsarse para nadar y que el agua lo frenará si no lo hace, es decir que hay fricción con el agua, al igual que hay fricción con el aire que frena su progreso en bicicleta. Hasta ahí no tuve problema.

Luego traté de explicar lo más importante, el hecho que, si el aire fluye a lo largo de una superficie y si en algún punto fluye a mayor velocidad, entonces allí la presión es más baja. Esto se puede explicar como consecuencia de la física de Newton y verificar experimentalmente, y lleva el nombre de principio de Bernoulli, pero no es algo intuitivo. No me entendió y tuve que volver atrás, explicando eso de presión. Le dije que la presión era la fuerza por unidad de área, y traté de ilustrarlo empujándolo con mi mano, con más y con menos fuerza.  Le dije que, si un objeto volaba girando en el aire, como una pelota de fútbol, entonces volaba en una curva porque el aire pasaba por un lado de la pelota a mayor velocidad que del lado opuesto. Esto se debe a que el aire cercano a la superficie de la pelota se mueve junto con la superficie por su viscosidad. Si uno pone a girar un tubo en la miel notará que cerca del tubo ésta también gira. El había pateado pelotas de fútbol y sabía cómo el “efecto” las hacía volar en una curva, una “comba” o “chanfle” como dicen algunos comentaristas. El efecto es igual de importante en el juego de pelota, tenis y ping pong. Bien, me dije, estoy progresando. Usé una bola de papel girándola y moviéndola para que viera que un lado sentiría un viento más rápido que el otro. Entonces, según Bernoulli, la presión sobre un lado de la pelota sería menor que sobre el lado opuesto resultando que se desvíe de la trayectoria que seguiría si no estuviera girando. No le quedó más remedio que aceptar mi explicación y pude continuar al avión.

El ala de un avión tiene superficies diseñadas de tal forma que, al moverse el avión, el aire fluye por la parte superior del ala a mayor velocidad que por la parte inferior, por un efecto que es similar al que usamos cuando con el dedo tapamos la boca de la manga para que así el agua salga con mayor velocidad y llegue más lejos. El resultado según el principio de Bernoulli es que la presión (la fuerza por unidad de área sobre el ala) en la parte superior es menor que la presión en la parte inferior resultando en una fuerza neta hacia arriba la cual permite que el avión vuele. De paso podemos notar dos casos extremos. Si el avión no se mueve con suficiente rapidez o deja de moverse ya no habrá suficiente flujo de aire ni diferencia de presión y el avión no podrá mantener su vuelo, con consecuencias algo desagradables para los ocupantes del mismo. Tampoco es posible que el avión vuele más alto que un cierto límite ya que la atmósfera se enrarece con la altura y no será lo suficientemente densa como para que el efecto de Bernoulli surta efecto.

En la realidad las cosas se complican ya que hay efectos adicionales que tienen que ver con turbulencia y viscosidad del aire y el ángulo de ataque del ala en vuelo, es decir el ángulo entre la dirección en que viaja el avión y el ala, pero la razón por la cual vuela el avión o se mueve un velero hacía el viento se explica por el principio de Bernoulli. En el caso del velero, la vela funciona como un ala. El viento pasa por la parte exterior de la vela siguiendo su contorno curvo a mayor velocidad que por la parte interior, lo cual produce la diferencia de presión que hala al bote.

Finalmente le hice una demostración, ya que no hay nada mejor que ver cómo es que algo funciona, que apreció con una amplia sonrisa. Tomé una hojita, como de la mitad del tamaño de una hoja de una libreta y sosteniéndola con ambas manos por dos esquinas la acerqué a mi boca algo por debajo de mis labios de tal forma que yo pudiera soplar por encima de la hoja, que naturalmente se doblaba hacia abajo. Al soplar, la hoja se elevó. Mi amigo también lo intentó y quedó encantado con esta sencilla demostración del efecto de Bernoulli, efecto del aire moviéndose sobre una superficie. Eso es la esencia del ala del avión o de la vela del velero.

Han pasado los años y tuve un sueño. En la pantalla del pequeño cine que ocupa mi mente un avión vuela por sobre la escabrosa tierra sudafricana, donde el SIDA ha dejado de ser un problema. Sueño que un señor alto y de ojos verde claro viaja en ese avión. Sueño que impulsado por su curiosidad ese muchacho logró salir de su pueblo en Mpumalanga y vuela alto. Que logró, por su diligencia, sus ganas de vivir y algo de suerte (la suerte siempre es un factor en la ecuación de la vida) salir adelante contra las probabilidades.  Veo su cara reflejada en la ventanilla de ese avión del futuro mientras mira como las alas resplandecientes cortan las nubes. Veo sus dientes blancos ya que sonríe porque sabe qué es lo que lo mantiene allí arriba. Sonríe ya que se acuerda de Bernoulli, de la hojita de papel, y de aquella lección de física en Mpumalanga.

 

Pisadas y huellas

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Los dados de Darwin han rodado mal para la Tierra. La especie humana es, en una palabra, una anomalía ambiental. Quizá una ley de la evolución determina que la inteligencia usualmente se extingue.

Edward O. Wilson

El clima es un bien común, de todos y para todos. A nivel global, es un sistema complejo relacionado con muchas condiciones esenciales para la vida humana. Hay un consenso científico muy consistente que indica que nos encontramos ante un preocupante calentamiento del sistema climático. En las últimas décadas, este calentamiento ha estado acompañado del constante crecimiento del nivel del mar, y además es difícil no relacionarlo con el aumento de eventos meteorológicos extremos, más allá de que no pueda atribuirse una causa científicamente determinable a cada fenómeno particular. La humanidad está llamada a tomar conciencia de la necesidad de realizar cambios de estilos de vida, de producción y de consumo, para combatir este calentamiento o, al menos, las causas humanas que lo producen o acentúan. Es verdad que hay otros factores (como el vulcanismo, las variaciones de la órbita y del eje de la Tierra o el ciclo solar), pero numerosos estudios científicos señalan que la mayor parte del calentamiento global de las últimas décadas se debe a la gran concentración de gases de efecto invernadero (anhídrido carbónico, metano, óxidos de nitrógeno y otros) emitidos sobre todo a causa de la actividad humana.

Papa Francisco[1]

 

Hace unos 3.6 millones de años unos homínidos pertenecientes a la especie Australopithecus afarensis, esa especie a partir de la cual, con el correr del tiempo surgió Homo sapiens (que es como nosotros nos autodenominamos con algo de falta de modestia) se fueron a caminar por la planicie africana, en lo que hoy es el norte de Tanzania.

Las huellas de Laetoli. Cortesía de Heinz Ruether
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En la arena

Sucede que hicieron esto cuando un volcán, hoy llamado Sadiman, hacía erupción y cubría el suelo con una gruesa capa de ceniza gris. Al igual que sucede cuando caminamos descalzos por la arena mojada de la playa, sus huellas quedaron grabadas. Quiso la fortuna que estas huellas no se borraran, como lo hacen las que dejamos en la playa, y quedaran enterradas bajo nuevas cenizas preservándose anónimas así para la posteridad. No sabemos hacia donde se dirigían estos ancestros nuestros, pero no me es difícil conectar mentalmente sus huellas con unas que recientemente dejamos sobre la superficie gris de la Luna.

Sin duda, hemos llegado lejos.

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Pisadas en la Luna – Apollo 14 NASA

 

Nuestras huellas se encuentran por doquier, en los más recónditos lugares del planeta, sobre los picos más altos de las cordilleras y las fosas mas profundas de los océanos. Algunas tienen nombre y apellido como las de Mattías Zürbriggen (el primero en ascender el Aconcagua en 1897) y Jorge Juan Link y su esposa Adriana Bance (que dejaron sus vidas en el Aconcagua en 1940). La cumbre del monte más alto del planeta, en los Himalayas, el Everest tiene las huellas dejadas por Tenzing Norgay y Sir Edmund Hillary quienes lograron llegar a la cima a 8848 metros de altura en 1953.

Cada día somos más y pisamos más duro dejando una huella más extensa. Y claro, llegamos a un punto en el cual no hay lugar para tanta gente. Tenía que suceder tarde o temprano ya que nuestro planeta no es infinito. Esto es así, ya que nuestra verdadera huella es mucho más grande que la que dejan nuestras pisadas.

Son buenas historias pero la huella que más importa es la Huella Ecológica, indicador desarrollado en 1990 por Mathis Wackernagel y William Rees del impacto de nuestras pisadas sobre el planeta. ( global footprint network)

La huella ecológica mide la cantidad promedio de recursos naturales utilizada por una persona expresada como el área de tierra y agua productiva (utilizando una productividad promedio) necesaria para producir los recursos consumidos y para absorber los desechos generados incluyendo el área de bosque necesaria para absorber el CO2 producido por el uso de energía de ese individuo y el área de tierra utilizada para vivienda e infraestructura para mantener un nivel de vida de forma continua.

Aunque útil para estudios comparativos del efecto de los humanos sobre el ecosistema, la huella ecológica no incluye todas las categorías posibles, por ejemplo, no nos dice nada acerca de la biodiversidad, o la salud pública, mas bien por falta de información, Además los cálculos no incluyen efectos degenerativos que disminuyen la capacidad global de producción como la pérdida de fertilidad y la desertificación de tierras, deforestación y pérdida de acuíferos. Las omisiones anteriores hacen que la huella ecológica calculada sea una aproximación que subestima el verdadero valor. No obstante, es una cantidad útil para analizar el estado de salud de la biosfera.

 

Resulta que para una persona en los países no desarrollados la huella ecológica equivale aproximadamente a una hectárea (10,000 metros cuadrados) y es diez veces más, unas diez hectáreas, para aquellos de los países desarrollados.  La dudosa distinción de estar entre los tres más altos le corresponde a EE.UU. junto a Singapur y a los Emiratos Árabes Unidos con unas 10 hectáreas por habitante. Los tres mínimos son Afganistán, Eritrea y Bangladesh, lo cual no sorprende.

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La huella ecológica per cápita es la huella ecológica de un país dividido por el número de sus habitantes. En el presente la cantidad disponible por habitante es 1,7 hectáreas. Si un país tiene una huella per cápita de 6,8, sus habitantes requieren cuatro veces los recursos y desperdicios que nuestro planeta puede regenerar y absorber.

Como los que más requieren son una minoría el promedio para los siete mil millones que somos ahora es de algo menos de dos hectáreas por habitante, con una alta fracción de la población muriéndose de hambre.

Hace más de cincuenta años, cuando la población humana de la Tierra era de tan “solo” unos tres mil millones, que oigo la misma cantaleta. “No, el problema no es uno de sobrepoblación del planeta, sino que uno de distribución de riqueza y alimentos”.

Bueno, todavía estoy esperando por esa mejor distribución mientras cada noche mil millones se van a dormir hambrientos. Admito que parte del problema es de distribución, si, la distribución del control de la industria alimentaria mundial crecientemente en manos de unos pocos y gigantescos conglomerados internacionales controlados por unos pocos individuos enajenados que se reúnen como miembros de la junta directiva en algún lujoso lugar para trazar las metas a seguir para maximizar la ganancia y poder rendir un buen informe a los accionistas mientras ese mismo día mueren miles como consecuencia de la malnutrición.

Mas generalmente es un problema de distribución de riqueza, en ultima instancia una distribución de justicia social que solo existe en la mente de aquellos que no ven, o quizá no quieren ver la realidad.

El problema fundamental es la superpoblación multiplicada por el creciente consumo, la imparable avalancha de bocas para alimentar, (cada año tenemos setenta millones más) que además pretenden hablar por teléfono móvil y moverse en un automóvil. Para el año 2050 serán unos nueve mil millones. Este problema causa que los otros sean difíciles de resolver. Sería claramente un mundo muy diferente si “solamente” fuéramos mil millones ¡que no son pocos! y habría entonces esperanza para todos.

Las presiones sobre los ecosistemas aumentan a tal punto que serán destruidos. No creo necesario abundar en los detalles conocidos por todos aunque ignorados por muchos. Los recursos naturales se consumen vorazmente como si fueran inagotables, y los desperdicios se vierten en al aire que respiramos y el agua que bebemos como si la naturaleza tuviera una capacidad ilimitada de absorberlos, afectando tierra mar y aire. Aunque el mundo parece gigantesco, la atmósfera no aguanta la inyección de gases tóxicos. Nuestros pulmones tampoco. Se estima que millones mueren y más sufren por aire tóxico, la mayoría en países subdesarrollados, muchos en las atestadas mega-ciudades como México, Sao Paulo, Pekín o Delhi.

Desde el 1900 la emisión de bióxido de carbono, resultado de la combustión, ha aumentado por más de diez veces y comienza a causar cambios climáticos globales cuyas consecuencias apenas comenzamos a vislumbrar . Los mares no pueden con los efluentes de nuestras actividades industriales y los peces sufren de una pesca no sustentable y la flora y fauna no aguantan nuestra rapacidad insaciable. El nivel de deforestación es el más alto de la historia y el agua potable escasea en gran parte del planeta. Las consecuencias son una colosal herida que afecta al planeta, a todas las formas de vida y en última instancia a nosotros.

La mayor parte de la tierra cultivable del planeta ya está bajo cultivo y su productividad disminuye por los efectos de la erosión, la salinización y la degradación de los suelos causando cada año la pérdida de varios millones de hectáreas de tierras cultivables.

El área total de espacio biológicamente productivo de la Tierra es de aproximadamente 12.000 millones de hectáreas (es difícil arar en el agua y regar los desiertos), por lo cual una simple división nos indica que la población presente del planeta (7200 millones) dispone en promedio de menos de dos hectáreas por habitante, un límite definido por el tamaño del planeta por lo cual el problema del llamado desarrollo ilimitado queda matemáticamente expuesto como una quimera y como una cruel mentira de aquellos que impulsan modelos de desarrollo imposibles. Además, hay hectáreas y hectáreas, todas las tierras no son de igual productividad.

En 1960 la población del planeta era de unos tres mil millones, en el 2000 ya éramos más de seis mil millones y se proyectan unos nueve mil millones para el 2050, cuando solamente tendremos una y media hectárea por habitante. En el mismo inérvalo la huella ecológica promedio ha aumentado significativamente a pesar de ciertas ganancias en eficiencia de producción como los logrados por la “revolución verde” Se debe señalar además que las ganancias de productividad obtenidas no vienen de la nada. La alta productividad tiene un alto costo en términos de recursos externos necesarios y degradación de los suelos.

Es simplemente imposible que el mundo no desarrollado se desarrolle siguiendo el modelo de los países desarrollados. Esto no impide que las grandes empresas sigan vendiendo todo tipo de ilusión, como ellos dicen “abrir nuevos mercados”, lo cual solamente crea expectativas inalcanzables y bloquean cualquier idea de un desarrollo alterno. Pero sin un modelo alterno, radicalmente distinto, las vías del desarrollo llevan a un desastre global.

GFN_EOS_infographic_v5Si no hacemos algo drástico (y no lo vamos a hacer por más que celebremos los recientes pronunciamientos de Paris), se necesitarían dos planetas como la Tierra si todos pretendieran vivir a un nivel de consumo como el de aquellos en los países desarrollados. Pero solo tenemos uno.

A largo plazo una actividad no sustentable lleva a la ruina, del mismo modo que si usted solamente vive de los ahorros, en algún momento se queda en la calle. En el caso personal podría recurrir a un préstamo, pero en el caso ecológico no hay tal préstamo ya que el capital natural es limitado y una vez consumido no se puede restituir.

Para analizar y comprender el verdadero estado del planeta y las consecuencias del llamado desarrollo, es necesaria una nueva contabilidad en la cual se incluya el verdadero costo de toda actividad, incluyendo los recursos naturales consumidos y los posibles daños causados al ecosistema y sociedad global. Por ejemplo, el costo de placas solares (yo soy el primero en apoyar su utilización) debería incluir el costo ecológico de todas las actividades asociadas a su producción, como la minería de materiales escasos (como el telurio) necesarios para producirlas (que emiten CO2, etc.). Debiera también incluir el costo social de todos esos niños que no pudieron ir a la escuela por trabajar en esas actividades (en china), y la contabilidad del efecto de compuestos tóxicos utilizados, no siempre bien manejados. Lo mismo vale para otras cosas más pueriles como la manufactura de ropa, que se paga a uno y se vende a veinte.

Mucho se ha escrito sobre esto, libros, muy buenos por cierto y completamente inconsecuentes, aunque sea escrito por un premio Nobel. El otro libro que muchos leen tampoco sirve de mucho más que un lamentable consuelo ante lo que parece inevitable pero además ordena: Fructificad y multiplicaos. El mismo papa Francisco lo advierte, pero me temo que tampoco a él le hagan caso, y menos la mayoría de la población del mundo que no le harían caso justo por ser el Papa.

Me llama la atención que tantos se preocupen por quién y cómo comenzó el mundo a tal punto que son capaces de matar por ello, y tan pocos se preocupen por como lo estamos destruyendo, algo que independientemente de su particular libro santo es realmente un pecado. ¿No le parece?

Al final señores les digo con todo respeto: la hemos cagado, y lo que queda es hacerle caso a Rubén Blades:

Prepárense ciudadanos, se acabó lo que se daba, a darse el último trago. No se me pueden quejar, el show fue bueno y barato. Ante el dolor el buen humor es esencial. Saca a tu pareja y ponte a bailar la canción del final del mundo. Que no les domine el miedo, no se pongan a gritar, control y nada de nervios, y cuidado con llorar. Para bien o para mal lo mandamos a buscar, y ahora nos llegó la cuenta y tenemos que pagar. Despídete de tu barrio y del mundo en general, y que en la tierra nadie quede sin bailar la canción del final del mundo

[1] Carta Encíclica Laudato Si’ del Santo Padre Francisco Sobre ll Cuidado de la Casa Común.

Extraterrestres

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«Existen innumerables soles; innumerables tierras giran alrededor de estos soles de forma similar a la de los siete planetas que giran alrededor del Sol. Seres vivos habitan estos mundos.»

Giordano Bruno (1548-1600)

aliens-ETLa pregunta siempre surge, no importa cual sea el tema de mi presentación. No importa si hablo sobre los misterios energéticos de los centros galácticos o sobre el origen de los átomos, siempre surge. En ocasiones viene precedida de algo como: “Claro, yo sé que no lo puede decir, pero…” (¿Entonces para que pregunta?). Otras veces alguna pareja me la hace y al recibir el contundente negativo, se miran con ojos de conspiración con un leve codazo al otro, como diciendo: “Viste, te dije que lo iba a negar” (caso comprobado).

Una actividad para la cual utilizamos una pequeña fracción del tiempo disponible en algunos observatorios es SETI por sus siglas en inglés (Search for Extraterrestrial Intelligence). para buscar evidencia de sociedades tecnológicas que habiten algún planeta en orbita alrededor de alguna estrella relativamente cercana. La idea es que, si ellos usan ondas electromagnéticas al igual que nosotros para comunicar sería posible detectar estas débiles emisiones usando radiotelescopios, como uno de los más sensitivos del mundo, el de Arecibo. De paso, no estoy tan seguro que si alguien en otro distante planeta lograra detectar y descifrar nuestros programas de radio y TV y conocer el quilombo que hemos armado concluiría que aquí hay vida inteligente.  También es cierto: no hemos encontrado nada, niente, rien, como dicen, zilch, y cuando digo esto en público algunos dicen que se trata de una conspiración y otros casi me quieren matar. ¿Qué les pasa?

Ni que hablar de aquellos que dicen que no necesitamos telescopios y otras nimiedades ya que “ellos” se comunican con quien quieran por telepatía (aunque nunca dicen algo que ya no sepamos, y sea medio difícil separar una comunicación telepática de un mero pensamiento. Ellos sabrán.

En los últimos años hemos encontrado la evidencia de que hay planetas alrededor de otras estrellas, contestando así una pregunta milenaria. La evidencia es indirecta (pero definitiva) y no es posible estudiar a estos planetas ni con el más poderoso telescopio. Aunque los planetas son de masa mucho mayor que la de la Tierra, (ya que son los más fáciles de detectar), pocos dudan de que los hay similares a la Tierra. No sabemos si son cuerpos desolados, con superficies grises y estériles llenas de cráteres como las de Mercurio y la Luna, o si son gigantes gaseosos con enormes nubes de color como lo son Júpiter y Saturno. Quizá alguno sea azul, verde y amarillo, los colores de nuestra fértil Tierra, y contenga grandes cantidades de agua, por encontrarse en la zona habitable de su estrella. Es ésta una zona en la cual las temperaturas permiten que exista agua líquida, algo que suponemos es la quintaesencia de la vida. Acérquese al Sol y el agua hierve y se evapora, aléjese y se congela.

Aunque agua líquida parece ser necesaria para la vida, no es suficiente, claro, y se necesita otros ingredientes. Pero al menos en nuestro planeta, en casi todos los lugares en los cuales hay agua encontramos alguna forma de vida, hasta en los sitios que para nosotros parecerían inhóspitos. Si usted no conociera a nuestro planeta como lo conoce no buscaría vida en sitios como los helados polos o los secos desiertos de la tierra, las abismales y oscuras fosas oceánicas, Buenos Aires o San Juan, por mencionar algunos lugares en los cuales hemos descubierto que la vida sí sobrevive, a pesar de las circunstancias. Esto también nos enseña que debemos ser cautelosos al considerar la posibilidad de vida en otros lugares que aparentan ser inhóspitos.

Pero aún no lo sabemos y necesitaremos telescopios mejores para averiguarlo. Aunque se estima que hay miles, quizá millones, de planetas como la Tierra en nuestra galaxia, la Vía Láctea, encontrarlos es difícil y sólo tenemos precarias ideas acerca de dónde y cómo buscar. Mayor todavía es la incertidumbre en cuanto al surgimiento y duración de civilizaciones extraterrestres, una vez que haya nacido un planeta azul, verde y amarillo.

Basándonos en lo que ocurrió en este planeta, el único ejemplo del que disponemos, notamos algunas cosas que si fueran típicas nos indican que es baja la probabilidad de encontrar una inteligencia extraterrestre. Por un lado, sabemos que, aunque la vida en al Tierra surgió hace más de tres mil quinientos millones de años, formas de vida complejas solo aparecieron hace unos quinientos millones de años y Homo sapiens recién en los últimos doscientos mil años, un instante en la larga historia terrestre. Por otro lado, de los millones de especies que han poblado la Tierra, la gran mayoría extintas, solamente una desarrolló la capacidad mental como para preocuparse por estas cosas. Esta inteligencia nos ha dado la capacidad para diseñar todo tipo de armas de destrucción, pero no parece haber sido suficiente para que no las produjéramos. La consecuencia de tener esta limitada inteligencia será que no duraremos ni mil años más.

Quizá esto es algo general, como una ley cósmica, que obliga a una inteligencia cuando apenas cruza un umbral luego del cual es capaz de manipular su entorno, a hacerlo, y entonces se liquida. Similar a un niño que cuando apenas puede desarmar un juguete lo hace y luego llora por no poderlo armar. Es decir, es mucho más fácil destruir que construir. Sería entonces necesario coincidir en un breve instante cósmico para conocernos.

El espacio entre las estrellas es increíblemente vasto y mayormente vacío. Piense que, para llegar al Sol la luz, que viaja tan rápido que puede darle la vuelta a la Tierra en un décimo de segundo, tarda ocho minutos. Para llegar a la estrella más cercana al Sol (Próxima del Centauro) viaja por cuatro años. La mayoría de las estrellas que usted ve a simple vista en el cielo nocturno se encuentran a distancias de muchos cientos o miles de años-luz. Para viajar de un lado al otro de nuestra galaxia la luz tarda unos cien mil años. Sin duda: distancias difíciles de imaginar y difíciles de cruzar a cualquier velocidad.

Algunos opinan que no debe ser tan difícil, y que en realidad los OVNI (objetos voladores no identificados) demuestran que los extraterrestres se encuentran muy cerca de nosotros. Sería un viaje que a cualquier velocidad permisible (la máxima es la de la luz) tardaría cientos o miles de años. Pretender que luego de esta increíble odisea, estos seres mucho más avanzados que nosotros, y por lo tanto con nada que temer, al llegar finalmente a su destino se esconden en la noche para asustar a algún paisano es risible. Más ridícula es la idea de que estas naves del futuro, construidas con tecnologías que no somos capaces ni de imaginar, se estrellan miserablemente en algún remoto desierto, como se alega en el caso del fraude de Roswell, cuando se sabe que fue un globo militar (Proyecto Mogul).

Lo que no entiendo es cómo se pasa de OVNI a “extraterrestre”, al menos yo no le veo la lógica. Hay gente que insiste que los extraterrestres están aquí hace tiempo y que han tenido encuentros cercanos con todo tipo de seres extraños que vienen de muy lejos para visitarlos en lugares remotos de la Patagonia, o en un desierto de Arizona.  Afirman que fueron secuestrados por, o que fueron voluntariamente con, seres que se parecen sospechosamente a aquellos en la más reciente producción de Hollywood.

Si usted sabe algo de evolución biológica (eso que le debemos a Darwin, y que a muchos les molesta), comprenderá que nuestra topología (dos ojos, nariz entre medio y boca por debajo, etc.) es un accidente evolutivo terrestre y que ningún visitante de otro mundo será un humanoide, como testifican muchos. Nada más que por eso queda descartado, no importa si le agregan escamas o es de piel verdosa.

Hay un número sorprendente de personas dispuestas a creerse todo esto, e interpretan las negativas por parte de científicos y oficiales gubernamentales (incluyéndome), como confirmación de sus sospechas de que en el Observatorio de Arecibo (por ejemplo) nos comunicamos con ellos todos los días. Se sobreentiende que el gobierno mantendrá estas cosas en secreto (en este caso no se porqué).  La naturaleza de los observatorios astronómicos, abiertos a la comunidad científica y al público, haría muy difícil mantener tal secreto, aunque así se deseara.

Sin embargo, le confieso, que hay veces que pienso que simplemente no estamos buscando donde debemos y que es cierto que están aquí estos habitantes de otro mundo.

El viaje hasta la Tierra, un viaje atravesando enormes distancias, un viaje de muchos años que serán una buena fracción de sus vidas, por más largas que sean, un viaje aburrido y de final incierto, no es uno para el cual los ciudadanos de ese lejano planeta forman fila.

Pero, al igual que en algunos episodios de nuestra historia, es posible conseguir a gente dispuesta a ello, gente que no tienen nada que perder, posiblemente gente que debe escoger entre este viaje de alto riesgo o cadena perpetua por algún crimen, o quizás la pena de muerte. Eso me lleva a pensar que los extraterrestres podrían ser criminales desterrados (debiera ser desplanetados). y eso concuerda con algunas observaciones.

Queda claro que no deben ser individuos muy simpáticos que digamos, y naturalmente nuestra Tierra no les importa un rábano, y nuestras vidas menos. No son de aquí y menos son humanos. Puede que al principio les pique un poco la curiosidad y viajen de lugar en lugar, como lo hace el turista que desea coleccionar el mayor número de catedrales en el menor tiempo. Pero luego, esto les resulta bastante aburrido, como se sentiría usted si lo transportaran a la antigua Mesopotamia, o peor, a vivir con los neandertales en una cueva de la futura España. Imagínese que existencia pobre, sin TV, ni internet, ni nevera, ni comidas rápidas, ni tan siquiera papelitos amarillos que se pegan en las paredes de la cueva para ayudar a la memoria. Y después los antropólogos se preguntan por la causa de la desaparición de los neandertales. Para mí queda bien claro que nadie puede sobrevivir esas condiciones de vida.

En fin, decía que estos visitantes se aburren y creo que eso los lleva a hacer cosas que los delatan, y no me refiero solamente a asustar a la gente en la noche, aunque de niños hacíamos eso con nuestros primos para no aburrirnos.

Piense en los que se dedicaban a torturar “brujas” y a matar judíos como si fuera un juego, o los que juegan con picanas eléctricas, o los que son capaces de cortarle el cuello a otro con un cuchillo sin más.  Ningún humano hace eso, no, son extraterrestres. ¿Y que me dice de aquellos mal adaptados que secuestran una niña a la salida de la escuela para violarla? ¿Verdad que son de otro planeta? ¿Y aquellos que fingen creer en una autoridad moral superior para luego satisfacer sus impulsos sexuales con los niños del coro? ¿Verdad que no esperamos eso de un humano que respeta la vida y el planeta? Ni hablar de aquellos que estrellan aviones llenos de gente contra edificios llenos de gente o se transforman en bombas humanas para causar terror. No pueden ser humanos.

Pero al final, aunque quisiera que así fuera, no lo es, mi tesis se refuta fácilmente por lo que le dije más arriba sobre topología. No hay manera, no son visitantes de otros mundos, son de aquí, son humanos como usted y yo, y eso me da mucho miedo.

Alfa y Omega

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ΑΩwindow

Si usted se comunicara con algún ser residente de un planeta que orbitara la estrella más cercana al Sol, el tiempo entre su: “Hola, aquí planeta Tierra saludando” y el “¿Podría repetir el mensaje que no copiamos claro?” de ellos, sería de unos ocho años.

La estrella más brillante de la constelación sureña del Centauro (al norte de la Cruz del Sur) es Alfa, luego le sigue en brillantez Beta, la siguiente es Gamma y así hasta que se acaba el alfabeto griego – de Alfa a Omega. Alfa Centauri es además la tercera estrella más brillante de todo el cielo, después de Sirio (a 8,6 años-luz de distancia) y Canopus (a 310 años-luz). La cosa se complica un poco ya que en 1752, el astrónomo francés Nicolas Louis de Lacaille descubrió que se trataba de una estrella doble, un sistema binario como lo son muchos.

Alfa Centauri A es una estrella amarilla algo más luminosa que nuestro Sol mientras que Alfa Centauri B, es de color naranja y más pequeña, con solamente la mitad de la luminosidad del Sol. Ambas giran entre sí por la mutua gravitación tardando unos ochenta años en completar una vuelta.

No fue hasta el año 1839 que se pudo determinar la distancia a la cual se encuentra este sistema de estrellas– 4.4 años luz  o 41.6 trillones de Km. – y recién en 1915, Robert Innes, director de un observatorio astronómico en Johannesburgo, Sudáfrica, determinó que una estrella roja y pequeña también pertenecía al sistema de Alfa del Centauro (C). Esta se encontraba algo más cerca del Sol que las otras dos por lo cual se la llamó Próxima del Centauro, la estrella más cercana al Sol. Más allá del sistema triple de Alfa del Centauro, la siguiente estrella más cercana es la estrella de Barnard a una distancia de unos seis años luz.

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Vemos las brillantes del Centauro y en el centro del círculo rojo a Próxima
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Próxima en el centro

Si hubiera un planeta en una órbita adecuada alrededor de una de las estrellas de Alfa del Centauro, y si sobre su superficie hubiera surgido la vida y evolucionado hasta un punto en que surgiera un ser capaz de desarrollar una tecnología, con comunicaciones y telescopios, es posible que ahora estuvieran escuchando nuestros lamentos del 2011, o alguna otra noticia generada por la violencia humana. Naturalmente decidirían ponernos en la lista negra, aunque fuera posible visitarnos

Por otro lado, conversar con ellos, como indiqué arriba, no es posible (sin entrar en la cuestión del idioma) por la enorme distancia que media entre ellos y nosotros y por el hecho de que ninguna señal, pueda propagarse a una velocidad mayor que la velocidad de la luz, la cual es enorme. Piense que la luz le  puede dar la vuelta a la tierra en un décimo de segundo, pero aunque sea enorme su velocidad, tarda cuatro años en llegar a Próxima, lo cual es el significado de decir que la distancia a Próxima es de cuatro años-luz. ¿Cómo lo sabemos?, gracias a los Griegos.

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Por si quiere buscar a Próxima Centauri con su telescopio aquí un MAPA  (versión pdf)

Hace más de dos mil años que los Griegos Tales de Mileto, Pitágoras de Samos, y Euclides de  Alejandría sentaron la base de la geometría y en particular estudiaron las propiedades de los triángulos,

demostrando varios teoremas, como el famosísimo teorema de Pitágoras relacionado a los triángulos rectángulos que se enseña en las escuelas y otros sobre las relaciones de proporcionalidad e identidad de triángulos.

 

Es asombroso que de las sobre 400 demostraciones geométricas que Euclides presenta a partir de solamente cinco sencillos postulados[1] en su tratado de geometría (escrito hacia el año 300 a.C.),  no se ha encontrado error alguno. Recién a principios del siglo XIX, los matemáticos Johann Carl Friedrich Gauss (Alemania, 1777-1855),  János Bolyai (Hungría 1802 – 1860), y Nikolai Ivanovich  Lobachevsky (Rusia,1792-1856), construyeron nuevas geometrías que no incluían el quinto postulado, geometrías “no-euclídeas”, que resultaron importantes para la física moderna y la cosmología. Un ejemplo lo es la geometría de la superficie de una esfera, como la Tierra, sobre la cual dos rectas paralelas norte sur en el ecuador se encuentran si las prolongamos, en los polos. De igual manera existen espacios de tres dimensiones que son “curvos”.

El trabajo de estos griegos precoces forma la base de la agrimensura. Cuando usted ve a un señor con una regla graduada parado en un sitio y otro que observa con un teodolito, montado en un trípode, que no es otra cosa que un instrumento para medir ángulos con gran precisión, lo que están haciendo es utilizando la geometría de Euclides para medir distancias y diferencias en ángulo construyendo un triángulo para luego calcular, mediante la geometría de Euclides aquello que les interese.

Para medir la distancia a un objeto inaccesible lo único que se necesita es observarlo desde dos puntos separados por una distancia conocida – la base –  y medir los ángulos del triángulo formado por la base y el objeto en cuestión, o lo que es lo mismo, (ya que los tres ángulos de un triángulo suman 180 grados) determinar el ángulo que subtiende la base vista desde el objeto cuya distancia deseamos medir.

Cuanto más distante se encuentre el objeto más difícil es medir el ángulo, el cual se torna diminuto con la distancia. Por ejemplo si usted observa una moneda de 25 centavos norteamericanos (una “peseta” en Puerto Rico) o una de un euro, desde una distancia de tres metros, el ángulo que subtiende será de medio grado igual al ángulo que subtiende la Luna vista desde la Tierra. Por otro lado esa misma moneda puesta a una distancia de 5 Km. subtendería un ángulo de un segundo de arco, (1/3600 de grado) muy difícil de medir.

La Tierra es demasiado pequeña para contener una base suficientemente larga como para medir la distancia a una estrella. Es que la más cercana (después del Sol, claro) se encuentra demasiado lejos y los ángulos imposibles de medir. Pero hay otra posibilidad. En su órbita anual alrededor del Sol, la Tierra recorre un circulo (casi, en realidad es una elipse) cuyo radio es la distancia Tierra-Sol (llamada la unidad astronómica o UA) que es enorme – 150 millones de kilómetros – sobre diez mil veces el diámetro de la Tierra. Si observamos una estrella en algún momento del año y luego, seis meses más tarde, cuando la Tierra está al otro lado de su órbita, la observamos nuevamente lo estaremos haciendo desde un punto que dista unos 300 millones de Km. del primero, es decir dos UA. Con esta línea de base se pueden medir ángulos, al menos para estrellas no muy lejanas y comenzar a cartografiar el cosmos. En astronomía, este ángulo se llama paralaje y se define como la mitad del ángulo que subtiende la órbita terrestre vista desde la estrella

Fue así que en 1838 fue posible medir la primera distancia a una estrella – 61 Cygnus en la constelación del Cisne (es un sistema doble) – medida realizada por Friedrich Wilhelm Bessel, matemático y astrónomo alemán,  que obtuvo una distancia de 11 años luz (correspondiente a un diminuto ángulo de paralaje de dos décimas de segundo de arco). Sabemos hoy que es la catorceava estrella más cercana al Sol. Desde entonces se ha medido el paralaje a miles de estrellas con cada vez mayor precisión. De paso, la detección de este diminuto ángulo fue la prueba que faltaba de que era la Tierra que orbitaba al Sol.

Se habrá dado cuenta que la unidad astronómica – la medida de la línea de base del triángulo con la estrella – es clave para este trabajo. El primer intento de medir la distancia al Sol lo realizó el gran Aristarco de Samos (310 – 230 a.C.) astrónomo y matemático griego que postuló un sistema heliocéntrico, (como el que iniciara la revolución copernicana casi dos mil años más tarde).  Intentó medir  las distancias a la Luna y al Sol en relación al radio de la Tierra utilizando el modelo heliocéntrico y triangulación, pero sus resultados, especialmente para el Sol, adolecían de gran error por lo limitado de sus instrumentos. Obtuvo una distancia a la Luna tres veces más pequeña que la real, y para el Sol subestimó la distancia por un factor de 60. Recién en el siglo XVI se realizaron medidas de la distancia al Sol (utilizando medidas de la distancia a Marte y las leyes de Kepler) cuyos resultados eran cercanos al valor moderno obtenido por estudios de radar en el sistema solar que dan una medida precisa de la UA – 149 597 870 691 ± 30 metros, o redondeando: 150 millones de km.  La Tierra, por definición, se encuentra a una UA del Sol, Plutón (el que ya no es planeta) se encuentra a 40 UA y el objeto humano más distante, la nave Voyager 1, que partió de la Tierra en 1977, se encuentra a unas 134 UA. Próxima del Centauro se encuentra a 270,000 UA. Si Voyager siguiera hasta allí, llegaría dentro de unos 40,000 años.

Hiparco de Nicea (aproximadamente 190 a 120 a.C.) fue un astrónomo, geógrafo y matemático griego  que sucedió al famoso Eratóstenes de Cirene (276 a 194 a.C.), como director de la Biblioteca de Alejandría. Hiparco, utilizando solamente sus ojos como instrumento, confeccionó un catálogo de 1080 estrellas, indicando sus posiciones en el cielo y su brillantez relativa, el primero de una serie de catálogos del cielo cada vez más abarcadores y precisos. La estrella más lejana visible a simple vista es Deneb (Alpha Cygni) a una distancia aproximada de 1500 años-luz.

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Esta imagen de todo el cielo se construyó utilizando los datos de Hipparcos. Así veríamos el cielo nocturno si nuestros ojos tuvieran la capacidad. La banda horizontal de estrellas es la Vía Láctea

El satélite astrométrico Hipparcos (se necesita un satélite para evitar las distorsiones causadas por la atmósfera) lanzado por la ESA (European Space Agency) en 1989  ha medido la distancia de sobre cien mil estrellas con alta precisión (ángulos del orden de una milésima de segundo de arco), equivalente a medir el ángulo de una moneda desde una distancia de 5000 kilómetros. Ha medido distancias de varios cientos  a algunos miles de años-luz (y esto para un astrónomo es a la vuelta de la esquina).

Luego del éxito de la misión Hipparcos, la misión “Gaia” (lanzada en el 2013), está haciendo un inventario de mil millones de estrellas (si, ¡mil millones!) en nuestra galaxia durante cinco años, permitiendo construir un mapa tridimensional de las estrellas de la Vía Láctea hasta una distancia de treinta mil años luz midiendo ángulos tan pequeños como 25 microsegundos de arco, lo cual equivale a medir el grueso de un pelo humano desde una distancia de mil kilómetros! Encontrará también, aunque de forma indirecta, miles de planetas, vaya a saber si alguno habitado.

Le debemos mucho a esos griegos olvidados que enseñaron que la razón era el fundamento del conocimiento, que ese era el camino de la verdad, que su forma de pensar era la que nos permitiría conocer al universo. Quedaron opacados y perdimos más de mil años por el dogmatismo religioso que se apoderó de la mente humana, la encerró y tiró la llave. Mentes prisioneras en un laberinto oscuro y húmedo, catacumbas del cerebro en el cual surgieron demonios como hongos venenosos, y densas telas de araña que bloquearon la luz.

Luego de ese milenio y gracias a los árabes que tradujeron, preservaron y en ocasiones ampliaron el trabajo de los griegos adquirimos la llave para liberar la mente, aunque no pudo volar alto. El pesado bagaje de mil años no lo permitió.

Uno se pregunta dónde estaríamos ahora si no fuera por esa prisión milenaria, por ese plomo mental. ¡Tanto tiempo perdido! ¡Tanto sufrimiento por no haber entendido, por habernos entregado a la irracionalidad y a la superstición! Uno se pregunta si estaremos comenzando otro milenio especial, pero no el reino divino que un creciente sector pregona creyendo el absurdo cuento del Apocalipsis con un nuevo Alfa, sino un nuevo milenio de razón encerrada, un Omega de noche y niebla. Mucho me temo que como van las cosas en este planeta, eso es lo que nos espera, y que el día que lleguen los extraterrestres (por equivocación) se quedarán estupefactos al descubrir nuestra patética historia.

[1]

  1. Desde cualquier punto se puede trazar una recta a cualquier otro punto.
  2. Toda recta se puede prolongar indefinidamente.
  3. Con cualquier centro y cualquier distancia se puede trazar un círculo.
  4. Todos los ángulos rectos son iguales.
  5. Si una recta, cortando a otras dos, forma los ángulos internos a una misma parte menores que dos rectos, las dos rectas prolongadas indefinidamente se encontrarán de la parte en que los dos ángulos son menores que dos rectos. (Rectas paralelas no se cortan al prolongarse indefinidamente)

 

 

Un cuento maravilloso

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In the beginning the Universe was created. This has made a lot of people very angry and been widely regarded as a bad move.

En el inicio fue creado el universo. Esto ha causado gran  enojo a mucha gente y ha sido generalmente considerado como una mala movida.

Douglas Adams

 

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El cometa McNaught se puede observer en esta imagen tomada desde Nueva Zelandia en enero del 2007. A la izquierda vemos la banda de estrellas que es la Vía Láctea La “nube” que se ve encima de la cola del cometa es una de las nubes de Magallanes. Imágen tomada por Minoru Yoneto.

Seguramente has olvidado muchos de los cuentos que te conté cuando eras niña, el de Caperucita Roja, aquella a quien se la traga un lobo, el de Blanca Nieves y los enanitos (creo que eran siete), o el del Principito que vino del asteroide B612, y muchos otros de los cuales yo tampoco me acuerdo. Este cuento, hija mía, es uno que te hago para que no te lo olvides. Pienso que es el mejor, el más maravilloso y sorprendente, por la simple razón de que en realidad no es un cuento, es una historia verdadera.

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Vemos el gas oscuro de la nube molecular Barnard 68, que no deja pasar la luz de estrellas que se encuentran detrás. Se encuentra a unos 500 años luz de nosotros y su diámetro aproximado es de medio año-luz. Su colapso llevará eventualmente a la formación de nuevas estrellas y planetas. (FORS Team, 8.2-meter VLT Antu, ESO )

Había una vez, hace mucho pero mucho tiempo, tanto tiempo que es difícil imaginarlo, en una región muy distante una enorme nube de hidrógeno con un poco de helio, ese gas que se utiliza para inflar los globos de cumpleaños que terminan pegados al techo o se pierdan entre las nubes. El hidrógeno y el helio son los dos elementos más simples que conocemos. Pesan menos que el aire, que se compone mayormente de nitrógeno y oxígeno, y por eso suben los globos.

La región era muy grande, muchísimo más grande que la Tierra, una gigantesca nube de gas muy tenue. Era oscura ya que no había ninguna estrella cercana para iluminarla. La nube se contraía lentamente porque las partes exteriores sentían la fuerza causada por la masa de sus partes interiores, la fuerza universal de la gravedad. Es la misma fuerza que tu sientes causada por la masa de la Tierra que te atrae a su centro y es la razón por la cual tu y la atmósfera, entre otras cosas, se queden en la Tierra en vez de perderse en el espacio. Perdona que te diga “cosa” pero en términos de la fuerza de gravedad no hay diferencia entre tú y una cosa como una piedra, por ejemplo.

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Las estrellas del cúmulo de las Pléyades se encuentran a  400años luz de nosotros, contiene unas 3000 estrellas dentro de un diámetro de unos 15 años-luz. (Antonio Fernandez-Sanchez )

Luego de algunos millones de años, un tiempo corto en la escala de tiempo del universo que se mide en miles de millones de años, la nube se había condensado y fragmentado en muchas nubes más pequeñas que se calentaban a medida que se contraían. Lo mismo ocurre con cualquier gas – si lo comprimes se calienta. Este proceso continuó hasta que en el centro de algunas nubes se formó una esfera de hidrógeno con una temperatura tan alta que comenzó a emitir luz, como lo hace la hornilla eléctrica cuando se calienta. Nació una estrella que no es otra cosa que una enorme bola de gas hidrógeno muy caliente con un poco de helio.

Si pudieras observar todo esto desde una gran distancia y pudieras acelerar la acción de tal modo que un millón de años pasaran en un minuto se vería como si fueran fuegos artificiales. El cielo oscuro se encendería con varios cientos de puntos de luz, cada uno de diferente color y brillantez.

Los centenares de estrellas en el cúmulo de las Pléyades, que alguna vez te enseñé en el cielo nocturno y que se ve en la noche como una tenue nubecita al norte de la brillante Aldebarán, es tal fuego artificial, detenido en el tiempo, ya que en realidad no podemos acelerar la acción. El número de estrellas que puedes ver a simple vista en las Pléyades depende en parte de tu visión. La mayoría de las personas pueden ver siete estrellas, por lo cual el cúmulo también se conoce en algunos países como las siete cabritas o las siete hermanas. Pero si lo observas con binoculares, verás el hermoso espectáculo ofrecido por decenas de estrellas en el cúmulo.

En las noches despejadas y oscuras puedes ver miles de puntitos de luz en el cielo, el impresionante espectáculo que te brindan las estrellas de nuestra galaxia, la Vía Láctea, que se te presentan en silencio, algunas haciéndote guiñadas como si tuvieran algo íntimo que contarte. No podemos llegar a ellas para averiguar qué son ya que se encuentran tan distantes que tardaríamos miles de años en llegar, aunque pudiéramos viajar a velocidades enormes como la de un rayo.

Pero hay una que está mucho más cerca de nosotros. Es tan brillante que cuando ella esta en el cielo su intensa luz no permite que se vean las otras estrellas, aunque siguen ahí. Es el Sol, nuestra estrella, tan cercana que puedes sentir su calor sobre tu piel. Ella nos provee la energía que alimenta la vida sobre la Tierra.

Por muchos años, los astrónomos han estudiado el Sol y las estrellas con grandes telescopios y poco a poco han aprendido cómo funcionan. No en vano te guiñaban en la noche.

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Una eyección masiva de gas desde la superficie solar. Cuando estas partículas energéticas llegan a la Tierra causan auroras y pueden también afectar satélites y redes de electricidad y comunicación. (NASA / Goddard / SDO AIA Team)

En el centro de las estrellas la temperatura es muy alta, tan alta que aquí en la Tierra solamente se produce en el instante de la explosión de una bomba nuclear, triste artefacto que se inventó para matar gente, como ocurrió en Hiroshima y Nagasaki hace años, y que aún amenazan nuestra existencia. A esas altas temperaturas ocurren reacciones que transforman el hidrógeno y el helio en elementos más pesados como carbono, nitrógeno, oxigeno, hierro y silicio, para nombrar algunos de los más comunes. Esas reacciones producen una gran cantidad de energía (por la famosa ecuación de Einstein E=mc2) y es por eso que brillan las estrellas y sentimos el calor del Sol. Como si fueran enormes calderos cósmicos de los antiguos alquimistas en las estrellas se producen casi todos los elementos que conocemos en nuestro mundo.

Ls estrellas no siempre existieron – nacen, viven y mueren – y al principio, si hubiese habido un planeta como la Tierra, su cielo habría sido negro. Pero claro, sin los elementos químicos no puede haber un planeta como la Tierra que se compone en su mayoría de hierro, silicio, magnesio, y oxigeno, con una pequeña fracción de todos los otros elementos de la tabla periódica, aquella que tuviste que memorizar en la escuela sin saber porqué.

Los organismos también se componen de unos pocos elementos. Así, tú y yo y todas las formas de vida del planeta somos en esencia la misma cosa, mayormente hidrógeno, carbono, nitrógeno, y oxígeno, con trazas de otros elementos. El agua, tan importante para la vida no es más que una combinación de hidrógeno y oxígeno. Todos estos elementos se formaron en el transcurso de la vida de las estrellas y sin ellas no existiríamos.

Al final de su existencia, una estrella libera el material del cual estaba compuesta, incluyendo los nuevos elementos que produjo en su interior. Imagínate que esto ocurrió millones de veces en un ciclo de vida y muerte, y que al final, en algún momento se formó una nueva estrella muy particular, una que incorporó todos esos elementos nuevos, y alrededor de la cual se formaron planetas también con esos elementos. El oxigeno y el hidrógeno se combinaron para formar agua para los océanos y los ríos, y el silicio se combinó con oxígeno para formar la arena de las playas.

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Imagen del remanente de la supernova de 1006 AD. Esta nube de gas en expansión visible desde el hemisferio sur en la constelación Lupus, tiene unos 60 años-luz de diámetro. La imagen fue compuesta observando con un telescopio óptico (colores amarillos), uno de rayos x (color azul) y un radio telescopio (colores rojos). Se encuentra a unos 7000 años-luz de nosotros. (NASA, ESA, Zolt Levay (STScI))

El hierro, el elemento más abundante de la Tierra, es especial no sólo porque aquí lo usamos para fabricar gran variedad de cosas, sino porque en el contexto de esta historia establece un punto crítico en la evolución de algunas estrellas que son de masa alta, algunas diez veces más masivas que el Sol. En términos cósmicos, estas estrellas tienen una vida corta que apenas dura unos pocos millones de años, esto es, un instante cósmico. Una vez que la mayoría del material del centro de una estrella masiva se convierte en hierro como consecuencia de las reacciones en su interior, el astro no puede continuar produciendo energía. Cuando carece de la fuente de energía que genera la presión interna necesaria para mantener el equilibrio, la estrella se colapsa bajo su propio peso. En un santiamén se genera un infierno.

Por un breve instante, mientras la estrella colapsa, la temperatura aumenta a valores sin precedentes y ocasiona un relámpago de reacciones nucleares. El astro se aniquila en una explosión titánica que los astrónomos llaman supernova, dando lugar a uno de los sucesos más energéticos que se conocen en el universo. Las capas exteriores de la antigua estrella forman una envoltura de gas que se expande rápidamente hacia el espacio y va esparciendo por una región cada vez más extensa sus restos. Durante los primeros segundos de la explosión, se producen todos los elementos de la tabla periódica más pesados que el hierro, como el oro y la plata. Como estos elementos se gestan de esta manera tan especial, su abundancia es muchísimo menor que la de los elementos más livianos que el hierro.

Tal vez ahora aprecies de manera diferente la cadenita de oro que en una ocasión te compré. Sin duda el oro es costoso porque es raro y bello, pero lo que le confiere su verdadero valor, al igual que a otros metales preciosos, es saber que lo que llevas en el cuello se formó hace más de cinco mil millones de años durante la explosión de una estrella gigante en algún rincón de la Galaxia.

Algunos de los elementos producidos de esta forma son radiactivos, como el uranio, el torio y el potasio. Estos elementos radiactivos perduran por miles de millones de años, y se incorporaran en grandes cantidades al formarse un nuevo planeta. Aquí en la Tierra, producen el calor interno que da origen a los volcanes y terremotos.

Hace unos cinco mil millones de años, la nube de gas que más tarde dio lugar al Sistema Solar se contrajo y formó un disco de material en rotación que denominamos la nebulosa solar. En su centro se formó el Sol. El disco se extendía hasta regiones muy distantes, mucho más allá de la órbita del lejano Plutón (que por entonces aún no existía). La densidad del material era menor en las regiones más apartadas del Sol recién nacido, y la temperatura, que era elevadísima cerca del centro, también descendía con la distancia. Estas circunstancias determinaron en gran medida la composición química de los planetas que se gestaron a partir del material de la nebulosa. En las zonas de la nebulosa con mayor densidad, diminutos gránulos comenzaron a chocar entre sí hasta adherirse e ir formando partículas cada vez más grandes. Este proceso continuó hasta desarrollar objetos de varios kilómetros de tamaño, los planetésimos, cuya gravedad les permitió seguir incorporando material de la nebulosa y crecer aún más. Al final quedaron varios centenares de cuerpos tan grandes como la Luna en órbita alrededor del Sol, y los choques entre todos ellos terminó dando lugar a los planetas.

Cerca del joven Sol se formaron los planetas telúricos (del latín tellus, – tierra) Mercurio, Venus, la Tierra y Marte. Su aparición se produjo en un tiempo relativamente corto de varios millones de años, a lo largo del cual el fuerte viento solar (partículas que emite el Sol) característico de las estrellas jóvenes, fue despejando la nebulosa de los alrededores del Sol.

Más afuera, en la zona donde surgieron los gigantes Júpiter y Saturno, el agua congelada se mantuvo estable. Una vez que se formaron los núcleos rocosos de estos mundos, lograron atraer material de la nebulosa antes que ésta se disipara barrida por el viento solar. Como resultado aparecieron planetas con un núcleo similar al de los planetas telúricos, pero envueltos por una capa enorme de hidrógeno y helio de composición no muy distinta a la de la nebulosa original o el Sol. En regiones aún más exteriores, donde imperan temperaturas más bajas y densidades menores, se formaron hielos de amoníaco, metano y dióxido de carbono, compuestos construidos con los elementos más comunes.

Los planetésimos más distantes al Sol estaban formados por estos hielos y pequeñas cantidades de silicatos. En esas regiones surgieron Urano y Neptuno, aunque tardaron mucho más tiempo que el resto debido a la menor densidad del material en esta zona de la nebulosa. Cuando se gestó el núcleo rocoso de estos mundos la nebulosa ya había comenzado a desvanecerse, de manera que no pudieron acumular mucho material y se quedaron bastante más pequeños que Júpiter o Saturno.

Más allá de Neptuno, las colisiones entre planetésimos no se produjeron tan a menudo y no pudieron formarse planetas. Es cierto que existe Plutón, el más pequeño del Sistema Solar, más pequeño que la Luna, el cual se encuentra cuarenta veces más lejos del Sol que la Tierra. Pero Plutón no es un verdadero planeta sino uno de muchos objetos que se formaron en esa época y hoy los astrónomos lo clasifican como “planeta menor”. Poderosos telescopios ya han descubierto decenas de ellos en la lejana región más allá de la órbita de Plutón.

En la región de la nebulosa solar donde se formaron los planetas telúricos reinaban temperaturas tan elevadas que los elementos volátiles no pudieron condensarse. La Tierra primitiva, caliente y parcialmente fundida por su calor interno, producto de la radiactividad de aquellos elementos formados en las supernovas, y por los efectos de numerosos impactos, era un lugar estéril.

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El lado no visible de la Luna fotografiado por la misión Apolo 16. Aunque muchos se refieren al “lado oscuro” de la Luna esto es erróneo.

Sobre la  superficie de la Luna puedes ver un gran número de cráteres. Desde que los astronautas la visitaron hace algunos años, sabemos que son el resultado indeleble de los impactos por planetésimos que bombardearon su superficie y la de la Tierra después de su formación. Hubo millones de ellos que, como si fuera una lluvia torrencial, se precipitaron sin cesar contra los planetas terrestres antes de que se despejara el cielo. Durante algunos cientos de millones de años, esta gran tormenta aportó a la Tierra el agua y los ingredientes necesarios para la vida incluyendo moléculas orgánicas complejas que se habían formado en la superficie de los pequeños gránulos de la nebulosa solar.

Hoy, aún no ha cesado por completo aquella tormenta, pero se ha convertido en una fina garúa de planetésimos que ocasionalmente se acercan hasta el interior del Sistema Solar procedentes de regiones más remotas que la órbita de Plutón. Los reconocemos porque el agua que se evapora de ellos y el polvo que expelen se tornan visibles a medida que se acercan al calor del Sol. Entonces desarrollan un halo difuso y una magnífica cola de millones de kilómetros de largo. Los llamamos cometas. Aunque los cometas actuaron como los manantiales de la vida, otras condiciones resultaron de igual importancia para que ésta se estableciera y desarrollara: La Tierra se encuentra a una distancia del Sol y es de un tamaño tal que en su superficie puede existir agua líquida, el elixir de la vida. No hay agua líquida en la superficie de los otros planetas.

Como los cometas constituyen acontecimientos únicos y espectaculares que aparecen, igual que los accidentes, de forma inesperada, se los ha asociado con eventos ominosos. En muchas mitologías se los considera signos de mal agüero y, si pudiéramos preguntarle a un dinosaurio, esta percepción estaría justificada ya que su fin fue causado por uno, que chocó con la Tierra hace sesenta y cuatro millones de años. Un cometa apareció en los cielos americanos en el 1510, (también un eclipse solar) un presagio del sufrimiento de los indígenas en manos de Hernán Cortéz y Francisco Pizarro. Pero, como todos los presagios y profecías, los de los cometas carecen de validez. Cada año aparece algo que podemos interpretar como portento ominoso, y cada año ocurre algo siniestro.

Cuando al fin cesó la gran tormenta pudo originarse la vida en los cuerpos de agua del planeta, llenos de moléculas orgánicas que chocaban entre sí para en algún momento formar un nuevo compuesto. Y así, poco a poco se formaron las moléculas de la vida.

Otro día te cuento el resto de esta historia maravillosa, comenzando con unos organismos unicelulares que aparecieron en las charcas de agua caliente a orillas de los mares primitivos y terminando con nosotros.

Es por todo lo anterior que te digo que eres hija de las estrellas. ¿Verdad que parece un cuento?

La naturaleza de lo sobrenatural

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¿No es acaso más natural y más inteligible deducir todo lo que existe del seno de la materia, cuya existencia queda demostrada por todos nuestros sentidos, cuyos efectos sentimos en todo momento, que vemos actuar, moverse, comunicar movimiento, y constantemente generar seres vivos; que atribuir la formación de cosas a una fuerza desconocida, a un ser espiritual, que no puede hacer surgir de su suelo aquello que no tiene, y quien, por la esencia espiritual que se le adjudica es incapaz de hacer algo y de poner algo en movimiento? Nada es más claro que pretendan que creamos que un espíritu intangible puede actuar sobre la materia.

Paul-Henri Thiry, Barón de Holbach [i]

 Así las cosas, me parece que, al discutir los problemas naturales, no se debería partir de la autoridad de los pasajes de la Escritura, sino de la experiencia de los sentidos y de las demostraciones necesarias. Porque la Sagrada Escritura y la naturaleza proceden igualmente del Verbo divino, aquélla como dictado del Espíritu Santo, y ésta como la ejecutora perfectamente fiel de las órdenes de Dios; ahora bien, si se ha convenido en que las Escrituras, para adaptarse a las posibilidades de comprensión de la mayoría, dicen cosas que difieren con mucho de la verdad absoluta, por gracia de su género y de la significación literal de los términos, la naturaleza, por el contrario, se adecua, inexorable e inmutablemente, a las leyes que le son impuestas, sin franquear jamás sus límites, y no se preocupa por saber si sus razones ocultas y sus maneras de obrar están al alcance de nuestras capacidades humanas.

Carta del señor Galileo Galilei, Académico Linceo, escrita a la señora Cristina de Lorena, Gran Duquesa de Toscana[ii]

Las religiones, se designen como se designen, se parecen todas. Ningún entendimiento ni reconciliación son posibles entre estas religiones y la filosofía. La religión impone al hombre su fe y creencia, mientras que la filosofía lo libera totalmente o en parte. ¿Cómo pretender entonces que se entiendan entre sí? Cuando la religión cristiana, bajo sus formas más modestas y atractivas, entró en Atenas y en Alejandría, que eran, como todo el mundo sabe, los dos principales centros de la ciencia y la filosofía, su primer empeño fue, después de establecerse sólidamente en las dos ciudades, apartar tanto a la ciencia propiamente dicha como a la filosofía, buscando ahogarlas bajo el matorral de las discusiones teológicas, para explicar los inexplicables misterios de la Trinidad, de la Encarnación y la Transubstanciación. Y así ocurrirá siempre. Cada vez que sea la religión la que gane la partida, eliminará a la filosofía. Y sucede lo contrario cuando es la filosofía la que se convierte en soberana. En tanto exista la humanidad, no cesará la contienda entre el dogma y el libre examen, entre la religión y la filosofía, en una encarnizada lucha en la  que —me temo— el triunfo no será para el libre pensamiento, porque la razón desagrada a las masas y porque sus enseñanzas no son comprendidas más que por ciertas inteligencias de las  elites, a la vez que la ciencia, por hermosa que sea, no satisfará por entero a una humanidad sedienta de un ideal y a la que le gusta refugiarse en las oscuras y lejanas regiones que los filósofos y los sabios no pueden percibir ni explorar.

Yamaleddin al-Afgani[iii]

 

Por si no se acuerda o no leyó la advertencia que hago al inicio del blog, este es un buen momento de leerla antes de continuar. Basta oprimir “advertencia

Durante la mayor parte de la existencia de nuestra especie, Homo sapiens, la concepción que teníamos del mundo era mágico-religiosa, y así lo sugieren los hallazgos de arte rupestre que datan de decenas de miles de años atrás. Ciertos agentes invisibles causaban las cosas, explicando así para los pueblos del pasado muchos eventos de otra forma inexplicables. Surge la intuición de un poder intangible que posee ciertas características humanas, especialmente una mente, que se extiende de la experiencia individual al universo en el cual cosas y eventos materiales tienen antecedentes no materiales.

Es este paso de desmaterialización que permite todo tipo de idea, ya que el ente desmaterializado no tiene por qué ceñirse a las limitaciones de lo material y lo mortal. Una “sustancia inmaterial” es un oxímoron perfecto, en este caso sin aspiraciones metafóricas. Conduce a duendes y dioses, a la astrología y una cornucopia de terapias alternativas.  

Deshacerse de esto es mucho más difícil de lo que parece ya que es parte de nuestro cerebro, viene “de fábrica” (por decirlo de alguna forma). Nacemos preparados para el pensar mágico y no para el de la razón. Dice Vetter[iv]: “El prototipo de todas las fuerzas o agentes no materiales que concebimos como existentes es el pensamiento subjetivo o el proceso de volición que es la experiencia común de todo ser humano”.

Esta idea abre la puerta a ritos dirigidos a influenciar los agentes para que los eventos resulten favorables, y con el tiempo identificamos a los agentes con diversos dioses. Vetter dice que religiosidad es: “La creencia acrítica en un ayudante mágico, quien, si se le aborda con la fórmula ritual correcta, puede resolver dilemas para el suplicante que son aparente y enconadamente resistentes a cualquier intento de resolución que solamente utilice los recursos del mundo material”.

La premisa más importante de todas es la que supone que hay un poder sobrenatural, (llámele H), extremadamente (o todo) poderoso, creador del Universo, que dependiendo de nuestro comportamiento aquí en la Tierra, decidirá qué ocurrirá con lo que perdura de nosotros al morir, (otra premisa). El problema es grave porque diferentes pueblos tienen distintas nociones de quién es el verdadero H y están dispuestos a matar o morir por su H.

Piense en el comienzo del Universo. Esto lleva al planteamiento de dos preguntas ineludibles: ¿Quién o qué lo puso en marcha o lo creó?, y ¿Qué es lo que existía antes?, incluyendo la difícil cuestión de un creador que no se encuentra en sitio ni tiempo alguno antes de crear el Universo, y la igualmente difícil cuestión de quién creó al creador. La búsqueda forzada de una respuesta forma la base de gran cantidad de mitos que por los milenios han influenciado el pensamiento. La expresión: “H existe fuera del espacio” no tiene sentido ya que “fuera” implica una relación espacial. De igual forma la expresión: “H existía antes del tiempo” no tiene sentido ya que “antes” implica una relación temporal. El tiempo es una propiedad del universo que emerge de las interacciones entre los componentes del universo, y no es algo externo al universo (Woody Allen ha dicho que el tiempo es la forma en que la naturaleza evita que todo ocurra simultáneamente).

Por otro lado, no hay razón para pensar (excepto por falsa analogía) que el Universo tuvo un comienzo. Además, si para evitar el pasado infinito en el tiempo del Universo se postula el pasado infinito de H, apelamos a un recurso retórico, un sofisma que no resuelve nada, y más bien lo complica.

El asombroso Jean Meslier (1664-1729) cura párroco que ofició en la iglesia de Étrépigny en las Ardenas belgas, vivió una vida de pobreza dedicada a la Iglesia, pero en su obra póstuma presenta: “demostraciones claras y evidentes de la vanidad y falsedad de todas las divinidades y de todas las religiones del mundo”. Escribe[v]: “Nos dicen solemnemente que no hay efecto sin causa; nos repiten frecuentemente que el mundo no se creó a sí mismo. Pero el Universo es una causa, no un efecto. No es un producto, no ha sido hecho porque es imposible que fuese hecho. El mundo siempre ha sido, su existencia necesaria. Es su propia causa.

Las creencias religiosas, inspiradas por estas premisas fundamentan nuestras más profundas tradiciones culturales y la idea de identidad de forma negativa, definiendo como “hereje” a cualquiera que no crea como uno. La noción del “otro” inferior y a la vez amenazador, faculta el sentir nacional definido por líneas fronterizas marcadas sobre la tierra con sangre, que conducen a la guerra y al genocidio. Perdemos de vista que los “otros” son humanos, con la misma historia primordial, con los mismos temores, amores, alegrías y tristezas que nosotros. Perdemos de vista que nosotros somos los “otros” para los otros. Una y otra vez hemos visto como los pueblos se agrupan en unidades culturales asentadas en alguna etnia bajo una religión, primer paso para la matanza (como ocurre en el Oriente Medio mientras escribo esto). En vez del mito es necesario entender la verdad biológica que nos enseña que cualquier diferencia que nos separa es minúscula comparada con lo que nos une (es en parte por esto que deberíamos enseñar la evolución a los chicos). Muchos están dispuestos a matar por esa diferencia insignificante, en ocasiones entre sectas de una misma religión sin espacio para la fuerza de la razón y mucho espacio para la razón de la fuerza. Harari[vi] escribe: “…En el curso de 1500 años, cristianos masacraron a otros cristianos por millones para defender interpretaciones ligeramente diferentes de la religión de amor y compasión.

Lo que se dice en nombre de los dioses es contrario al conocimiento científico y ha sido y es causa de conflicto, como lo indica Yamaleddin al-Afgani, por más que muchos quisieran esconderlo bajo la alfombra. El conflicto es entre una visión naturalista del universo y una que acepta lo sobrenatural. Por otro lado, no sorprende que textos milenarios no sean coherentes con el conocimiento moderno – los humanos que los escribieron no tenían esos conocimientos (Claro que, si según no pocos es la palabra de Dios, entonces asombra su ignorancia – la de Dios).

Un mundo con un dios que lo diseñó y lo controla, sería muy distinto a uno sin este dios, uno en el cual las cosas se dan por razones naturales. Cualquier hipótesis sobre el mundo puede y debe ser puesta a prueba con todos los medios disponibles si deseamos acercarnos a la verdad. Debería ser el deseo de todos, incluyendo de los creyentes, en vez de escudarse detrás de lo “sagrado”.

Se puede mantener que si las religiones se dedicaran exclusivamente a cuestiones del valor, propósito y significado de la vida, no se generaría un conflicto con el conocimiento científico. Pero esto no es lo que ocurre ni lo que ha ocurrido históricamente. Las revoluciones del pensamiento que asociamos con Copérnico, Galileo y Darwin, son en primera instancia revoluciones metafísicas (más que metodológicas) que significan un corte con las creencias fundamentales que hasta entonces mantenían (y mantienen) los humanos. Como estas creencias estaban íntimamente ligadas con ideas religiosas, estas revoluciones representan un conflicto ineludible con la religión, generando dos mundos irreconciliables. En el caso de Galileo, el corte fue con la concepción metafísica del mundo material, mientras que en el caso de Darwin el corte fue con la concepción metafísica de la vida (algo que nos toca muy de cerca), corte con la idea de una creación divina en la cual el humano tiene una posición privilegiada entre los seres vivos. Este último conflicto aún no ha concluido. Un tercer conflicto se gesta entre neurociencia y religión, uno que será sumamente interesante.

Mientras tanto, en palabras de Christopher Hitchens: “ante perspectivas ni soñadas en el pasado, dentro de nuestra corteza cerebral que evoluciona, en los confines más distantes del universo y en las proteínas y ácidos que constituyen nuestro cuerpo, la religión ofrece la aniquilación en nombre de Dios, o la promesa falsa de que, si sometemos el prepucio al cuchillo, o si oramos en la dirección correcta, o ingerimos pedazos de oblea, seremos “salvados”. Es como si alguien, a quien se le ofrece una fragante y deliciosa fruta fuera de estación, madurada en un invernadero cuidadosamente diseñado, tirara la carne y la pulpa y royera malhumoradamente el carozo.”

Homer W. Smith[vii] en su fascinante libro dice: “Ortodoxos y no ortodoxos han llegado a ver que el libro que por tanto tiempo sirvió para negar la razón y obstruir el avance intelectual, que por casi dos mil años ha sido la fuente de derramamientos de sangre, hogueras, encarcelamientos, torturas, persecuciones, guerras de “conversión” y cruzadas dementes, que hubieran asombrado a un pueblo pagano, es una colección de mitos, anécdotas y genealogías, con  algún pequeño fragmento creíble de verdad histórica intercalada, compilado en una era altamente supersticiosa, y cargado con la superstición de su tiempo. Fue escrito no con el fin de ilustrar a los historiadores del futuro, sino que para ganar conversos a la nueva fe o confirmar las convicciones de aquellos ya captados.

La superstición se refiere a la creencia en una causa sobrenatural, una relación sin un proceso natural que vincule dos eventos. Es curioso leer como el DRAE define superstición:

  • Creencia extraña a la fe religiosa y contraria a la razón.
  • Fe desmedida o valoración excesiva respecto de algo.

Es decir que, se distingue entre superstición y fe religiosa. ¿Pero cuál es la distinción? ¿No es acaso la fe religiosa contraria a la razón? ¿No tienen las personas religiosas una fe desmedida o valoración excesiva respecto de la religión que profesan?  La fe, es decir el creer por creer, no es una virtud como expresan algunos, sino que, todo lo contrario: una excusa utilizada porque no existe fundamento válido que sostengan estas creencias. La fe es la abdicación de la razón y esto abre el camino al fantasma, al fanatismo y al fascismo y en última instancia al genocidio. A pesar del dicho, la fe no mueve montañas.

Una vez que una mente se habitúa a creer un cuento, por más inverosímil que sea, sin un atisbo de crítica, se abre a aceptar cualquier otro cuento, y el propietario de esa mente no tendrá problema en actuar, dada la oportunidad, de acuerdo al cuento. Y si el cuento incluye la idea de eliminar a los infieles, así lo hará sin más cuestionamiento, y será capaz de pilotear con alegría un avión lleno de gente y estrellarlo en un edificio lleno de más gente, convencido que hace la voluntad de Dios, sin pensar que un Dios que tenga esa voluntad no es uno digno de aspirar al cargo. También da que pensar un Dios que supuestamente nos creó con la facultad del raciocinio y luego nos castiga por no tener fe, por no creer ciegamente en cosas que ofenden la razón.

La brujería, los conjuros, las plegarias y ritos son actos supersticiosos para lograr un efecto invocando fuerzas ocultas. Colgamos una herradura a la entrada del hogar, o nuestras llaves de una pata de conejo, para la buena suerte. (Pero sepa que la pata de conejo solo es efectiva si el conejo fue matado por un hombre bizco en una noche de luna llena). En nuestra cultura si un gato negro se nos cruza en el camino es señal de mala suerte, pero en Japón es señal de buena suerte.

Si analizamos los factores comunes a todas las distintas culturas del presente y del pasado, descubrimos uno que es ubicuo, uno que parece entonces ser parte de la naturaleza humana, uno que es panhumano: la creencia en lo sobrenatural. Para sobrevivir a pesar de lo que podemos entender acerca de nuestro ser, para no quedarnos paralizados, para no optar por el suicidio inmediato al conocer que vamos a morir irremediablemente, la evolución del cerebro fue mano a mano con la evolución de la creencia en lo sobrenatural como bálsamo metafísico.

Este heredado “imperativo paranormal” en palabras de John Schumaker[viii], tiene su lado positivo ya que nos brinda una forma de ganarle a la muerte. La conciencia de nuestra finitud sin una salida nos llevaría a tener que concluir que no hay propósito alguno en nuestra existencia, nada distinto a la vida de una lechuga, y esto (aunque sea cierto) es inaceptable para la mayoría.

Friedrich Nietzche[ix] comenta: “A todos los fundadores de religiones y a sus semejantes les ha faltado honestidad: no han hecho de sus experiencias un asunto de conciencia y conocimiento. ¿Qué fue mi experiencia realmente? ¿Qué ocurrió dentro de mí y en mi entorno en ese momento? ¿Mi razón estaba alerta? ¿Estaba mi voluntad preparada para los engaños de los sentidos y era fiel para defenderse de lo fantástico? Ninguno de ellos se ha hecho estas preguntas. Aun hoy, ninguno de nuestros queridos religiosos las formula, más bien tienen una sed de cosas contrarias a la razón y no quieren complicarse la vida para saciarla – de manera que sienten “milagros” y “renacimientos” y oyen las voces de los ángeles. Pero nosotros, los otros, los que tenemos sed de razón, queremos enfrentar las experiencias con la seriedad de un experimento científico, hora por hora, día por día. Queremos ser nuestros propios experimentos y conejillo de indias”.

El DRAE define “trascendente” como: Que está más allá de los límites de cualquier conocimiento posible. Algunos (que no piensan) piensan que lo trascendente es algo que se encuentra más allá de los límites de espacio y tiempo, fuera de lo que consideramos el universo y más allá de lo natural, es decir sobrenatural. Si, además, como dice el diccionario, “no es posible conocerlo”, entonces deberíamos descartar el concepto ya que no tiene sentido hablar acerca de algo que no es posible conocer.

El DRAE define “sobrenatural” como: “Que excede los términos de la naturaleza.

Ciertamente, en todo momento de la historia hubo fenómenos que parecían no estar incluidos en una regla de la naturaleza. Antes de Newton no se entendía cómo los planetas se mantenían en órbita alrededor del Sol (algunos opinaban que los ángeles los empujaban) y antes de la mecánica cuántica no se entendía cómo se mantenía estable un átomo. ¿Eran entonces fenómenos sobrenaturales? En el presente, un “misterio” de la biología es el surgimiento de la vida sobre la Tierra. Simplemente no sabemos (todavía) cómo ocurrió, y es entonces fácil invocar una causa “sobrenatural”. Pero esto no explica nada. Cuando descubramos cómo fue, será natural. Es posible que necesitemos nuevos conceptos y una revisión de nuestro entendimiento de cómo funciona la naturaleza, como ha ocurrido en el pasado, pero no será sobrenatural.

Una idea muy popular es la de fantasmas y casas encantadas[x]. Un fantasma (que según el DRAE es la “imagen de una persona muerta que, según algunos, se aparece a los vivos”) ¿es sobrenatural? (Lo que sigue también aplica mutatis mutandis[xi] a la idea de alma, espíritu, ángel o ectoplasma).

Se trata de una analogía: una persona sin cuerpo, pero con todos los atributos de una persona. Aunque la disanalogía (cuerpo, no cuerpo) es crucial, a los que creen en fantasmas no les afecta.

¿Si los fantasmas no son parte de la naturaleza, si son “inmateriales”, entonces cómo es posible, verlos, sentirlos o exponerlos en una imagen?  Para ser visto un fantasma tiene que emitir o reflejar luz, o actuar sobre nosotros o nuestros instrumentos de alguna forma. Es un sinsentido hablar de fantasmas que se ven por la luz que emiten pero que no son materiales por lo cual pueden atravesar paredes. Igual de sinsentido tiene la idea de ver en un espejo un vampiro que no se puede ver directamente.

La radiación electromagnética (que incluye luz) se produce cuando una carga eléctrica (normalmente un electrón) es acelerado, o si es parte de un átomo o molécula, cambia su estado de energía. No hay otra forma. Para ser fotografiado o visto en la oscuridad el fantasma debe emitir luz –necesariamente producida por cargas eléctricas aceleradas – y necesariamente natural. Ni pensar en cómo arrastran cadenas, y atraviesan paredes con cadena y todo (como dicen algunos).  ¿Y si la cadena también es inmaterial para atravesar paredes, entonces cómo es que hace ruido? (como dicen otros). Podría ser necesario modificar nuestro conocimiento del mundo a la luz de lo que nos dijeran (en un sentido figurado) los fantasmas, pero no son ni pueden ser sobrenaturales.

Podemos generalizar a lo siguiente: En el momento en que se dice que un ente sobrenatural actúa sobre algo natural se comete un error, (como ya lo señaló Holbach hace años –vea el epígrafe) ya que la interacción solo puede darse por medio de algo que sea común a ambos (que muy bien puede ser desconocido) pero es natural y sujeto al estudio científico. Lo sobrenatural no existe, al igual que no hay círculos cuadrados[xii].

Si no es parte de la naturaleza, entonces no puede interactuar con la naturaleza y no tienen sentido alguno las oraciones, las plegarias ni los milagros. Negar esto es simplemente una forma de evitar la razón cuando va en contra de las creencias que deseamos mantener a toda costa, una forma de quitarle el culo a la jeringa.

[i] Jean Meslier (1729). Superstition in all ages. D.N. Goodfield, Philadelphia (2009) pág.8. (En realidad escrito por Paul-Henri Thiry, Baron d’Holbach (1723–1789), pero por mucho tiempo atribuído a Meslier). 

[ii] Galileo Galilei (1615), (2006). Carta a Cristina de Lorena. Alianza Editorial

[iii] Parte de una carta que el pensador y activista musulmán, “el asiático ilustrado” Yamaleddin al-Afgani, refugiado por aquel entonces en Paris, envió al director del Journal des débats, publicada en dicho periódico el 18 de mayo de 1883.

[iv] George B. Vetter (1973). Magic and Religion, Their Psychological Nature, Philosophical Library, New York. pág.130.

[v] Jean Meslier (Aunque atribuido a Baron d’Holbach) (1729). Le bon sens du curé Meslier suivi de son testament. (2010) Nabu Press. pág.54.

[vi] Yuval Noah Harari (2015). Sapiens. Una breve historia de la humanidad. Debate.

[vii] Homer W. Smith (1952). Man and his Gods. Little Brown and Company. P396.

[viii] John F. Schumaker (1990). Wings of Illusion. The Nature and Future of Paranormal Belief. Prometheus Books.

[ix] Friedrich Nietzsche: The Gay Science: pág. 179 Cambridge Texts in the History of Philosophy.

[x] Joe Nickell (2012). The Science of Ghosts. Prometheus.

[xi] Del latín que significa “cambiando lo que se deba cambiar”.

[xii] Daniel R. Altschuler (2008). The nature of the supernatural. Skeptical Inquirer, May/June 2008.

Ceguera para ver bien

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Lento pero seguro, me resigné al hecho de que, para algunos fanáticos de la medicina alternativa, ninguna explicación será suficiente. Para ellos, la medicina alternativa parecía haberse transformado en una religión, una secta cuyo credo central debe ser defendido a toda costa contra el infiel”.

Edzard Ernst[1]

 

Si no entiende esto puede costarle la vida, como le ha costado a muchos. Por eso le suplico que lo lea, por más largo o difícil que sea.

Un año nos dicen que una prueba ha demostrado que tomar café dos veces al día evita cierta condición y al año siguiente nos dicen lo contrario. Leemos que tomar ciertos productos combaten tal o cual condición y al año siguiente nos dicen que no son efectivos.

Los medios están llenos de estas cosas: hace poco una presentadora de TV española publicó a los cuatro vientos que el limón curaba el cáncer. ¿De dónde sacó tal cosa? Naturalmente los que tienen algo que ganar o perder se referirán al estudio que les convenga para promover su causa (digamos, vender limones), que en muchas ocasiones es independiente de la salud pública. ¿Cómo procedemos para saber si algo es cierto o no? La respuesta no es difícil: lo ponemos a prueba. ¿Usted asevera tal o cual cosa?: ¡Demuéstrelo, poniéndolo a prueba!

No necesitamos mucha prueba ni albergamos dudas cuando se trata de cosas que son evidentes y para las cuales conocemos lo que ocurre. Poner la mano sobre una hornilla encendida causa quemaduras, cuanto más caliente o más sea el tiempo de contacto, más seria la quemadura y nadie lo duda, la cosa es directa y el efecto contundente. Además, sabemos lo que ocurre; entendemos lo que pasa cuando ponemos un churrasco sobre las brasas.

La cosa se pone menos clara si pretendemos que fumar un cigarro con ciertas hierbas especiales, (la moxibustión), cerca del dedo pequeño del pie de una mujer embarazada, causa que el feto que está presentando “de nalgas” (podálica) cambie a posición “de cabeza” (cefálica). No es chiste, un resultado así ha sido publicado en una revista[2]. Queremos entender cómo es que algunos investigadores pueden concluir tal cosa, o concluir que una persona tiene poderes “paranormales”. No basta con darle el tratamiento a una persona o dos, y constatar que han mejorado, (anécdotas y testimonios que escuchamos a diario, pero que no demuestran nada aunque sean muy persuasivos). No tenemos manera de saber si se hubieran mejorado de todas formas, o si mejoraron por otros factores que se desconocen. Tampoco es suficiente que el “vidente” tenga una racha de aciertos, esas cosas ocurren al azar y sin un cuidadoso análisis estadístico no se puede concluir mucho.

Hay ocasiones en que la ceguera es necesaria para ver las cosas como son. Tiene que ver con el hecho de que en muchas situaciones operan sesgos cognitivos, comenzando con la influencia de nuestras expectativas sobre nuestras cogniciones. Si usted espera que la comida sea muy buena, tenderá a percibirla como muy buena, y también se dará lo contrario.

Por eso es que para muchas pruebas se recurre a la ceguera. En una prueba de distintos vinos, le servimos al catador, pero no le dejamos ver la botella (mejor que ni vea el vino), lo cegamos. Para evitar cualquier indicio, (por medio de lenguaje no verbal involuntario), que pueda influenciar el juicio, cnviene también que el que sirva el vino no sepa cuál es, y así realizamos una prueba doblemente ciega. Para evitar algún sesgo en los catadores les asignamos un vino recurriendo a una lotería, y así realizamos una prueba aleatoria doblemente ciega. Si luego de estos cuidados metodológicos, y asegurándonos que se ha realizado un número razonable de pruebas, encontramos que un vino sale consistentemente mejor catalogado que otro, podremos asumir que realmente hay una diferencia.

En una investigación criminal, a un testigo se le presentan fotografías de posibles sospechosos, o se le presentan varios sospechosos en una alineación para ver si reconoce a alguno(a). En estos casos también es recomendable la ceguera, ya que hay muchas formas verbales y no-verbales en las cuales el investigador, que posiblemente sospeche de alguien en particular, puede influenciar a la víctima. Es preferible que el investigador no sea el que conduzca la entrevista.

El efecto placebo, junto a la remisión espontánea de algunas condiciones, juega un papel muy importante al considerar muchas terapias que en ocasiones parecen funcionar y llevan a la conclusión errónea de que la terapia fue la causa de la mejoría. Es por esto que los estudios experimentales de efectividad de una medicina o terapia deben realizarse como “estudio aleatorizado doblemente ciego con control de placebo” en el cual ni los participantes ni los investigadores saben a cuál grupo pertenecen los participantes.

doble ciego

pruebaEn estos estudios se utilizan dos (o más) grupos, uno de “tratamiento” y otro de “control” cuyos miembros son seleccionados aleatoriamente, escogidos para que sean comparables en todas las características pertinentes (edades, sexo, condición física, salud, etc.), formando dos muestras de una población. Se le administra el tratamiento al grupo de tratamiento y al grupo de control se le administra un placebo que simula el tratamiento, ya sea una píldora de azúcar, una inyección de solución salina, o agujas de acupuntura que no penetran, para así determinar la efectividad de la terapia o medicamento al comparar los resultados para los dos grupos.

La aleatorización al escoger a cuál grupo pertenece un participante es el mejor modo (aunque no es perfecto) de evitar que otros factores (algunos desconocidos) afecten los resultados, ya que se presume que estos factores estarán presentes en cantidades comparables en ambos grupos, siempre que los grupos sean suficientemente numerosos.

Este tipo de ensayo clínico es el que se requiere de la industria farmacéutica por las autoridades que reglamentan las medicinas (en EE.UU. es la FDA, Food and Drug Administration, en Europa la EMA, Agencia Europea de Medicamentos). Se critica cómo estas agencias no son independientes, cómo se realizan estos estudios, cómo los intereses industriales tratan de controlar los resultados y evitar resultados adversos. Pero al menos hay algo. Se conocen casos de actuaciones indebidas por parte de las compañías farmacéuticas, pero se conocen gracias a que investigadores dedicados no se dejaron intimidar[3].

Lo que es difícil de entender es la razón por la cual otros productos, que se mercadean como si fueran medicinas (productos homeopáticos, suplementos nutritivos, vitaminas), que dicen “promover”, “aliviar”, “mejorar”, o “ayudar”, no se someten al mismo examen. Bueno, no es tan difícil de entender: cuando en 1938 el congreso de los EE.UU. promulgó el Federal Food, Drug and Cosmetic Act, que autoriza a la FDA a evaluar la seguridad de alimentos, drogas y cosméticos, el entonces senador por Nueva York, Royal Copeland, médico homeopático, logró relevar de estas exigencias a todos los productos listados en la Homeopathic Pharmacopeia, y así hasta el presente.

Existe una industria paralela a la farmacéutica que está “por la libre”. Vaya a una tienda “naturista” y verá una abundancia de potes con todo tipo de productos que dicen ser buenos para algo, sin que nadie lo haya puesto a prueba. Lo curioso es que pocos protestan por la falta de control y prueba de la eficacia de estos productos, y muchos se tragan las pastillas sin saber lo que se tragan. En el caso de remedios “homeopáticos” ni pruebas hay que hacer, ya que por muy buenas razones no pueden ser efectivos.

Tengo un suplemento a base a hierbas: “Digesplex, formula digestiva*”, que se mercadea como producto para ayudar a la digestión. El asterisco en la etiqueta lleva a un texto en letra chica que dice: “Esto no ha sido evaluado por la FDA. Este producto no es para diagnosticar, tratar, curar, o prevenir una enfermedad.” Es una aclaración obligada para estos suplementos. Pero si el producto “no es para diagnosticar, tratar, curar, o prevenir una enfermedad”, ¿Entonces para que rayos es? Muchos de estos productos se mercadean anunciando que sirven para una larga lista de condiciones. Cuanto más larga la lista más cuestionable el producto. Cuando algo sirve para todo lo más probable es que no sirva para nada.

Paul Offit[4], autor importante en relación al tema dice: “Es necesario enfocar en la calidad de los estudios científicos. Y cuando estos estudios no existen, debemos insistir en que se realicen. Si no, seguiremos engañándonos por terapias cuyos reclamos son ilusorios.

Ante el resultado de una prueba, experimento o encuesta en la cual medimos para dos muestras de una población el valor promedio de la cantidad de interés (colesterol en la sangre, nivel de dolor, acierto de una carta, etc.), la primera pregunta pertinente (aceptando que las muestras fueron obtenidas correctamente) es la siguiente: ¿Cuál es la probabilidad de que el resultado – muchas veces la diferencia entre el valor estimado de un parámetro para un grupo tratado y uno no tratado de control, o un grupo expuesto y uno no expuesto – sea meramente producto del azar?

La pregunta surge dado que dos muestras de una misma población no darán exactamente el mismo resultado, especialmente cuando se trata de grupos de personas que difieren unas de otras en muchas propiedades, y en la forma que responden a tratamientos. Si la probabilidad es alta de que la diferencia observada entre las dos muestras sea producto del azar, entonces no hay nada más que buscar. Pero si la probabilidad es baja, da lugar a pensar que la diferencia puede no ser producto del azar, por lo cual se investigarán los factores que causaron la diferencia y posiblemente se pueda pensar que el tratamiento es la causa de la diferencia observada, o que el sujeto realmente tiene poderes paranormales.

La hipótesis que los resultados no difieren de los esperados al azar, es decir que no hay un efecto, se denomina hipótesis nula (nula en el sentido de ningún efecto o consecuencia) y se escribe H0 (se dice hache sub cero). En un juicio la hipótesis nula es que el acusado es inocente. Luego, la acumulación de evidencia y testimonios se compara con lo esperado si fuera inocente, y puede resultar en un veredicto de culpabilidad “más allá de duda razonable”.

La significancia p de una prueba es la probabilidad de que el resultado tenga al menos el valor obtenido, dado que la hipótesis nula es cierta. Por ejemplo, si H0 es “el medicamento no baja el colesterol” y en la muestra tratada obtengo en promedio un colesterol 10% más bajo, p es la probabilidad de que este resultado se obtenga si el medicamento no baja el colesterol y se trata meramente de un resultado del azar.  Se estipula típicamente (por tradición) p=0,05 (95%) o p=0,01, (99%) con lo cual se quiere decir que en el primer caso la diferencia encontrada (en la estadística de interés) tiene una probabilidad de una en veinte de ocurrir al azar y en el segundo probabilidad de una en cien de ocurrir, si H0 fuera cierta (es decir la diferencia fuera solamente producto del azar). Pero no significa que los datos no pueden ocurrir si H0 es cierta (solamente tienen baja probabilidad), por lo cual no dicen que H0 es falsa.

Suponga que usted quiere examinar si una moneda está equilibrada, y esa es su H0. Realiza una prueba y lanza la moneda 4 veces y obtiene 4 caras. La probabilidad de obtener cuatro caras al azar en una moneda equilibrada es (1/2)4=1/16, es decir que solamente espera este resultado una vez en 16 pruebas (de lanzar la moneda cuatro veces) o en 6% de las veces (p=0,06). ¿Concluye entonces que la moneda no es una moneda equilibrada (rechaza H0)? No tan rápido. Si usted repite la prueba cien veces espera que en seis salgan cuatro caras puramente por azar, y la prueba que usted hizo puede ser una de ellas. En este caso, es posible hacer la prueba 100 veces, y resolver la duda. En los casos de pruebas clínicas no es tan fácil. Sirva esto como cautela al evaluar un resultado estadístico (donde en la mayoría de los casos no se realizan cien ni diez estudios).

Una diferencia estadística significativa entre dos resultados con un nivel de p= 0,05 (nivel aceptado en las ciencias sociales y en medicina) indica lo siguiente: si suponemos que los dos grupos proceden de muestras aleatorias que representan la misma población cuyas propiedades se pueden estimar a partir de las propiedades de las muestras y si suponemos que hemos realizado 100 pruebas con dos grupos de esta misma población, entonces esperaríamos que la diferencia encontrada entre los dos grupos sea igual o mayor que la encontrada en solo 5 de los 100 casos.

En las ciencias físicas se exigen niveles de significancia de 1 en 10000 en vez de 1 en 20 y eso es una gran diferencia. El problema es que 0.05 es muy laxo, especialmente cuando se trata de cosas que son contrarias al conocimiento científico y es la razón de tantos resultados espurios.

Cuando un estudio epidemiológico concluye que tomar una copa de vino al día es bueno para la salud, (resultado de algún estudio en el cual se informó el valor de p, aunque la prensa solamente diga “resultados significativos”), o que la moxibustión es efectiva, lo único que está señalando es que se encontró una diferencia y más nada. No significa que tomar una copa de vino al día causa buena salud, que es como usualmente se reporta y entiende el resultado, o que la moxibustión causa la mejor presentación del feto.

Una diferencia significativa, no quiere decir que la H0, (tomar una copa de vino al día no afecta la salud), sea falsa.  Además, si fuera falsa (es decir que es cierto que los que toman una copa de vino al día son más sanos), puede muy bien ser consecuencia de otros factores que son causas contribuyentes (a su vez relacionadas al tomar vino) que, por ejemplo, podrían estar relacionadas a que los bebedores de vino son en promedio personas de un nivel social distinto y con mejor acceso a servicios de salud.

Un resultado estadísticamente significativo poco dice si no se tiene información adicional, y sirve solamente como punto de partida para realizar más estudios. La situación cambia cuando se obtienen varios resultados similares independientes, y es la razón por la cual los resultados científicos importantes requieren al menos un estudio que confirme los resultados iniciales.

Hay una documentada tendencia, por parte de las revistas científicas a preferir la publicación de resultados positivos, lo cual a su vez causa que muchos resultados negativos ni se manden para publicación, generando lo que se conoce como el “efecto del archivo” (un error de selección). Se prefiere publicar un artículo[5],[6]: Estudio indica la efectividad de X, que un artículo: Estudio indica la inefectividad de X, a menos que X sea algo ya establecido o controversial).

Este efecto conduce a viciar los resultados de meta-estudios o revisiones sistemáticas de la literatura. Como ejemplo extremo suponga que, de 100 estudios, 95 no rechazan H0 y no se publican y 5 que por azar dan resultados estadísticamente significativos (p=0,05) se publican.[7] Puede ver el problema.

El Dr. Ben Goldacre relata en su importante libro[8] que, basado en un estudio clínico de la efectividad de la droga anti depresiva “reboxetine”, la recetó a un paciente. El estudio, realizado con 254 pacientes, había sido publicado en una revista académica. Más tarde, un grupo de investigadores pudo determinar que existían otros seis estudios, totalizando diez veces más pacientes que el estudio positivo, cuyos resultados fueron negativos, pero no fueron publicados. Reboxetine no es efectiva más allá del placebo.

Las pruebas de significancia son particularmente importantes cuando no se entiende o se entiende poco lo que está pasando (ocurre con la evaluación de terapias o medicamentos, las prácticas de agricultura, psicología experimental, ciencias sociales) y es necesario establecer un efecto.

Cada vez que una prueba en el área paranormal ha dado resultados marginalmente positivos, estudios que han buscado replicar los resultados han determinado de que se trata de falsos positivos. Los siguientes criterios adicionales sirven para evaluar la significancia de un resultado y decidir cuándo sería convincente para considerar el rechazo de H0:

  • ¿Cuál es la plausibilidad de H0? Si H0 es algo establecido, entonces se necesitará un valor de p muy pequeño para rechazarla. Consideraremos algo como extraordinario si contradice mucho de lo que sabemos del mundo. El lema es: resultados extraordinarios requieren prueba extraordinaria.
  • ¿Cuáles son las consecuencias de rechazar H0? Si rechazar H0 implica aceptar algo que no tiene un buen fundamento y ni tan siquiera sea plausible (como percepción extra sensorial o moxibustión) entonces es posible que no se deba considerar, y que sea mejor alternativa aceptar que ocurrió algo de baja probabilidad que no necesita explicación (o que hubo fraude o mal diseño experimental).

En resumen: Un resultado con cierto valor alto de significancia (valor de p pequeño) solamente nos permite decir que si la hipótesis nula H0 es cierta (que solamente se trata de lo esperado al azar) entonces ocurrió algo inusual (que tiene una probabilidad p de ocurrir) o acaso que H0 es falsa, pero no prueba más nada. Menos cuando se utiliza un p=0.05 lo cual para muchos estudios no es adecuado.

Aclaremos una cuestión semántica: interpretamos “significante” como “importante” o “grande” pero no son lo mismo. Además de la significancia estadística interesa la magnitud de la diferencia. Un estudio puede resultar en una diferencia significativa (p=0,05) en algo (es decir que probablemente hay una diferencia), y no por eso es una diferencia importante. Una crema para la piel que dice: “Su uso hará que se vea 10 años más joven” implica un efecto importante, mientras que si dijera: “Su uso hará que se vea un mes más joven”, no será de gran interés por más que la prueba que se haya realizado sea estadísticamente significativa (sin entrar en cómo se determinaría “más joven”).

Ante cualquier aserción que diga que tal o cual cosa causa tal o cual otra pregunte: ¿Cómo lo saben?

Aunque en muchos casos no conocemos el mecanismo (por ser multifactorial y complejo) por el cual se produce un efecto (cómo exactamente fumar causa cáncer), o no existe un mecanismo (como en el caso de la moxibustión o la homeopatía), en otros conocemos los mecanismos y nos asombraríamos si no se produjera un efecto (como lo es el caso del calentamiento global por el mecanismo del efecto invernadero). Encontrar un nexo con mecanismos conocidos es la forma más segura de evaluar la importancia del resultado.

Dudar de la realidad del nexo entre el calentamiento global y la emisión de CO2 (establecido por cientos de estudios independientes), no solo es irracional, sino que es estúpido y perverso, (Lo cual no quita que unos cuantos estúpidos y perversos lo nieguen).

Por eso le presento una de las gráficas más terribles del mundo. Son los resultados de la medida del aumento de la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera, medidos en Mauna Loa. Son tan precisos que hasta muestran la oscilación anual por el crecimiento de plantas en el verano de hemisferio norte. Cualquiera que sabe algo de atmósferas planetarias entiende que esto causa el ineludible aumento en su temperatura superficial. La curva roja representa el promedio de la emisión cumulativa anual de CO2 medida de la combustión de combustibles fósiles y la fabricación de cemento. (vea aquí).

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Cuando los resultados de estudios estadísticos van en contra de los intereses de algún grupo (político, religioso, industrial, empresarial), se recurre a “sembrar la duda” por parte de científicos prostituidos, políticos corruptos y relacionistas públicos, buscando o fabricando un resultado contradictorio (por más que sea uno en mil) y enfocando en la incertidumbre que siempre estará presente. En su importante libro “La duda es su producto” David Michaels[9] cita de un documento de 1969 de Brown and Williamson (productores de Kool, Lucky Strike, Pall Mall y Viceroy, entre otros): “La duda es nuestro producto, ya que es la mejor forma de competir con los hechos que existen en la mente del público, Es también la manera de establecer una controversia.

 

[1] Edzard Ernst (2015). A Scientist in Wonderland. Academic

[2] Vas J, Aranda- Regules JM, Modesto M, et al. Acupuncture in medicine: journal of the British Medical Acupuncture Society. 2013;31(1):31-8.

[3] Ben Goldacre (2012). Bad Pharma: How Drug Companies Mislead Doctors and Harm Patients.  Faber and Faber.

[4] Paul A. Offit (2013). Do you believe in Magic? The Sense and Nonsense of Alternative Medicine. Harper.

[5] TED. Ben Goldacre http://www.ted.com/talks/ben_goldacre_battling_bad_science?language=en.

[6]http://www.ted.com/talks/ben_goldacre_what_doctors_don_t_know_about_the_drugs_they_prescribe.

[7] Robert Rosenthal (May 1979). “The file drawer problem and tolerance for null results”. Psychological Bulletin 86 (3): 638–641.

[8] Ben Goldacre (2013). Bad Pharma: How Drug Companies Mislead Doctors and Harm Patients. Faber and Faber. pág. 6.

[9] David Michaels (2008). Doubt is their Product. Oxford University Press. pág.11.